Pionero de Veladero y maestro de perforistas: la historia de Adrián Coto, el iglesiano con cerro propio en la cordillera
Empezó en 1996 cuando la mina era solo una ilusión en el mapa. Bautizó una cumbre con su apodo, formó a las primeras mujeres perforistas del país y recientemente hizo una pausa tras 28 años de trayectoria para dedicarle tiempo a su familia, a la espera del nuevo boom minero.

En las altas cumbres de la cordillera iglesiana, donde el viento sopla blanco y el oxígeno escasea, hay un cerro que lleva grabado en la cartografía provincial un sello imborrable. No responde a un prócer de la patria ni a una denominación indígena: se llama "Coto". El bautismo ocurrió en los años noventa, en plena etapa de exploración, cuando el ingeniero Fredy Ceballos y un joven trabajador iglesiano buscaban picos firmes donde colocar puntos topográficos. Ese joven era Adrián Coto, un hombre que dedicó más de 28 años de su vida a la minería sanjuanina y cuya trayectoria sintetiza el nacimiento, desarrollo y consolidación de la industria en la provincia.
Recientemente, tras casi tres décadas ininterrumpidas en la alta montaña, Adrián tomó la decisión de hacer un paréntesis en sus tareas operativas para reencontrarse con el tiempo familiar, aquel que las largas jornadas y los regímenes de cordillera suelen postergar. Sin embargo, su retiro del frente de trabajo es solo un impás: con la experiencia a cuestas y la vocación de instructor intacta, aguarda la llegada del próximo boom minero en San Juan para volcar nuevamente su conocimiento en la formación de las futuras generaciones.
El vínculo de Adrián con la actividad comenzó en 1996 de la mano de la firma Western Mining Corporation, trabajando como ayudante de controlador de pozos de perforación. En octubre de 1998 pisó por primera vez lo que hoy se conoce como Veladero, acompañando a geólogos en mapeos de campo y recolección de muestras. Por aquel entonces, la mina no era más que un proyecto incierto.
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"A fines del '99 bajamos desilusionados de la temporada porque no se encontraba lo que la empresa quería. Pero a comienzos del 2000 salió una muestra del pozo 'Agostina' que le dio vida a la exploración nuevamente. Ahí empezó a subir mucha más maquinaria y se le puso énfasis a Veladero", rememora Coto a Tiempo de San Juan.
Tras ese hallazgo clave, pasó al área de ingeniería y topografía, participando activamente en la etapa exploratoria con la apertura de dos túneles de 700 metros de profundidad —Amable y Federico— diseñados para verificar la factibilidad del yacimiento.
"En ese transcurso en ingeniería estábamos buscando cerros para poner puntos topográficos. Uno de esos puntos quedó grabado para siempre ahí en Veladero: con el ingeniero Fredy Ceballos le pusimos 'Coto', que es mi sobrenombre. Es un orgullo gigante."
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En 2003, tras el traspaso del proyecto de Argentina Gold a Barrick y siendo uno de los escasos 25 o 30 pobladores iglesianos en el campamento original, Adrián quedó formalmente contratado en plantilla efectiva.
El viraje decisivo en su carrera profesional llegó por el consejo de una figura respetada en el ámbito académico y minero provincial: el ingeniero Mario Juárez, docente de la Universidad Nacional de San Juan. "Me aconsejó que en lugar de pasar a camiones o topadoras me dedicara a aprender a perforar. Me gustó esa profesión y le agarré pasión", cuenta.
En 2009, tras una exigente competencia interna para seleccionar instructores argentinos —en una época donde los entrenadores eran exclusivamente extranjeros—, Coto logró el puesto de entrenador oficial de perforadoras. Desde ese momento, su rol mutó de la operación directa a la enseñanza.
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Por encargo de la compañía, Adrián tuvo la responsabilidad y el orgullo de entrenar y capacitar a las primeras mujeres perforistas en la historia de Veladero. Un hito transformador en una industria que históricamente mantuvo sesgos de género en las operaciones de maquinaria pesada.
"Fue un desafío muy grande y salió excelente. Hoy ya tenemos chicas perforistas en la mina. En la minería antigua eso ni se permitía ni se aceptaba. Para mí es un orgullo enorme haber sido parte de esa apertura", destaca sobre la evolución cultural del sector.
A lo largo de casi tres décadas, las vivencias en la cordillera dejaron huellas imborrables. Entre anécdotas de camaradería y el recuerdo sentido de compañeros que ya no están, Adrián evoca con precisión uno de los momentos más dramáticos de su vida, ocurrido en 1999 coincidiendo con el nacimiento de su primera hija, Sol Guadalupe.
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"Estábamos en medio de un temporal feroz y el Conconta estaba cortado. Me tocó bajar en un camión de combustible que cargamos con agua. Quedamos atrapados 16 vehículos en la cordillera a 35 grados bajo cero. Pasamos una noche horrible, con mucho miedo y frío, sin poder sacar la nieve de las ruedas, hasta que al otro día llegó una cargadora y nos rescató", relata.
Esa dureza climática solo se sobrelleva con un pilar sólido en el llano. Coto no duda en atribuir el éxito de su permanencia al acompañamiento incondicional de su esposa, Patricia Esquivel, y de sus tres hijos: Sol Guadalupe (próxima a graduarse como enfermera universitaria), Sol Martina (emprendedora) y Francisco Adrián (estudiante secundario), además de sus nietos Renato Ángel y Kailani.
"No es fácil estar tanto tiempo solo en la montaña. Le agradezco a mi esposa Patricia; gracias a las mujeres uno logra hacer pie en la cordillera. Esto es un esfuerzo en conjunto y, si se sabe aprovechar, la minería te da la posibilidad de mantener una familia estable y darle un futuro a los hijos", reflexiona.
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Tras dar un paso al costado en la rutina diaria del yacimiento para disfrutar del hogar, Adrián observa con expectativa el escenario productivo que se avecina para San Juan. Su mirada estratégica apunta directamente a la preparación del recurso humano local en los departamentos precordilleranos.
"Me encantaría que en Iglesia, Jáchal, Valle Fértil y en todos los departamentos sanjuaninos haya más capacitación para los chicos. Que esta nueva minería que se viene no impacte de golpe ni los pille sin información", enfatiza.
Con la autoridad que le otorgan 28 años abriendo huella en las alturas, Adrián Coto sintetiza su visión sobre la profesión: "Mi vocación es enseñar y quiero seguir enseñándole a los jóvenes. La minería te da un crecimiento profesional y personal enorme, pero hay que capacitarse y saber aprovechar las oportunidades". Mientras recarga energías junto a los suyos, la cordillera aguarda por el regreso del maestro que dejó su nombre grabado en la montaña.
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Fuente: Tiempo de San Juan
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