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Perdió a su hijo por las adicciones y se convirtió en la voz de miles de familias: "Esto no es ideología, es vida o muerte"

De un juzgado de familia a liderar movilizaciones en Plaza de Mayo. La historia de Stella Maurig, referente de La Madre Marcha, y su cuestionamiento al abordaje del consumo problemático en la Argentina.

Por Ariane Armas6 min de lectura
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Perdió a su hijo por las adicciones y se convirtió en la voz de miles de familias: “Esto no es ideología, es vida o muerte”
Perdió a su hijo por las adicciones y se convirtió en la voz de miles de familias: “Esto no es ideología, es vida o muerte” · Foto: La Gaceta

Resumen para apurados

Stella Maurig todavía recuerda las palabras que pronunció en 2007, en la mesa de entradas de un juzgado de familia, cuando buscó ayuda por David, el menor de sus tres hijos: "No quería tener que ir a reconocer a mi hijo a ninguna morgue".

Él atravesaba una adolescencia compleja, marcada por el consumo de sustancias, fracasos escolares, aislamiento y giros de conducta que desbordaron a la familia. Con miedo a perderlo, Stella recurrió a la Justicia para forzar una intervención.

David comenzó a consumir en sus años mozos. Stella lo recordaba de chico como alguien "muy travieso y curioso", pero el cambio de etapa trajo la rebeldía a las normas y, de inmediato, el consumo.

Consiguieron una plaza en un hospital de día. Stella lo llevaba a las 9 de la mañana y lo retiraba a las 6 de la tarde, mientras participaba activamente de los grupos para familiares. Al comienzo lo acompañaba en los traslados; luego él empezó a moverse de manera autónoma.

Aparecieron las recaídas. Y con ellas, las mentiras, los avances y los retrocesos.

Hoy Stella entiende algo que en aquel momento le costaba digerir: "Creo, para mí personalmente, que la recaída es parte del proceso", sostiene.

Cuando concluyó aquel primer tratamiento, David volvió a consumir alcohol. Stella sintió rabia e impotencia; no concebía que le dieran el alta a alguien que acababa de recaer. Con los años comprendió que una comunidad terapéutica entrega herramientas, pero que la terapia asistencial tiene un límite y requiere un seguimiento posterior.

David nunca logró una recuperación completa.

Stella sabía que las adicciones no se curan, sino que se tratan. Pero el cuadro se complicaba aún más. Según relata, David tenía diagnósticos de bipolaridad y trastorno límite de la personalidad que se negaba a asumir.

"Una persona que acepta la enfermedad puede medicarse, hacer terapia, ir al psiquiatra y amigarse con su cuadro. Él lo negaba", relata.

La vida continuó. David creció, se independizó, tuvo dos hijos y atravesó nuevas crisis.

En los últimos años, la relación entre madre e hijo quedó supeditada a un límite estricto puesto por ella para resguardar su propia integridad: "A casa podés venir a tomar café, a tomar mates o a charlar si hacés tratamiento". David podía volverse violento y tener episodios indominables para la familia.

Hasta que llegó la llamada. Stella estaba trabajando en una comunidad terapéutica cuando le notificaron la muerte de David. Se había quitado la vida.

David murió un martes. El martes siguiente, Stella ya estaba nuevamente en su puesto de trabajo. Tenía jóvenes y familias que atender y sentía que dejarlos solos no era una opción. "Nunca dejé de trabajar. Siempre, siempre trabajé", cuenta.

En esa decisión se sintetiza su historia: su duelo no quedó estancado en la pérdida, sino que se convirtió en causa pública. A la semana del fallecimiento, redactó una carta y la difundió en redes sociales. Cuando los medios la contactaron, decidió hablar sin reservas. No quería guardar la tragedia puertas adentro; necesitaba exponer lo que ocurre cuando una familia pide auxilio al sistema de salud.

"Yo no dudé en dar notas. ¿Por qué? Porque la sociedad tenía que saber lo mal que estaba el sistema", afirma.

Golpeó puertas, se reunió con dirigentes, participó en mesas de debate y comenzó a articular a otras madres en su misma situación. Así nació una lucha que mantiene hasta hoy como una de las referentes de "La Madre Marcha", organización que acompaña a familias con adicciones, mientras reclama modificaciones profundas en las políticas públicas de salud mental y adicciones.

La discusión es compleja. La Ley Nacional de Salud Mental (N° 26.657), sancionada en 2010, establece que los consumos problemáticos deben abordarse como parte de las políticas de salud mental. Asimismo, define la internación como un recurso terapéutico restrictivo que solo puede aplicarse de forma involuntaria cuando un equipo interdisciplinario determine la existencia de un "riesgo cierto e inminente" para sí o para terceros.

Ese es el punto que Stella cuestiona con mayor vehemencia. Sostiene que, en la práctica, las familias llegan a las guardias en medio de una crisis severa y no obtienen una respuesta articulada para dar continuidad al tratamiento. "Mi hijo entró muchas veces a guardias de hospitales y, así como entraba, se escapaba, porque nadie lo encauzaba hacia un tratamiento", denuncia. Su crítica se extiende a la escasez de equipos especializados y a las dificultades de acceso a profesionales psiquiátricos en diversos puntos del país.

"Hay madres que, tras años de buscar respuestas, se cansan. No abandonan a sus hijos: abandonan la lucha", explica Stella. "Es muy difícil no ser escuchada".

Recuerda el caso de una familia cuyo hijo atacó a su propio padre y terminó en situación de calle, un patrón que observa repetidamente en las agrupaciones de acompañamiento.

Para Stella, el foco no debe estar puesto únicamente en quien padece la adicción, sino en todo su entorno: la madre que sufre insomnio, el padre que ignora a dónde acudir, los hermanos, los hijos. "A las familias las invade la desilusión, porque es la vida de tu hijo la que se va con el consumo", señala. Y añade tras una pausa: "¿Cuántas puertas voy a golpear? ¿Cuánto tiempo voy a resistir?".

Stella tenía 47 años cuando empezó a involucrarse en el tema; hoy tiene 67. Son dos décadas de recorrido en las que armó grupos de contención y participó en debates públicos.

Al pensar en el pasado, admite: "Me hubiese gustado conocerlo más, escucharlo más". Y reflexiona sobre el presente: "Me hubiese gustado contar antes con la gente que hoy me rodea". Sabe que tal vez no podía salvar a su hijo -su rol era ser su mamá-, pero entiende que con los apoyos adecuados el desenlace pudo ser distinto.

La discusión impulsada por agrupaciones como La Madre Marcha tuvo eco institucional. En 2026, el Gobierno nacional presentó ante el Senado un proyecto de modificación de la Ley Nacional de Salud Mental, cuya discusión comenzó en las comisiones de Salud y Legislación General para revisar la capacidad de respuesta de la normativa vigente.

Stella participó activamente de las comisiones legislativas. Su postura es tajante: "Una ley de salud mental tiene que dejar las ideologías de lado. Esto no es un Boca-River; es una cuestión de vida o muerte".

Aunque mantiene la prudencia tras años de promesas incumplidas, conserva la esperanza de que la normativa se adecue a las necesidades reales de las familias.

Cuando una madre se acerca por primera vez a La Madre Marcha, Stella evita las falsas promesas. Explica que el camino es complejo, pero pide no soltar la mano, no castigar y entender la adicción como una enfermedad que requiere constancia, paciencia y respeto.

A esta altura de su vida, sabe que no puede cambiar el pasado con David. Lo que sí puede hacer es sostener la voz, acompañar a otros y presionar para que ninguna familia se sienta sola ante una emergencia.

El próximo 9 de octubre, Stella y distintas organizaciones realizarán una vigilia con velas en Plaza de Mayo para exigir el tratamiento parlamentario de los cambios a la ley. Sabe que una movilización no garantiza una solución inmediata, pero  quedarse en silencio para ella nunca fue una opción.

Fuente: La Gaceta

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