Papa León XIV en Córdoba: las historias de los sanjuaninos que se movilizan por la fe para vivir un hecho trascendental
Desde Albardón, Rawson, Capital, Angaco y 9 de Julio, cientos de sanjuaninos se preparan para viajar a Córdoba. Entre colectivos completos, alquileres compartidos y ventas de dulces a la salida de misa, cuentan cómo organizaron el viaje de su vida y qué esperan del Papa.

Desde Albardón, Rawson, Capital, Angaco y 9 de Julio, cientos de sanjuaninos se preparan para viajar a Córdoba. Entre colectivos completos, alquileres compartidos y ventas de dulces a la salida de misa, cuentan cómo organizaron el viaje de su vida y qué esperan del Papa.
Algunos de los integrantes de la comitiva de La Laja que viaja a ver al Papa León XIV.
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Del 8 al 11 de noviembre, el Papa León XIV estará en la Argentina, en una visita histórica que movilizó al país entero. Por la magnitud del acontecimiento se decretaron feriados y, en el caso de Córdoba, el 10 de noviembre será feriado específicamente por la llegada del sumo pontífice a territorio cordobés.
El anuncio de la visita se conoció en agosto y, desde ese momento, el entusiasmo fue inmediato: parroquias, movimientos católicos, grupos de amigos y familias programaron sus viajes casi al instante. Sin embargo, hubo un momento de gran incertidumbre. La operación a la que fue sometido el Papa generó preocupación y la visita pendió de un hilo. Hubo quienes llegaron a darla por cancelada.
Tras la confirmación de que el Papa viajaría, la expectativa se reavivó y la planificación volvió a ponerse en marcha. Estas son las historias de algunos sanjuaninos que ya tienen todo listo para ser parte del momento.
En la Parroquia Santa Bárbara, de La Laja, Albardón, el entusiasmo fue tan grande que no hizo falta promocionar nada. "Nosotros no tuvimos que hacer ningún flyer, nada", cuenta el padre Jonatan Félix. Casi de inmediato, ya estaban completos los 58 lugares del colectivo que lograron contratar. No pudieron sumar otra unidad, porque ya estaban todas ocupadas dentro de la misma empresa, y algunos se quedaron con las ganas. Varios de ellos se reubicaron en otras propuestas organizadas en el departamento por la visita del Papa.
Reunir el dinero fue un esfuerzo comunitario, pero sin eventos parroquiales. Los viajeros se organizaron en pequeños grupos y, los fines de semana, a la salida de misa, vendían cosas dulces para ir pagando el viaje de a poco. "Gracias a Dios ya lo hemos terminado de cancelar", contó el sacerdote.
La noticia de la operación del Papa trajo incertidumbre. "Padre, ¿viene o no viene?", le preguntaban. Pero la espera se transformó en tiempo de oración: la comunidad rezó por la salud del Papa, no para que viniera. "Nadie dijo 'yo me bajo porque tal vez no viene'", recordó. Cuando llegó la confirmación, la alegría se desbordó.
Para todos los que viajan desde La Laja será la primera vez que estén tan cerca de un Papa. Es una comunidad que lo sigue a través de los medios virtuales, primero a Francisco y ahora a León, y que se comparte lo que dice en la catequesis de los miércoles. Al sacerdote le resulta especialmente significativo que León XIV, aunque es estadounidense, tenga un profundo arraigo en Latinoamérica por haber ejercido en Perú. "Conoce esos rostros, conoce esas historias", dijo, y cree que podrá hablarle a la región "de corazón a corazón".
El padre Félix destacó además que La Laja es una parroquia de la periferia, para la que el esfuerzo económico es enorme. "La fe mueve montañas", resumió. Y recordó el mensaje de los obispos: el Papa viene para toda la Argentina, y su palabra es para todos, incluso para quienes no puedan estar presentes. La tarea de los que viajan, sostuvo, será multiplicar esa "bocanada de esperanza" a la vuelta.
Tienen entre 30 y 32 años, pertenecen al Movimiento de la Palabra de Dios y viven en distintos puntos de la provincia: Valeria Barboza, en Rawson; Antonella Rodríguez, en Capital; y Erica Escudero, en Angaco. "Somos hermanas de comunidad", dicen. Su movimiento tiene presencia en las parroquias de San Francisco, Santa Rosa de Lima, Santa Lucía y la Catedral.
Empezaron a planificar el viaje a mediados de agosto, apenas se confirmó la visita. Compararon pasajes y alquileres, armaron una lista de provisiones con los días y las comidas, y fijaron un presupuesto. Las tres trabajan, y eso les permitió dividir todo en partes iguales: por ejemplo, el alquiler se reparte entre las tres. "Se ha sentido menos el impacto", cuenta Valeria.
Cuando el Papa fue operado y la visita se suspendió, el viaje quedó en vilo y casi lo cancelan. Pero cuando se confirmó nuevamente, "volvimos a activar todo". Viajarán dos días antes, y todavía definen cómo llegar a la vigilia según lo que informe el Episcopado, con Uber entre las opciones. Saldrían desde Capital.
Para ellas, la expectativa es múltiple. Quieren ser parte de un hecho histórico, en un país que tuvo un Papa argentino durante 13 años sin que este llegara a visitarlo. Esperan vivirlo como una experiencia similar a una Jornada Mundial de la Juventud, con otros jóvenes, entre nervios y ansiedad, y con el cuidado de cuidarse entre las tres y estar atentas a las mochilas y a la multitud. Saben que, aunque estén a muchos metros del Papa, van a recibir su palabra. Y que serán las encargadas de traerla a San Juan para sus seres queridos. "Estamos a ocho horas de distancia", destacan, y lo ven como una muestra de lo cerca que está el acontecimiento.
Estela Pose, de 64 años, es de 9 de Julio y forma parte de Acción Católica. Cuando escuchó que el Papa venía, lo tuvo claro: "Yo quiero ir". Esperaba que saliera algún colectivo desde su grupo, pero apareció una propuesta más cercana: un colectivo de adultos mayores que sale desde el mismo departamento, sin necesidad de trasladarse hasta la terminal. Viaja con otra señora de Acción Católica.
Hasta el día anterior a la entrevista, eran 15 personas de la villa cabecera de 9 de Julio, aunque en el colectivo también viaja gente de otros lugares, quizás de Las Chacritas. Muchos de los que van, cuenta, concurren a la parroquia aunque no integren un grupo.
Cuando operaron al Papa, lo primero que sintió fue preocupación por su salud, "como de cualquier persona que esté enferma". Pero, como creyente, confió en que todo saldría bien. Llegó a pensar que no podrían hacer el viaje, porque el tiempo desde la operación era muy corto. "Gracias a Dios se ha recuperado", dice, y las ganas de viajar volvieron.
Para Estela, esta visita es la oportunidad de no perder: se quedaron con las ganas de que viniera Francisco y ahora llega León. Lo describe como "un tiempo de gracia" que hay que aprovechar, en un mundo atravesado por "tanta desesperanza, tanta pobreza, tantas guerras". Viaja para llenarse del mensaje y, después, transmitirlo.
Fuente: Diario de Cuyo
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