Perdió la visión de un ojo pero jamás la pasión por atajar: el arquero mediagüino que se prepara para cumplir un sueño más
Juan Ignacio Cejas tiene 21 años y es el arquero de General Belgrano. Un accidente cuando era niño le quitó la visión del ojo izquierdo. Hoy estudia, juega y se prepara para un desafío histórico.

Juan Ignacio Cejas tiene 21 años y es el arquero de General Belgrano. Un accidente cuando era niño le quitó la visión del ojo izquierdo. Hoy estudia, juega y se prepara para un desafío histórico.
A Juan Ignacio Cejas Páez se le quiebra la voz cuando recuerda aquel día. Tiene 21 años, pero por unos segundos vuelve a ser aquel niño de 8 que salió corriendo bajo una lluvia intensa después de jugar al fútbol con su padre y perdió la visión de un ojo. Pero eso poco le importa para hoy ser el arquero titular en General Belgrano que se prepara para hacer historia en el Regional Amateur.
DIARIO DE CUYO llegó a Media Agua para vivir como se palpita la participación del Bodeguero en el certamen nacional que lo tendrá como único representante del interior de San Juan en la competencia, junto a Sportivo Desamparados y Atlético Unión. Y allí, entre la humildad de un club en donde todo se hace a pulmón, aparece el testimonio cargado de valentía y resiliencia de quien hoy defiende los tres palos.
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Sus ojos se le llenan de lágrimas al contar su historia. Le cuesta seguir, pero respira y continúa. Es un recuerdo que todavía duele, aunque hayan pasado más de 13 años. Juan Ignacio tenía apenas 8 años. Como tantas veces, estaba jugando al fútbol. Recuerda que acompañó a su padre a un partido de fútbol 5 hasta que comenzó a llover. "Salimos corriendo al auto", recordó. En el apuro por llegar al vehículo, no vio un alambre y todo el impacto fue en su ojo. Entre el dolor y el llanto de ese niño, todo pareció haber sido un accidente. Es que esa noche, aparentemente, todo estaba bien. Juan veía con normalidad. No había señales de lo que ocurriría después.
Pero al día siguiente todo se complicó. "Empecé a perder un poco la vista", contó. Lo que siguió fue un largo recorrido por médicos, hospitales y quirófanos. Fueron ocho operaciones intentando recuperar algo que finalmente no pudo recuperarse. Algunas intervenciones fueron en Mendoza y otras en San Juan. Le colocaron incluso un lente ocular pero nada alcanzó: la visión del ojo izquierdo se había perdido definitivamente.
Cuando llega a ese momento del relato, Juan ya no habla con la misma firmeza. La voz se le quiebra. Los ojos se le llenan de lágrimas. Es evidente que detrás de aquel arquero de 21 años que cuenta su historia con naturalidad todavía está aquel chico que tuvo que entender -demasiado temprano-, que su vida había cambiado. "Con el ojo izquierdo no veo absolutamente nada", dice. Y hace una pausa.
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Juan tuvo que acostumbrarse a mirar de otra forma. A calcular distancias. A convivir con una limitación que jamás permitió que se transformara en una barrera. "Ya estoy acostumbrado", explica. La frase parece sencilla, pero detrás hay años de adaptación. Porque mientras otros chicos crecían pensando solamente en jugar, Juan tuvo que aprender a hacerlo con una visión limitada. Y aun así siguió. Nunca dejó el fútbol, tampoco dejó de estudiar y mucho menos dejó de perseguir aquello que le apasionaba. Hoy está terminando la Secundaria y, además juega futsal para Sarmiento, el clásico rival de Belgrano.


Juan juega al fútbol desde los 7 años. Vive a unas diez cuadras del club. En el anterior Regional Amateur estuvo en el banco. Entrenó, acompañó y esperó su oportunidad que ahora llegó. Es que el arquero titular sufrió la lesión de ligamentos que lo dejó fuera de competencia y entonces Juan recibió la posibilidad de ser titular. Y no la dejó pasar.
"Es una experiencia única para nosotros", cuenta cuando habla del Regional Amateur en donde debutará en la segunda fecha ante Desamparados en Media Agua (en la primera cumplirá fecha libre). Para un equipo del interior, será una oportunidad enorme. También una vidriera para muchos futbolistas jóvenes que sueñan con dar un salto y Juan es uno de ellos.
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En el fútbol, un arquero necesita que sus compañeros confíen en él y Juan encontró esa confianza en General Belgrano. "Ellos me dan mucha seguridad, confían en mí, y yo trato de darles seguridad a ellos también", explica. No necesita esconder su historia ni explicar permanentemente su condición. Sus compañeros saben quién es, saben lo que atravesó y sobre todo saben que cuando Juan se pone los guantes, quiere ser simplemente un arquero. Uno más.
Tal vez por eso su historia emociona tanto. Porque Juan no habla de imposibles. Habla de acostumbrarse, de seguir, de entrenar y de confiar. El accidente le quitó la visión de un ojo, pero no pudo quitarle las ganas de jugar al fútbol. Tampoco le impidió estudiar, jugar futsal o convertirse, a los 21 años, en el arquero titular de un equipo que está a punto de vivir uno de los capítulos más importantes de su historia.
Aquel niño que un día salió corriendo bajo la lluvia y terminó perdiendo para siempre la visión de su ojo izquierdo nunca dejó de mirar hacia adelante. Y hoy, con los guantes puestos y la camiseta de General Belgrano, sigue demostrando que hay cosas que pueden cambiar una vida, pero no necesariamente pueden detener una pasión. Sin dudas, Juan es ejemplo de superación.
Fuente: Diario de Cuyo
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