Otra vez el gas: la industria tucumana enfrenta un nuevo recorte y teme volver a parar
La industria tucumana volvió a quedar en el centro de la crisis energética. Naturgy NOA aplicó una restricción del 50% en el suministro de gas natural para

Naturgy NOA redujo un 50% el suministro para industrias con contratos interrumpibles. El antecedente de julio, cuando el abastecimiento fabril cayó a cero, vuelve a poner en alerta a la zafra azucarera y a la actividad citrícola.
La industria tucumana volvió a quedar en el centro de la crisis energética. Naturgy NOA aplicó una restricción del 50% en el suministro de gas natural para empresas que tienen contratos interrumpibles, una modalidad que permite reducir o suspender el servicio ante una situación de presión sobre el sistema.
La decisión llega apenas dos meses después del episodio más crítico del invierno. En julio, la distribuidora llevó el suministro industrial a cero metros cúbicos por la ola polar y priorizó a los usuarios residenciales, hospitales, escuelas y otros servicios esenciales. La medida quedó vigente «hasta nuevo aviso» y provocó fuertes reclamos del sector productivo.
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El nuevo recorte vuelve a encender una alarma que la provincia ya conoció durante el primer semestre. El problema energético comenzó a tomar forma antes de la llegada del invierno, cuando las entidades productivas advirtieron sobre las limitaciones del sistema y la falta de capacidad suficiente para abastecer al NOA.
En mayo, la Unión Industrial de Tucumán, el Centro Azucarero Regional de Tucumán y la Asociación Citrícola del Noroeste Argentino mantuvieron contactos con Naturgy NOA. La preocupación surgió por la reducción del flujo de gas hacia la región y por las dificultades que todavía presenta la infraestructura del Gasoducto del Norte.
ACNOA llegó a advertir entonces que una falta prolongada de gas podía llevar a la actividad citrícola a «un punto de no retorno». La entidad explicó que una interrupción en las plantas no solo afecta a las fábricas: también compromete los empaques, la cosecha y toda la cadena vinculada al limón. El sector señaló que más del 50% de las divisas que genera Tucumán dependen de actividades que necesitan este suministro para sostener sus procesos.
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La zafra azucarera enfrenta un problema similar. La molienda de caña y el procesamiento de limón responden a ciclos estacionales que no permiten una pausa prolongada sin consecuencias. Por eso, una interrupción del gas puede trasladarse de inmediato a la producción, al empleo y a las exportaciones.
El gobernador Osvaldo Jaldo ya había advertido sobre ese riesgo durante el invierno. Ante el escenario de julio, sostuvo: «Si a la industria citrícola y a la zafra azucarera le cortamos el gas, pensemos no solo en los propietarios de estas industrias, sino en los más de 80.000 trabajadores que van a tener que parar también su trabajo en la provincia de Tucumán. Es gravísimo».
El antecedente inmediato muestra la magnitud que puede alcanzar el conflicto. Durante julio, las restricciones no quedaron limitadas al 50%. En Tucumán, Naturgy aplicó una «rampa de corte cero» para las industrias y dejó el abastecimiento fabril en cero. La prioridad quedó puesta en la demanda residencial por las bajas temperaturas.
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El sector citrícola debió reducir procesos y algunas plantas dejaron de recibir fruta. La falta de gas también obligó a evaluar alternativas más caras. Según ACNOA, el GNL llegó a valores de hasta US$24 por millón de BTU, mientras que la UIT denunció precios de hasta US$27 por millón de BTU, frente a valores cercanos a US$3 en otras regiones del país.
La situación también expuso una fuerte diferencia dentro del mercado energético argentino. Mientras algunas empresas pudieron acceder a fuentes alternativas, numerosas industrias del Norte no contaron con capacidad financiera para comprar gas a precios internacionales.
La Nación estimó durante aquel episodio que entre 500 y 600 industrias del interior del país quedaron afectadas por las restricciones, con establecimientos de Tucumán, Salta, Jujuy, Córdoba y Santa Fe entre los sectores más comprometidos.
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En Tucumán, el conflicto tampoco terminó cuando bajó la demanda residencial. A mediados de julio, la UIT reclamó a Naturgy NOA el levantamiento de las restricciones porque algunas fábricas todavía recibían apenas el 20% del volumen contratado. La entidad pidió conocer las razones técnicas y el plazo previsto para recuperar el suministro.
El nuevo escenario encuentra a las industrias bajo contratos interrumpibles. Ese esquema contempla una reducción del suministro cuando el sistema necesita preservar el abastecimiento de la demanda prioritaria. Por eso, el recorte actual del 50% no implica por sí solo un corte total, pero vuelve a poner sobre la mesa ese riesgo.
La evolución dependerá de la disponibilidad de gas y de la demanda residencial. Los registros de ENARGAS muestran que el organismo monitorea en forma diaria las necesidades de las distribuidoras y las proyecciones de consumo prioritario. Para Naturgy NOA, los volúmenes estimados para los próximos días reflejan una demanda que todavía requiere atención.
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El trasfondo excede al invierno de 2026. Las entidades industriales cuestionaron durante los últimos meses la falta de previsibilidad del esquema energético y las limitaciones de infraestructura para llevar gas hacia el Norte. La reversión inconclusa del Gasoducto del Norte apareció como uno de los puntos centrales de las advertencias del sector.
Florencia Andriani, vicepresidenta de la UIT, había advertido que las restricciones podían extenderse durante «80 o 90 días» y calificó ese escenario como «atroz e insostenible» para la economía provincial.
Ahora, con un nuevo recorte del 50%, la preocupación vuelve a instalarse en las fábricas tucumanas. La principal incógnita ya no pasa solo por el porcentaje de gas disponible, sino por cuánto tiempo podrá sostenerse la actividad si las restricciones se profundizan.
Para una provincia cuya economía depende en buena medida de la zafra azucarera, la industria citrícola y sus cadenas de proveedores, el margen es estrecho. El antecedente de julio mostró que un corte total puede paralizar plantas, encarecer la producción y poner en riesgo miles de empleos. El nuevo recorte vuelve a poner ese escenario sobre la mesa.
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Fuente: El Federalista
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