Olga, la mamá de siete hijos que encontró en la Difunta Correa mucho más que un lugar para vivir
Tiene 45 años y vive en Vallecito, donde su puesto es el sustento de su familia. Creyente y orgullosa de la comunidad que la vio crecer, trabaja los fines de semana y feriados en uno de los sitios de peregrinación más emblemáticos de la provincia

A Olga Marín le gusta la tranquilidad de Vallecito, Difunta Correa; la posibilidad de dejar la bicicleta afuera de su casa sin temor a que alguien se la lleve y la confianza de poder dormir con las puertas abiertas. En este rincón sanjuanino, a unos 35 kilómetros de Caucete, siente que todavía es posible vivir sin apuros, rodeada de vecinos que se conocen, se cuidan y están dispuestos a dar una mano cuando hace falta. Pero hay algo más que la une a este lugar: aquí encontró la manera de sostener a sus siete hijos y construir su vida.
Tiene 45 años, vive en la Difunta Correa desde que era niña y es mamá soltera. Aldana, Carlos, Rodrigo, Lautaro, Julieta, Juan Cruz y Giovanni son el centro de su mundo. También disfruta de sus dos nietos, que agrandan una familia a la que debe acompañar con el esfuerzo de todos los días. Para hacerlo, cuenta con un puesto de venta de productos artesanales en la plaza del Promesante, un espacio que desde hace un año les abrió las puertas a 15 emprendedoras de la comunidad.
El puesto es su único sustento. Olga llega temprano, alrededor de las ocho de la mañana, y permanece hasta las siete u ocho de la tarde cuando le toca trabajar. Sin embargo, no abre todos los días: junto con sus compañeras, atiende los sábados, domingos y feriados, las jornadas en las que se concentra buena parte del movimiento turístico y religioso. Cada día de trabajo representa una oportunidad para llevar algo a casa y responder a las necesidades de sus hijos.
"Me gusta mucho aquí. Vivo con vecinos y gente muy buena, que somos todos unidos, que cuando te tienen que dar una mano están", cuenta Olga, que habla de Vallecito con cariño. "Es muy lindo, se siente mucha paz"
En un pueblo de alrededor de 500 habitantes, esa forma de vivir todavía tiene un valor especial. Olga destaca que puede dejar sus cosas afuera o descansar con las puertas abiertas sin vivir pendiente de lo que pueda pasar. La tranquilidad, la vida sana y la solidaridad entre los vecinos son parte de una identidad que convive con el crecimiento de un destino que recibe visitantes durante todo el año.
La Difunta Correa es, para ella, mucho más que un lugar turístico. También es un sitio de fe. A diario llegan personas que buscan agradecer, cumplir promesas o dejar una ofrenda a la mujer que se convirtió en una de las figuras de devoción popular más reconocidas de San Juan. Entre las ofrendas aparecen patentes de autos y motos, casitas y otros objetos que representan los deseos cumplidos de quienes aseguran haber recibido un milagro. Olga conoce ese movimiento desde siempre y también participa de esa devoción.
"En Difunta Correa todo el año recibimos fieles que vienen a cumplir sus promesas", explica. Hay quienes llegan para agradecer por haber conseguido una casa propia, por un vehículo o por alguna situación difícil que pudieron superar. Cada ofrenda cuenta una historia personal y se suma a las miles que dan forma a este santuario.
Aunque la actividad se mantiene durante los 12 meses, hay fechas en las que el pueblo cambia de ritmo. Semana Santa, en abril, es uno de los momentos de mayor concurrencia, cuando los fieles se preparan para visitar a la Difunta Correa y los comerciantes trabajan para recibirlos.
También se celebra el Día del Promesante, en mayo, mientras que en febrero se realiza la Doble Difunta Correa, una competencia que convoca a ciclistas. A lo largo del año, la fundación organiza caminatas, degustaciones y otras propuestas para quienes llegan a conocer el lugar.
Noviembre tiene, además, dos jornadas muy especiales. Los días 13 y 14 se celebra el Día del Camionero, una fecha que reúne a más de un centenar de camiones que llegan para agradecer a la Difuntita. Según cuenta Olga, los camioneros estuvieron entre los primeros fieles y tuvieron un papel importante en la difusión de la devoción. La celebración se convirtió en una tradición que convoca a transportistas de distintos puntos del país y también del exterior.
Cada año, la Fundación Difunta Correa organiza una gran fiesta a la que llegan camiones de diferentes provincias argentinas y de países como Chile, Brasil, México y Estados Unidos. La música y los artistas invitados acompañan una celebración que combina fe, agradecimiento y encuentro. Para quienes viven allí, estas fechas representan también una oportunidad de trabajo, porque el aumento de visitantes se traduce en más movimiento para los puestos y los servicios del pueblo.
El verano suele ser la temporada más favorable para las ventas, ya que muchas familias aprovechan las vacaciones para viajar y conocer distintos destinos. El invierno también trae visitantes, especialmente durante el receso escolar. Los sábados, domingos y feriados son, en cualquier caso, las jornadas centrales para Olga y sus compañeras, que organizan su rutina alrededor de esos días.
La posibilidad de instalar los puestos en la plaza del Promesante significó una oportunidad concreta para las mujeres de Vallecito. Olga agradece al administrador, Iván Kadi, por haber permitido que las 15 vendedoras fueran habitantes del propio pueblo. Para ella, trabajar allí es una manera de ganarse la vida sin tener que alejarse de la comunidad en la que crecieron sus hijos y en la que transcurre buena parte de su historia.
"Hace un año se implementó tener en la plaza del Promesante locales donde nos permiten vender nuestros productos artesanales. Somos 15 vendedoras que, gracias a nuestro administrador Iván Kadi, estamos trabajando en este lugar y que haya permitido que todas seamos de aquí del pueblo", relata.
Mientras tanto, Vallecito atraviesa una etapa de crecimiento. La actividad turística se volvió cada vez más importante y a los servicios gastronómicos y las ceremonias religiosas se suman distintas obras destinadas a mejorar la vida de los habitantes y la atención de quienes llegan de visita. Entre los proyectos que menciona Olga están un minihospital, una comisaría y un estadio para actividades deportivas, además de otras construcciones que buscan acompañar el desarrollo de la comunidad.
En medio de esos cambios, ella conserva el apego por las costumbres sencillas que marcaron su infancia. Le gusta el clima, el paisaje de cerros que rodea el pueblo y, sobre todo, la posibilidad de vivir en un lugar donde la solidaridad todavía forma parte de la rutina. No necesita grandes explicaciones para describir lo que siente: habla de tranquilidad, de vecinos que se ayudan y de una vida que, pese a las dificultades, le permite estar cerca de los suyos.
A sus 45 años, Olga conoce el peso de la responsabilidad de criar sola a siete hijos y sabe que cada jornada de trabajo cuenta. Su puesto no es solamente un espacio de venta: es la herramienta con la que busca sostener a su familia y seguir adelante. Por eso valora la oportunidad que recibieron ella y las otras mujeres del pueblo.
"Me levanto temprano, a las ocho, voy a abrir mi local y me quedo hasta las siete u ocho de la tarde porque tengo que llevar el sustento a casa, ya que soy mamá soltera y tengo siete chicos. Pero agradezco a las personas que nos dieron la oportunidad de trabajar aquí en la Difunta Correa", dice.
En Vallecito, donde la fe mueve a miles de peregrinos y el paisaje de cerros acompaña la vida cotidiana, Olga encontró su lugar. Allí creció, formó su familia y construyó una manera de ganarse la vida. Cada fin de semana vuelve a levantar la persiana de su puesto con la misma responsabilidad de siempre: llevar el sustento a casa y seguir apostando por el pueblo que siente propio.
La Difunta Correa, una nueva ciudad: la increíble transformación del santuario
La Difunta Correa, una nueva ciudad: la increíble transformación del santuario
Fuente: Tiempo de San Juan
- #sociedad
- #olga
- #mama
- #siete
- #hijos
- #que
- #encontro
- #difunta
- #correa
- #mucho
- #mas
- #lugar
- #para
- #vivir_1792791655
- #san juan


