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Ortiz de Zárate, el beato jujeño

En la Solemnidad de Todos los Santos, recordamos a Pedro Ortiz de Zárate, el vicario de la ciudad que dejó su fortuna y su cargo para evangelizar el Chaco.

Por El Tribuno de Jujuy6 min de lectura
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Ortiz de Zárate, el beato jujeño
Ortiz de Zárate, el beato jujeño · Foto: El Tribuno de Jujuy

Este 1 de noviembre la Iglesia celebra la Solemnidad de Todos los Santos. En ese marco, la historia jujeña recupera la figura del presbítero Pedro Ortiz de Zárate, uno de los dos Mártires del Zenta y el primer mártir argentino elevado a los altares junto a Solinas.

Un hombre de familia fundadora

Ortiz de Zárate nació en San Salvador de Jujuy en 1622. Era nieto del Dr. Pedro de Zárate, a quien se atribuyen los primeros intentos de fundación en el valle de Jujuy. Su padre, Juan Ochoa de Zárate, llegó a general y fue la figura más importante después del fundador, Francisco de Argañaráz y Murguía. Su madre, Bartolina de Garnica, era santiagueña y descendía de los primeros conquistadores del Tucumán.

Desde niño mostró una devoción especial por la Virgen. Estudió con los jesuitas, donde aprendió latín. Perdió a su madre a los 11 años y a su padre a los 15. Su talento lo llevó a ser Alcalde Ordinario del Cabildo y a los 22 años se casó con Petronila de Ibarra.

De la tragedia a la vocación

Aquellos años fueron duros para Jujuy, con temblores, pestes e invasiones indígenas. A los nueve años de matrimonio, Ortiz de Zárate perdió a su esposa en un derrumbe. Algunas versiones lo atribuyen a la torre de la vieja catedral. Cuando dejó a sus dos hijos bien encaminados, decidió hacerse sacerdote. Se ordenó en 1675, según recuerdan medios locales, y sus propios comprovincianos pidieron que fuera cura y vicario de Jujuy. Ocupó ese cargo durante 24 años.

Como párroco gastó su fortuna en ayudar a los pobres, a los indígenas y a los clérigos necesitados, y edificó dos iglesias y varias capillas. Fue también juez eclesiástico, comisario y visitador de la diócesis del Tucumán. Renunció a esos cargos para dedicarse a la evangelización del Chaco.

La misión y el martirio

Con el permiso obtenido, partió hacia el Chaco con los jesuitas Diego Ruiz y Juan Antonio Solinas y unas 80 personas. Fundaron el Fuerte y la capilla de San Rafael, en la confluencia de los ríos de Jujuy y Tarija, y allí predicaron entre los pueblos originarios, expuestos a peligros y privaciones.

Según las fuentes oficiales de la Iglesia, el martirio ocurrió el 27 de octubre de 1683 en el Valle del Zenta, en la capilla de Santa María, cerca de la actual Pichanal, Salta. Ortiz de Zárate y Solinas fueron asesinados por la fe mientras esperaban que el padre Ruiz volviera de Salta con refuerzos. También murieron 18 laicos que los acompañaban, entre ellos algunos indígenas. Los restos de Ortiz de Zárate fueron trasladados a Jujuy y sepultados en la Iglesia Matriz, hoy Catedral. Los de Solinas fueron llevados a Salta.

El libro parroquial de entonces, citado en la biografía, registra su entierro "del lado del Evangelio del Altar Mayor", como cura, rector, vicario y juez eclesiástico de la ciudad. Ese documento menciona el año 1684, mientras que las fuentes oficiales actuales fijan el martirio en 1683.

El camino a los altares

El 13 de octubre de 2021, la Santa Sede publicó el decreto por el cual el papa Francisco reconoció el martirio de ambos sacerdotes. La beatificación se realizó el 2 de julio de 2022 en el Parque de la Familia de San Ramón de la Nueva Orán, Salta. La ceremonia fue presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos y enviado del Papa. Contó con la presencia de decenas de obispos y miles de fieles, y en ella se leyó la carta apostólica y se descubrió la imagen oficial de los nuevos beatos.

Con ellos, la Argentina sumó 16 beatos. Su fecha litúrgica es el 27 de octubre, día del martirio. Al día siguiente de la beatificación, la Catedral de San Salvador de Jujuy celebró una misa de acción de gracias. En el templo se dispuso un altar con la imagen bendecida de Ortiz de Zárate, en el mismo lugar donde desplegó gran parte de su tarea.

Beato y santo: ¿cuál es la diferencia?

Ambos títulos son reconocimientos oficiales de la Iglesia Católica. Declaran que una persona vivió las virtudes cristianas de modo ejemplar y que goza de la presencia de Dios. Se diferencian en el alcance del culto y en el acto con que se proclaman.

Beato: la beatificación autoriza el culto público de manera limitada, generalmente en una diócesis, una región, un país o una congregación religiosa. Se propone a la persona como ejemplo y como intercesora para una comunidad concreta. La ceremonia suele estar presidida por un representante del Papa, como ocurrió en Orán con el cardenal Semeraro.

Santo: la canonización extiende el culto a toda la Iglesia universal. La persona pasa a formar parte del calendario litúrgico general, puede ser nombre de parroquias y diócesis en cualquier lugar del mundo, y la declaración la hace el propio Papa mediante un acto solemne.

Los pasos hacia la santidad

El proceso está regulado por el derecho de la Iglesia y lo coordina el Dicasterio para las Causas de los Santos, en el Vaticano. En términos generales, sigue estas etapas:

Fase diocesana e inicio de la causa. Pasados cinco años de la muerte, aunque la Santa Sede puede dispensar de ese plazo, el obispo del lugar, con el visto bueno de Roma, abre la investigación. Se reúnen testimonios, escritos y documentos sobre la vida de la persona, y desde ese momento se la llama Siervo de Dios.

Fase romana. Los expedientes se envían al Dicasterio, donde se elabora la Positio, un documento que reúne las pruebas sobre las virtudes heroicas o sobre el martirio. Teólogos y luego cardenales y obispos la estudian.

Declaración de virtudes heroicas. Si el Papa aprueba, la persona es declarada Venerable.

Beatificación. Para los no mártires se requiere un milagro, comprobado y atribuido a su intercesión, que suele ser una curación inexplicable para la ciencia. Para los mártires, es decir quienes murieron por odio a la fe, basta con que el Papa reconozca el martirio, sin necesidad de milagro. Ese fue el caso de Ortiz de Zárate y Solinas. Con la beatificación, la persona es declarada Beato.

Canonización. Se necesita un nuevo milagro atribuido al beato, ocurrido después de su beatificación. Esto rige también para los mártires. Una vez comprobado, el Papa proclama Santo a la persona, en un rito solemne.

En el caso de los Mártires del Zenta, el martirio ya fue reconocido y se cumplió el paso de la beatificación. Para una eventual canonización haría falta que se verifique un milagro por su intercesión, en los términos que establece el procedimiento vigente.

Un mensaje para Todos los Santos

La Iglesia recuerda en esta fecha a los santos conocidos y anónimos. En ese horizonte, la vida de Ortiz de Zárate, desde la actividad pública y la tragedia personal hasta el servicio a los más pobres y el martirio, es para la comunidad jujeña un testimonio cercano de entrega total. Su biografía lo define como un modelo de ciudadano y de sacerdote que no midió en dar todo de sí por la evangelización.

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Fuente: El Tribuno de Jujuy

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