Novecientos kilómetros de ruta, un Fiat 1500 y el legado de Pastilandia: la historia del clan que marcó a fuego la cocina neuquina
Hilario y Carlos Brito del Pino cambiaron la costa atlántica por el desierto patagónico en 1974. Pensaban quedarse unos años y se volvieron historia neuquina al abrir un templo de buen comer en la calle Félix San Martín: la trastienda íntima de 27 años dorados de la gastronomía local.

Hilario y Carlos Brito del Pino cambiaron la costa atlántica por el desierto patagónico en 1974. Pensaban quedarse unos años y se volvieron historia neuquina al abrir un templo de buen comer en la calle Félix San Martín: la trastienda íntima de 27 años dorados de la gastronomía local.
Un Fiat 1500 les sirvió para recorrer más de 900 kilómetros y abrirse paso hacia esta parte de la Patagonia. Era una ciudad que desconocían por completo, que los desafiaba con la incertidumbre del trabajo y que los convocaba a través de aquel llamado del tío Alberto, quien prometía un porvenir mejor. Así fue como Hilario Brito del Pino y su hijo, Carlos, arribaron desde Mar del Plata un 23 de agosto de 1974.
La gastronomía era un oficio que padre e hijo respiraban desde siempre. Y ese mismo rubro marcaría su destino en estas tierras, aunque por entonces ni imaginaban que terminarían convirtiéndose en un pedazo indiscutido de la historia culinaria de Neuquén.
También te puede interesar: Arquitectos de Argentina podrán ejercer en Brasil sin revalidar el título
Es que Pastilandia fue, durante 27 años, uno de los reductos por excelencia del buen comer y la atención esmerada. Desde la década del 80, generaciones de neuquinos e históricas familias convirtieron ese restaurante de la calle Félix San Martín en su segunda casa. Ir a Pastilandia era, al mismo tiempo, un placer y un lujo cotidiano.
"Vinimos por mi tío Alberto, que trabajaba de mozo en el casino -en esa época provincial- que se encontraba en el aeropuerto", repasa Carlos, que por entonces tenía apenas 17 años.
"Nos contó que había un restaurante que se vendía o se alquilaba. '¿No quieren venir para Neuquén? Está lindo', nos dijo", agrega. Aquel local era El Colihue, ubicado sobre la calle San Luis. En la esquina, frente a la calle Planas, funcionaba por entonces la parada de la empresa de colectivos El Petróleo.
También te puede interesar: Irresponsabilidad sobre ruedas: el peligroso 'willy' en pareja en un tramo de la Av. Libertador
Para Carlos, la cocina ya era una escuela de fuego. "En esa época yo ya trabajaba de lavacopas en un restaurante que quedaba enfrente al casino de Mar del Plata. ¡Novecientos cubiertos por día hacía el local! Una locura, imagínate. Entraba a trabajar a las cinco de la tarde y salía a las cinco de la mañana. Tenía 15 años", rememoró con nostalgia.
"En realidad, comencé a los 12 en un restaurante que se llamaba La Hulla, donde me vestían de gaucho. Ahí lo conocí a Ringo Bonavena -el boxeador de peso pesado que enfrentó a Muhammad Ali-, que andaba en un Mercedes-Benz blanco. De propina me dejó como veinte mil mangos de los de ahora. Una verdadera fortuna", acotó entre risas.
Por su parte, Hilario traía las manos curtidas por el calor de las hornallas: desde los veinte años había transitado varias cocinas de La Feliz. "Trabajó en varios restaurantes y generalmente lo contrataban durante las temporadas de verano en Pinamar y Villa Gesell", cuenta su hijo.
También te puede interesar: La nueva etapa de la IA
"En tres meses ganabas lo que podrías llegar a juntar en todo un año en Mar del Plata", recuerda.
Carlos imaginaba que su paso por el sur sería efímero, una escala de cuatro o cinco años a lo sumo. Sin embargo, sus cálculos fallaron por completo. "Al final, el restaurante fue un golazo", resume hoy, quien lleva 52 años arraigado en esta parte del sur.
"Mi papá cocinaba muy bien. Hacía mondongos a la española, pucheros, guisos increíbles, unas milanesas gigantes, ese tipo de platos. Mi viejo tenía muy buena mano para las pastas. Las lasagnas que hacía eran exquisitas", sostuvo Carlos.
También te puede interesar: Paula Chaves le dió un ultimátum a Pedro Alfonso para no separarse: "Me metió presión"
Por sus mesas desfilaba el pulso laborioso de aquellos años fundacionales: "Trabajábamos mucho con gente de Gas del Estado, petroleros, comerciantes y muchos viajantes que se quedaban a hacer noche en Neuquén. Estaban los empleados del casino que ganaban muy bien. Eran los que más gastaban".
Cuando padre e hijo llegaron a instalarse, el primer refugio fue el Hotel Parque, situado muy cerca de lo que hoy es el clásico Jimmy Bar (Avenida Olascoaga 269). "Estuvimos más de un mes y después alquilamos. Primero fuimos a un tipo de conventillo en la calle Bahía Blanca al 800. Después, a Santa Fe y Pinar. Por entonces, por la zona no había nada", explica.
Venirse de una ciudad atlántica, con el pulso constante de Mar del Plata, para recalar en un Neuquén de ríos caudalosos y bardas desérticas fue para Carlos una auténtica odisea. "Fue un cambio muy abrupto para la edad que tenía (17). Lo que siempre recuerdo es que, habiendo llegado en agosto, recién volvimos a ver llover en abril del año siguiente. El asfalto llegaba hasta el Monumento a San Martín y el Hotel Comahue; después, apenas hasta Laínez y Tierra del Fuego", rememora.
También te puede interesar: Semana de ensueño: "Manu" La Serna viaja a Neuquén con el equipo argentino de Copa Davis
"Los días de viento hacían levantar una tierra terrible… Los parabrisas de los autos aparecían picados y los cardos rusos rodaban por las calles. Pero nos adaptamos. Además, el restaurante funcionaba muy bien", agrega.
En 1977, los Brito del Pino redoblaron la apuesta sin dejar El Colihue. En la calle J. J. Lastra 68 abrieron las puertas de la parrilla Hilario. "Antes se llamaba Ruta El Chocón. En la parrilla estuvimos hasta 1980; duró tres años porque no nos quisieron renovar el contrato", relató Carlos.
"Al ver que laburábamos bien y que el local estaba renovado, los dueños de la propiedad se quedaron con la parrilla ya armada. Habrán trabajado un año más o un poco más, y cerraron", acota con cierta picardía.
Ante aquel revés se abrió un nuevo desafío. Lejos de bajar los brazos, empezó a gestarse el gran proyecto definitivo: Pastilandia. "Alquilamos el local donde antes funcionaba Estadística y Censo. La calle Félix San Martín era de tierra", dice Carlitos, como lo llamaban cariñosamente los íntimos. Durante dos meses el inmobiliario de la familia Costa fue renovado para adaptarlo al restaurante.
"No había asfalto. Había un canal enfrente y, cuando llovía, se inundaba todo. La Ruta 22 era pequeña; recién en 1990 se construyó y comenzó a habilitarse la multitrocha, en la gobernación de Jorge Sobisch".
Entre 1980 y 1984, Hilario codo a codo con su hijo comandaron Pastilandia. Por entonces, Carlos le compró su parte para iniciar una nueva etapa junto a Valeria, quien más tarde sería la madre de su hija, Ailín.
Tras su salida del histórico local de la calle Félix San Martín, Hilario no se detuvo: le compró el fondo de comercio al dueño de la pizzería La Boca -funcionaba sobre la calle Alberdi, entre Santa Fe y Córdoba- y abrió un restaurante de dimensiones más reducidas. Tiempo después, seguiría apostando a su vocación con un nuevo negocio: La Covacha, que tuvo su lugar en la esquina de Alderete y diagonal España.
"En gastronomía hay cuatro cosas fundamentales: buen precio, buena atención, buena comida y la limpieza. Si lográs todo eso, te asegurás el éxito", afirma. Y vaya si lo aplicó.
En esta nueva etapa consolidada, la carta de Pastilandia se amplió para tentar a propios y extraños con mariscos, pescados, una parrillada de primera y tablas imponentes de quesos y fiambres. "Trabajábamos muchísimo. Era un salón para 85 o 90 personas y, a partir del viernes, la gente hacía cola para ingresar. Había una onda hermosa con el público, al punto de que empezaron a conocerme como Carlospasti", recuerda Carlos.
Por entonces, el mapa gastronómico de la ciudad tenía nombres propios que hoy son postales de época: El Cortijo, Bariloche, la parrilla El Trébol, Domino y Serafín. Si algo tenía Pastilandia era meterse el corazón familiar de los neuquinos, especialmente los domingos.
"Antes la familia podía salir todos los fines de semana. Por Pastilandia pasaron generaciones enteras: primero recibimos a los papás, después empezaron a venir los hijos y más tarde los nietos. Fueron veintisiete años ininterrumpidos en los que servíamos unos tres mil cubiertos por mes", destaca con orgullo.
Las turbulencias fueron pocas. La única vez que el restaurante sintió un leve bajón en los números fue con la irrupción del patio de comidas de Andresito: "Era un sistema nuevo y muy barato". La llegada de la parrilla La Estancia con su modalidad de tenedor libre también hizo lo suyo. "Nos afectó un par de años, nada más", aclara.
Cuatro mozos, un encargado de barra y seis personas en la cocina conformaban el equipo con el que Carlos sostenía el ritmo vertiginoso. Pero el verdadero templo del lugar era la cocina misma. "Fue la primera a la vista en Neuquén. Los azulejos llegaban hasta el techo, brillaba de impecable. Los cocineros usaban sus gorros altos y blancos; por entonces ni siquiera estaba instalada la figura del chef", explica.
"La gente siempre se arrimaba a ver cómo se cocinaba. Era un gran atractivo porque, por lo general, las cocinas de los restaurantes están escondidas, y algunas solían ser terribles".
El cuidado era tal que, cuando los inspectores de bromatología realizaron la habilitación, sacaron fotos de todo el sector y las exhibieron como modelo a seguir en su propia sede de la calle Buenos Aires. "En Pastilandia se baldeaba todo dos veces por día. Y cada dos o tres años, Valeria (su pareja) renovaba la decoración. Fue ella quien ideó una arcada de madera hermosa que se convirtió en el distintivo visual del lugar".
Por las mesas de Pastilandia desfiló la historia grande del deporte nacional. Cuando el plantel de Boca Juniors llegó a la región para enfrentar a un equipo neuquino, los jugadores eligieron el restaurante como su búnker. Carlos guarda una joya en su archivo de anécdotas: "Habían venido a jugar contra Alianza de Cutral Co. Lo que más recuerdo es que el Loco Gatti -histórico arquero- se pidió ocho huevos fritos".
A eso se sumó la época dorada del básquetbol del club Independiente en los ochenta y noventa, cuando el equipo brillaba en la máxima categoría nacional. Dos basquetbolistas estadounidenses y las grandes figuras del plantel hicieron de Pastilandia su segundo hogar.
"Iban todos porque habíamos hecho un convenio con el club. Pasaban por ahí Oroño, Esteban de la Fuente, (Marcelo) Richotti, Jim Ratliff, Melvin Johnson… Los americanos terminaban los entrenamientos y le entraban a todo lo que había en la cocina. Se bajaban tranquilamente unas seis Coca-Cola", detalla entre risas.
"La gastronomía es muy hermosa, pero no tiene sábados, domingos ni feriados. Mientras la mayoría de la gente está disfrutando, vos estás laburando. Pero te apasiona", reflexiona Carlos. "Arrancaba a las ocho con las compras y había días en que seguía hasta la una de la madrugada. Prácticamente era así todos los días; solo tenías tiempo para ir a pegarte un baño y volver a empezar".
Pastilandia parecía una institución eterna, sostenida por la fidelidad inquebrantable de su público. Sin embargo, el crecimiento profesional y las nuevas demandas terminaron por acelerar el final del ciclo en el local de la calle Félix San Martín 243.
"Ya sumábamos 27 años de trayectoria y habíamos tomado el servicio de alimentación de la Maternidad de Rincón de los Sauces. También estábamos en la clínica CEMIC -lleva 29 años ahí- y en el policlínico ADOS. La demanda de tiempo era inmensa y decidimos poner en venta el restaurante". Por si fuera poco, en ese mismo periodo Carlos y Valeria fueron parte del nacimiento de Margarita, el recordado café bar de la esquina de Carlos H. Rodríguez y Avenida Argentina. "Era muchísimo: entre todo manejábamos unos cuarenta empleados. Llega un momento en que la cabeza y el cuerpo simplemente dicen basta".
Hasta el día de hoy, cada vez que Carlos cruza a un viejo cliente por la calle, la pregunta se repite como un latiguillo ineludible: "¿Cuándo van a volver?".
"Hice muchísimos amigos y pasó por ahí gente inolvidable. El cierre de Pastilandia me produjo una depresión; el restaurante era como un hijo para mí. Yo no sabía lo que era acostarse antes de las dos de la mañana. Después de un mes, recién entendí que había otra vida", confiesa.
Sin embargo, los legados verdaderos nunca mueren del todo. Ailín, su hija, creció correteando entre las mesas y jugando a agarrar migas de pan, hoy, abogada, es la principal promotora de lo que puede ser un renacimiento. "Me dice todo el tiempo: 'Tenemos que abrir algo'", revela Carlos. Las charlas entre padre e hija están siempre latentes y, con la chispa intacta, ya empieza a mirar de reojo algunos locales. Quizás solo hay que esperar el momento adecuado en que la memoria se vuelve futuro, para volver a encender el fuego y sentarnos, una vez más, a la mesa de Pastilandia.
Te puede interesar...
Migue Granados abrió su panchería con salchichas importadas de EEUU y estilo vintage: cuánto cuesta cada combo
Torta invertida de banana fácil, húmeda y rápida: el paso a paso de esta receta irresistible
Llegó a Neuquén sin nada y pidió una carpa para dormir en la calle: dos años después abre su propia rotisería
Confluencia de Sabores, este finde en la ciudad de Neuquén: "Toda esta movida vuelve a los locales"
La maestra y bailarina neuquina que vive en Europa y volvió con un libro de relatos imposibles de violencias reales
TAGS
Noticias relacionadas
Llegó a Neuquén sin nada y pidió una carpa para dormir en la calle: dos años después abre su propia rotisería
Confluencia de Sabores, este finde en la ciudad de Neuquén: "Toda esta movida vuelve a los locales"
La maestra y bailarina neuquina que vive en Europa y volvió con un libro de relatos imposibles de violencias reales
"La sangre clama": segunda parte de las historias del crimen de Neuquén
NEUQUÉN
Azul Curioso
Neuquén celebra sus 122 años: ¿Qué significa la ciudad para los neuquinos y por qué la elijen para vivir?
Quería comer embutidos artesanales, los fabricó y hoy busca llevarlos desde San Martín de los Andes al mundo
CALF y el Polo Tecnológico avanzan con la instalación de paneles solares
Un impulso para las infancias: Mariano Moreno inauguró el nuevo complejo de juegos de la Plaza Racedo
La Feria del Libro de Neuquén busca revitalizar la lectura con ejemplares desde 2 mil pesos: todos los precios
POLICIALES
Negro
Emotivo rescate de un perro galgo atrapado en una isla en el río Limay
Conmoción por un cuerpo calcinado en la meseta: qué se sabe de su identidad y la investigación
Conmoción por el hallazgo de un cuerpo calcinado en la meseta
Vuelco fatal en Ruta 237: cómo ocurrió el accidente en el que murió una joven mujer de 30 años
Vuelco fatal en Ruta 237 muy cerca de El Chocón: murió una mujer
MUNDO
Violeta
Misterio: ganó una de las carreras más duras la Patagonia y desapareció mientras entrenaba
A 25 años de los atentados del 11S: qué se sabe del único terrorista de alto mando de Al Qaeda que está vivo
Impactante video: un turista murió al lanzarse de un parapente a 6 mil metros de altura
Viajó tres días con los cadáveres de su esposa y su hija en el auto: así cayó un exmilitar en la ruta
Un CD de Mariah Carey le salvó la vida en las Torres Gemelas: el increíble testimonio de una sobreviviente
CIENCIA Y VIDA
Amarillo Pastel
Horóscopo del domingo 13 de septiembre: las predicciones signo por signo
ChatGPT te lee: cómo el FBI se enteró del caso del adolescente de Quilmes
El CEO de Anthropic pidió frenar el desarrollo de la IA y Altman y Musk le dijeron que sí
"Desaparecer 48 horas": el perverso reto viral que vuelve a encender las alarmas en las familias
Estos son los 10 trabajos que la Inteligencia Artificial (IA) todavía no logró sustituir: ¿tu empleo está a salvo?
Fuente: LM Neuquén
- #provinciales
- #novecientos
- #kilometros
- #ruta
- #fiat
- #1500
- #legado
- #pastilandia
- #historia
- #del
- #clan
- #que
- #marco
- #fuego
- #cocina
- #neuquina
- #n1253158
- #neuquén

