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Piden perpetua para un jefe narco y un gatillero por asesinar a un soldadito en su última misión

Alan Carlini quería dejar la banda de Ludueña donde colaboraba. Su jefe le encargó un último trabajo, pero era un plan para matarlo. Comenzó el juicio por el caso

Por María Laura Cicerchia6 min de lectura
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Piden perpetua para un jefe narco y un gatillero por asesinar a un soldadito en su última misión
Piden perpetua para un jefe narco y un gatillero por asesinar a un soldadito en su última misión · Foto: La Capital

Alan Carlini quería dejar la banda de Ludueña donde colaboraba. Su jefe le encargó un último trabajo, pero era un plan para matarlo. Comenzó el juicio por el caso

Por María Laura Cicerchia

Alan manejaba la moto y el que iba como acompañante le disparó en la cabeza casi en el cruce de Solís y Navarro, barrio Ludueña. Luego lo remató.

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Alan Carlini no llegó a atender el último llamado de su jefe preso en Piñero. En ese momento agonizaba bañado en sangre sobre una vereda de Ludueña, con un balazo en la cabeza y otros siete en el cuerpo. Esa llamada perdida marcó la hora de la muerte de este joven de 22 años que planeaba retirarse de la banda narco con la que colaboraba. Buscaba trabajo como fletero y había pactado una última misión, sin sospechar que se trataba de una plan para matarlo. En su celular quedó registrado cómo lo convocaron a una cita con su muerte, por la que un gatillero de la organización y uno de sus cabecillas afrontan pedidos de prisión perpetua.

Kevin Fracchia, como ejecutor material, y el preso Julián Aguirre, como instigador desde la cárcel, comenzaron a ser juzgados este jueves en un debate oral por el crimen de Carlini. El primero tiene 26 años y es considerado un tiratiros de la banda de extorsiones y narcomenudeo afín a Los Monos, que entre 2021 y 2023 disputó a tiros las calles de Ludueña y Empalme Graneros. El segundo, de 27 años, cumple una condena unificada a 29 años de prisión como uno de los organizadores.

Carlini fue asesinado la tarde del 6 de enero de 2023. Con un acompañante a su espalda y otra moto a la par, manejaba hacia las torres de un Fonavi donde se suponía que debían concretar una balacera. Al llegar a la zona de Solís y Navarro, el soldado que iba sentado detrás de él le apoyó la boca de una pistola 9 milímetros en la parte posterior de la cabeza y disparó a quemarropa. La moto cayó al piso, el atacante se incorporó y antes de darle arranque remató al joven con más disparos.

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"Bueno, la hacemos, pero a eso de las dos o tres de la tarde, que no anda nadie", había pedido el muchacho cuando aceptó realizar un último trabajo para su jefe Aguirre. Carlini era un hombre de confianza y recaudador de búnkers. Sus funciones eran las de un administrador. Pero tras la caída en prisión de los cabecillas de la banda y el asesinato de uno de los sicarios más reconocidos comenzaron a encargarle cada vez más participaciones en balaceras. Estaba cansado de ese trabajo y por eso, según contaron sus familiares tras su muerte, quería dar un paso al costado.

"Quiero rendir todo así no tengo más nada", le dijo en una conversación del mismo 6 de enero a Aguirre. Tal como solían llamarse en los diálogos, lo tenía agendado en su celular como "Puto". El preso recién llegaba de ser imputado por el crimen de Alejo "Pipi" Bravo, un chico de 19 años ejecutado en abril de 2021, por el que finalmente fue condenado. No se mostró dispuesto a soltarlo: le comentó que si llegaba a librarse de esa causa saldría a la calle "al toque".

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"Igual te voy a seguir dando una mando de onda en lo que necesites, hasta que te puedas acomodar", ofreció Carlini tras anunciarle que iba a colaborar con la recaudación del quiosco de esos días pero después dejaría de hacerlo. Fue entonces cuando Aguirre, entre risas, le pidió una última misión: "Trolo, ¿te animás a manejar la moto? Para hacer una pintada en el 9".

Aludía a un Fonavi donde vivía el padre de otro cabecilla, Andy Benítez, quien había sido expulsado de la banda tres meses antes. Un quiebre que ocurrió cuando los jefes Matías "Pino" César y Mauro Gerez lo echaron a piñas del pabellón que compartían en la cárcel de Piñero. Carlini preguntó detalles, respondió que no podía y ofreció mandar a alguien más. Aguirre insistió: "Renegamos si no, trolo. De última te doy unos pesos más. Es una pintada nomás. Te estoy pidiendo que manejes vos para que salgan bien las cosas".

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Carlini le explicó que el problema no era el dinero, sino que en su familia le insistían con que cambiara de vida. Finalmente acordaron el trabajo para el día siguiente, cuando el joven se subió al mando de una Yamaha XTZ roja y blanca con un gatillero detrás de él. Para la Fiscalía, era Fracchia. Cerca de las 19.10 el acompañante le disparó a la cabeza y lo remató con otros siete tiros antes de escapar a toda velocidad con la otra moto a la par. La ejecución ocurrió a la vista de dos vecinos que tomaban mate en la vereda. Uno de ellos contó, perplejo, cómo al muchacho lo había ejecutado su propio acompañante.

Aguirre, según la acusación fiscal, seguía la jugada de cerca. Esa tarde llamó a Carlini a las 18.50 y a las 19.03. El último llamado, a las 19.07, quedó sin respuesta. Cuatro minutos después ingresaba el primer reporte del crimen al 911. Antes de partir, los atacantes aprovecharon la escena para dejar un mensaje al depuesto cabecilla en prisión Andy Benítez, al que aludieron como "El traidor" en dos notas junto al cuerpo: "Así les va a pasar a todos los que anden con vos. La mafia no se traiciona".

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Esa trama es la que expusieron los fiscales Marina Vigo e Ignacio Hueso en el debate iniciado este jueves en el Centro de Justicia Penal ante los jueces Hebe Marcogliese, Paola Aguirre y Carlos Leiva. Fracchia —hijo de una policía condenada por sus aportes a la banda— y Aguirre fueron acusados como coautores de un homicidio calificado por el acuerdo previo entre dos o más personas. El primero como ejecutor, el segundo como coautor intelectual, con pedidos de prisión perpetua para ambos.

Para la acusación, Aguirre fue incriminado por las conversaciones en el celular que le atribuyen y Fracchia por un testigo que el día del crimen lo vio llegar a la casa de su abuela en una moto blanca y roja con las rodillas lastimadas y ensangrentado, hasta que su madre lo llevó al hospital.

El hombre, de 24 años, fue apresado en Moreno al 1900 y es considerado el principal sospechoso del asesinato de la mujer trans

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Fuente: La Capital

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