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Paraguay escribió otra hazaña mundialista: eliminó a Alemania por penales

El equipo de Gustavo Alfaro resistió durante 120 minutos, tuvo a Orlando Gill como figura y consiguió una clasificación histórica en el Mundial 2026.

Por Benjamín Papaterra3 min de lectura
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Paraguay escribió otra hazaña mundialista: eliminó a Alemania por penales
Paraguay escribió otra hazaña mundialista: eliminó a Alemania por penales · Foto: La Gaceta

Resumen para apurados

Hubo un tiempo en el que Paraguay se presentaba en los Mundiales con un arquero que intimidaba por su sola presencia. José Luis Chilavert era el símbolo de una generación que soñó en Francia 1998 hasta que un gol de oro de Laurent Blanc la dejó llorando en los octavos de final. Años después apareció Roque Santa Cruz, el goleador que lideró la inolvidable campaña de Sudáfrica 2010, aquella que terminó en cuartos de final tras el doloroso 1-0 de España con el tanto de David Villa. Hoy Paraguay ya no tiene figuras de ese calibre. No cuenta con un Chilavert que domine el área ni con un delantero de la jerarquía de Santa Cruz. Pero conserva algo mucho más difícil de perder: su identidad. Esa manera de competir en la que el sacrificio, la solidaridad y la rebeldía nunca se negocian. Y si había un entrenador capaz de potenciar esa esencia era Gustavo Alfaro, un auténtico cazador de utopías imposibles. Lo volvió a demostrar en Boston: venció 4-3 por penales a Alemania en los 16avos de final del Mundial 2026.

Alemania monopolizó la pelota desde el comienzo, como dictaba la lógica. Paraguay aceptó el papel que mejor interpreta: esperar, cerrar espacios y golpear cuando apareciera la oportunidad. Los europeos movían el balón de un lado al otro, pero chocaban una y otra vez contra un bloque defensivo disciplinado que parecía disfrutar el sufrimiento. Hasta que a los 41 minutos apareció la jugada que resumió el plan paraguayo. Damián Bobadilla recuperó, Miguel Almirón aceleró la transición y Matías Galarza Fonda lanzó un centro perfecto para que Julio Enciso cabeceara con potencia y venciera a Manuel Neuer. Era el premio a una selección que entendía perfectamente cómo debía jugar este partido.

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El descanso encontró a la "Albirroja" arriba gracias, también, a una intervención de Orlando Gill frente a Joshua Kimmich. Alemania reaccionó apenas comenzado el complemento. Florian Wirtz encontró el espacio y Kai Havertz empató de cabeza a los 54 minutos. Parecía el inicio de un asedio definitivo.

Enciso salió lesionado apenas dos minutos después y Paraguay perdió a su principal carta ofensiva. Entonces el encuentro dejó de jugarse cerca del arco alemán y comenzó a disputarse alrededor del área defendida por Gill.

El arquero se transformó en una muralla. Le negó el gol nuevamente a Havertz, sostuvo el empate durante el tiempo reglamentario y volvió a aparecer en el alargue. Primero celebró la anulación por VAR del cabezazo de Jonathan Tah tras una cortina sobre su posición. Luego desvió otra vez un frentazo de Havertz, evitó un gol olímpico de Kimmich y, sobre el cierre, atrapó un nuevo cabezazo de Anton.

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Si Paraguay había llegado vivo a los penales era, en gran parte, gracias a él. Y allí terminó de convertirse en héroe. Le atajó el primer remate a Havertz, más tarde frustró el disparo de Nick Woltemade y observó cómo Jonathan Tah enviaba su remate por encima del travesaño. Del otro lado, José Canale caminó con una serenidad impropia de semejante escenario y convirtió el penal que selló el 4-3 definitivo.

Paraguay eliminó a Alemania y volvió a demostrar que el fútbol todavía reserva un espacio para los equipos que creen en algo más que el talento individual. Esa fue la clave de este triunfo histórico, claro. Nadie creía que Paraguay podía dar un golpe de este calibre en el Mundial después del debut frente a Estados Unidos, en el que fue goleado por 4-1. Pero Gustavo Alfaro parece especializarse en eso. En tomar seleccionados sin grandes estrellas y convencerlos de que lo imposible puede discutirse durante 120 minutos.

Quizás por eso esta clasificación tiene un sabor distinto para todo un país. Es, de alguna manera, una revancha largamente esperada. La respuesta a aquel gol de oro de Laurent Blanc que rompió el corazón de millones de paraguayos en Francia 1998. También al remate de David Villa que apagó el sueño en Sudáfrica 2010. Pasaron 28 años de una herida y 16 de la otra. Esta vez, el destino eligió ponerse la camiseta albirroja.

Fuente: La Gaceta

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