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No tan milagro

Por El Ancasti3 min de lectura
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No tan milagro
No tan milagro · Foto: El Ancasti

El "Día del Milagro" se celebró este año a la sombra de dos terribles terremotos que estragaron Venezuela y Colombia. La profundidad de la devoción por la Virgen del Valle que caracteriza a Catamarca impide circunscribir los actos en memoria del sismo de hace 22 años a liturgias colectivas u oraciones particulares: demanda también que el día sea feriado, no vaya a ser que la divinidad se ofenda si le agradecen en horarios que no sean laborales.

La fe en la Morena tampoco se limita a su gracia protectora, sino que se extiende a su infinita paciencia. Indudablemente ha de evaluar con perplejidad que a sus hijos les cueste tanto internalizar aquello de a Dios rogando y con el mazo dando, más aún cuando el sufrimiento de venezolanos y colombianos está tan próximo e incluso los ha inducido a colectas solidarias.

La magnitud de los encomios religiosos contrasta con la indolencia en materia preventiva. La confianza en que la Virgen salvará las papas en caso de otros movimientos telúricos es tal, que ha llevado a la conclusión de que no hace falta nada más. Capacitaciones, charlas de concientización, simulacros… supercherías superfluas, supersticiones de tecnócratas herejes cuando se cuenta con la garantía mariana.

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Como el miedo no es zonso, en los meses posteriores al sacudón del 7 de septiembre de 2004 las autoridades dispusieron medidas para concientizar y capacitar a la población sobre cómo actuar ante un sismo. Estas acciones incluyeron no solo charlas de concientización en escuelas y organismos públicos, sino también la realización de simulacros, el establecimiento de protocolos de acción y la preparación de los edificios para una rápida evacuación, con salidas de emergencia, señalización de pasillos y demarcación de espacios seguros en el exterior de los edificios, entre otros razonables cuidados.

Ese mismo septiembre, la Provincia se adhirió al Programa Nacional de Educación para la Prevención Sísmica. El tiempo y la ausencia de nuevos sismos significativos fueron aflojando prevenciones hasta prácticamente hacerlas desaparecer.

13 años después del susto, el por entonces senador Oscar Alfredo Vera advirtió que tal desidia podía resultar peligrosa y promovió la sacralización del 7 de septiembre como "Día del Milagro", cosa de que la Virgen del Valle no olvidara, ocupada como está en satisfacer pedidos de toda índole, que por ahí se le requirieran nuevas intercesiones tendientes a solventar las humanas imprevisiones.

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El imperdonable olvido se enmendó en noviembre de 2017, con la sanción de la ley. Naturalmente, la conmemoración se coordina con el Obispado, celoso custodio de los peajes celestiales. Hubo que modificar el artículo 2° de la Ley Provincial N° 4553 para sumar la jornada milagrosa a los feriados catamarqueños con fecha inamovible del 11 de mayo (Natalicio de Fray Mamerto Esquiú), 25 de agosto (Autonomía de Catamarca) y 8 de diciembre (Inmaculada Concepción)".

Vera, los legisladores que sancionaron la norma, el Gobierno que la promulgó excluyeron una muerte que se produjo como consecuencia del sismo, para no mellar la milagrosidad del día ni, sobre todo, herir susceptibilidades del Obispado.

Poco más de un año después del sismo, el 6 de diciembre de 2005, en vísperas de la Procesión, un vitral se desprendió de la cúpula de la Catedral y cayó sobre dos mujeres que estaban rezando. María Cecilia Andrada murió en el acto y María Antonia Varas sufrió graves heridas.

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La mampostería que sostenía el vitral se había aflojado en el terremoto y el Obispado no había hecho nada para componerla, tal vez a la espera de que el Estado terreno se encargara de financiar los trabajos de albañilería.

En 2024 -19 años después del episodio-, la Corte Suprema de Justicia de la Nación confirmó la condena al Estado nacional y al Obispado de Catamarca en la demanda por daños y perjuicios que les había interpuesto el hijo de Cecilia Andrada, que para entonces ya había muerto. n

Fuente: El Ancasti

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