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París de a cinco: las claves para viajar en familia sin gastar de más

Se alojaron fuera de la ciudad, dejaron el auto estacionado y organizaron las comidas para cuidar el presupuesto. Los costos reales, cómo moverse, dónde conviene ahorrar y los errores que no repetirían en un viaje familiar a París.

Por Marcelo García / @viajoconvos8 min de lectura
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París de a cinco: las claves para viajar en familia sin gastar de más
París de a cinco: las claves para viajar en familia sin gastar de más · Foto: Río Negro

Por Marcelo García / @viajoconvos

Recorrer París con chicos obliga a bajar el ritmo y calcular mejor las distancias y los tiempos de descanso. Gentileza Marcelo García / @viajoconvos.

Llegamos a París de noche, con el auto cargado y las chicas medio dormidas atrás. Veníamos manejando desde Madrid, con una noche en Bayona y otra en Burdeos —eso lo contamos aparte, porque da para una nota entera—, y ese último día lo habíamos gastado entero en Versalles. Éramos cinco: Vicky, Ema y Luchi, de 8 y 4 años, mi suegra Mónica y yo.

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La pregunta que traíamos era la de cualquiera que arma un viaje así desde el sur del país: cuánto se puede hacer en París siendo cinco sin que la ciudad se lleve puesto el presupuesto de las dos semanas siguientes. Para nosotros la respuesta estuvo en dos decisiones tomadas antes de llegar: dormir afuera de París y no entrar a ningún museo.

Ninguna de las dos nos dejó con la sensación de habernos perdido la ciudad. Acá va la cuenta completa, con lo que pagamos y lo que haríamos distinto.

Elegimos Vitry-sur-Seine, al sur, apenas cruzando el límite de la ciudad. Un departamento por Airbnb: 452 dólares por las cuatro noches para los cinco, a abril de 2026. En el centro, con ese mismo dinero no hubiéramos llegado ni a la mitad de las noches.

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El auto quedó estacionado en la calle, sin costo, los cuatro días. No lo movimos ni una vez. Esa fue la otra parte del ahorro: en París, una cochera se paga por día y bien caro, y manejar adentro de la ciudad no resuelve nada que no resuelva mejor el transporte público.

Si vas a hacer base afuera, el criterio no es la distancia en kilómetros sino la distancia caminando hasta la parada. Antes de reservar, abrí el mapa y medí cuántas cuadras hay del departamento a la estación de tranvía o de RER. Con una nena de cuatro años a upa, diez cuadras de más son un problema todos los días, dos veces por día.

Desde Vitry salíamos caminando hasta la parada del T9, el tranvía que baja hasta Orly y termina en Porte de Choisy, ya dentro de París. Ahí se combina con la línea 7 del metro, que te deja en Place d'Italie, Châtelet o la Ópera sin volver a cambiar. Puerta a puerta, veinte minutos hasta la zona céntrica.

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Nosotros compramos boletos sueltos cada vez, y ese fue el error. Para orientarte con las tarifas vigentes: el billete de metro, tren o RER anda en el orden de los 2,50 euros, el de colectivo y tranvía cerca de los 2 euros, el pase diario Navigo Jour ronda los 12,30 euros y el semanal los 32,40. Los menores de 4 años no pagan; de 4 a 9 van con tarifa reducida. Luchi ya tenía cuatro cumplidos, así que pagaba.

Hacé la cuenta antes de subirte. Con cinco personas y tres o cuatro tramos por día (tranvía, metro, y lo mismo a la vuelta), el pase diario se paga solo. Nosotros lo entendimos tarde.

Día 1: Versalles, antes de entrar a la ciudad. Por logística de ruta nos convenía así: Versalles queda al suroeste, sobre el camino, y meterse en París para después volver a salir al día siguiente era perder dos veces el mismo tramo. Llegamos con el auto, lo dejamos en el estacionamiento grande que está frente a la puerta de acceso, el mismo donde paran los micros turísticos, hicimos el recorrido completo del palacio y recién a la noche entramos a París a dormir la primera noche.

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Si venís manejando desde el sur o desde el oeste, hacé lo mismo: resolvé Versalles en el camino y guardá el auto recién cuando llegues a la base. Si venís en avión, se resuelve como escapada de un día en el RER C.

El dato que más sirve: la entrada al palacio y al dominio de Trianon es gratuita para menores de 18 años, pero igual hay que reservar el billete con horario asignado. Reservalo aunque no pagues, porque sin franja horaria no entrás. Para el adulto de fuera del espacio europeo, el Passeport en temporada alta —de abril a octubre— ronda los 35 euros, y baja a unos 25 en temporada baja.

Día 2: de la Concorde al Arco, y la torre al final. Arrancamos en la Place de la Concorde y subimos por los Champs-Élysées, la avenida de las marcas y las vidrieras, hasta el Arco del Triunfo. Son casi dos kilómetros en línea recta, todo llano, y se hacen sin apuro parando donde a uno se le ocurra.

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Desde el Arco seguimos caminando hasta la Torre Eiffel, que la dejamos para el final del día: la hicimos con un picnic en el pasto, mirando cómo se prende con las luces. No subimos, porque ya lo habíamos hecho en viajes anteriores y no tenía sentido pagar cinco entradas para repetir.

Volvimos en Uber, unos 40 euros hasta Vitry. Ese es el consejo que más nos serviría a nosotros mismos: dejá resuelto el regreso de la noche antes de salir. Con chicos cansados y a esa hora, el Uber deja de ser un gasto de más y pasa a ser lo que compra la paz de la familia. Presupuestalo desde el arranque, una o dos veces en el viaje.

Día 3: Montmartre. Subimos al barrio, entramos al Sacré-Cœur y nos tomamos un café sentados en uno de esos bares de esquina que son media razón para ir hasta ahí. No cuesta entrada, pero cuesta piernas: Montmartre es todo cuesta arriba y escalones. Si venís con cochecito o con alguien que camina poco, usá el funicular, que se paga con el mismo billete de transporte y te ahorra la escalinata completa.

Día 4: sin plan. El último día no lo llenamos con nada. Caminamos la ciudad, paramos en las plazas, escuchamos música en la calle y nos metimos en una cervecería que no estaba en ninguna lista. Fue el día que más disfrutamos.

Dejá uno así, aunque parezca desperdiciado: es el único en el que París deja de ser una lista de cosas por tachar.

Almorzábamos en el departamento con lo que comprábamos en el Carrefour, y ahí los precios nos parecieron razonables, más cerca de lo que uno espera de un supermercado europeo que de lo que da miedo en París.

La cena la hacíamos afuera: nos salía un promedio de 130 euros para los cinco, con las chicas comiendo poco y nosotros buscándole la vuelta a comer rico sin ir a lo caro.

Cocinar al mediodía es lo que te permite comer afuera una vez por día. Y una regla simple: alejate dos o tres cuadras del monumento antes de sentarte a comer. La vereda con vista se paga, y no en la comida.

Hay un gasto que no se ve en ninguna cuenta diaria y que no es opcional: el seguro de viaje. La atención privada en Francia se paga en euros y en el momento. Con chicos, no salgas sin cobertura.

Si vas a manejar, tres cosas. En Francia los peajes son caros, conviene presupuestar aparte, no dejarlo como imprevisto, porque en un tramo largo se acumula rápido. Sumale el combustible, que en Europa cuesta bastante más que acá.

Entre nafta y peajes, el costo real de un día de ruta se acerca más de lo que uno cree al de un pasaje de tren. A cambio, las rutas francesas son de otra categoría. Señalización clara, carriles anchos, mantenimiento parejo. Se maneja descansado, que con chicos atrás no es un detalle menor.

Las estaciones de servicio de las autopistas parecen shoppings: patio de comidas, baños impecables, juegos para los chicos, sectores de descanso.

Todo esto lo hicimos con un auto de Alamo, que acompañó el road trip completo. Si alquilás en Europa, dos preguntas para hacer al reservar y no en el mostrador: el cargo de one way, si retirás en un país y entregás en otro, y el booster, que se reserva junto con el auto. En Francia es obligatorio hasta los 10 años o hasta que el chico llegue a 1,35 metro de altura.

Los días fueron agotadores. París se camina, y eso que suena lindo en el folleto se traduce en dos nenas que a media tarde no dan más. Luchi se dormía y había que llevarla a upa, y llevar a upa a una nena de cuatro años por Montmartre es un plan que no figura en ninguna guía.

Europa con chicos pide paciencia y un ritmo relajado. Si vas a full, te pasa por encima. Nosotros lo aprendimos sobre la marcha, y la próxima vamos a poner menos cosas por día y a dejar una tarde libre cada dos, aunque parezca que se desaprovecha. Al final, la ciudad se disfruta igual. Quizás más cuando bajás las expectativas de cuánto entra en un día.

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Llegamos a París de noche, con el auto cargado y las chicas medio dormidas atrás. Veníamos manejando desde Madrid, con una noche en Bayona y otra en Burdeos —eso lo contamos aparte, porque da para una nota entera—, y ese último día lo habíamos gastado entero en Versalles. Éramos cinco: Vicky, Ema y Luchi, de 8 y 4 años, mi suegra Mónica y yo.

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Fuente: Río Negro

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