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Pizza, parrilla y sin bondi: cómo viven los barrios del conurbano bonaerense la crisis económica que generó Milei

Los salarios deteriorados, las tarifas en alza y la informalidad creciente empuja a miles de trabajadores del Conurbano al rebusque permanente para conseguir ingresos dentro de sus propios barrios. Y en la frustración económica, mu…

Por Rodrigo Núñez6 min de lectura
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Pizza, parrilla y sin bondi: cómo viven los barrios del conurbano bonaerense la crisis económica  que generó Milei
Pizza, parrilla y sin bondi: cómo viven los barrios del conurbano bonaerense la crisis económica que generó Milei · Foto: El Destape

Rodrigo Núñez

En la rotonda Gutiérrez, ruta 2 kilómetro 40 de Florencio Varela, se ubica el Parque Industrial y Tecnológico. Allí encuestaron a trabajadores para saber cómo impacta la crisis económica en sus familias. "En lo que refiere al impacto en los colectivos lo vemos en los laburantes, que les cuesta mucho venir hasta acá y hacemos itinerarios para tratar de aliviar esa situación", deslizó una fuente cercana al municipio. Lo que sucede en Varela, como en otros distritos del conurbano bonaerense, es que la fisonomía laboral atraviesa una transformación silenciosa pero profunda.

Viajar desde la periferia hacia la Ciudad de Buenos Aires o hacia los nodos logísticos urbanos empieza a dejar de ser una opción viable para miles de familias debido a la implacable crisis de ingresos. Entre la destrucción de puestos de trabajo en el segmento formal y el encarecimiento del transporte público que absorbe una porción desproporcionada de los salarios, los trabajadores de menores recursos se ven obligados a refugiarse en la informalidaddentro de sus propios barrios. Algo que podría denominarse como el verdadero "fenómeno barrial" del que suele jactarse el presidente Javier Milei para autocongratularse en redes sociales.

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El fenómeno de la "retracción laboral" comenzó a redibujar la movilidad en el conurbano bonaerense, elemento que explica el incremento de la informalidad al 44,2% en el primer trimestre, según datos del Indec. La cifra representa un incremento de dos puntos respecto al año pasado y un récord histórico al revisar las estadísticas oficiales.

Ante la quita de subsidios de Nación y con el boleto mínimo de los colectivos provinciales y municipales consolidado por encima de los $ 1.000, el empeoramiento de las frecuencias ferroviarias y un subte que supera los $ 1.500, los viáticos diarios pueden significar hasta un 30% de un sueldo promedio. A esto se le suma un gasto logístico como la comida fuera del hogar, que termina por licuar el beneficio neto de una jornada laboral.

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Esta crisis de movilidad se sufre con especial crudeza en las localidades más alejadas de las vías. En las localidades de Moreno, en Merlo, en Bosques e Ingeniero Allan en Florencio Varela, Guernica en Almirante Brown, en José C. Paz y La Matanza, y la lista podría seguir por los cordones. Pagan por colectivos caros solo para llegar a la estación de tren que los acerque a tomarse otro servicio de transporte. La necesidad de triplicar el gasto antes de cruzar el límite con la Ciudad se torna prohibitivo.

Las ramas de actividad con menor margen de negociación paritaria son las que registran los mayores niveles de ausentismo y deserción. Al tratarse de empleos en los que el teletrabajo es estructuralmente imposible, la ganancia neta se diluye por completo arriba de las unidades de transporte. Son el personal de casas particulares y tareas de limpieza, los trabajadores de la construcción, los repositores de comercio y playeros de estaciones de servicio, textiles y gastronómicos en categorías iniciales.

Y para aquellos que caen en la volteada del industricidio que propicia el gobierno libertario, salir a buscar trabajo o sostener una postulación laboral en áreas alejadas demanda hoy una inversión de entre $ 12.000 y $ 15.000 diarios entre viáticos y un sánguche, un costo que muchos desocupados no pueden afrontar.

El Destape se contactó con representantes de distintos municipios bonaerenses para explicar la visión territorial  de la crisis. Los testimonios son elocuentes.

José C. Paz: "El tejido social muestra alarmantes signos de deterioro. Actualmente se coordinan unas 70 ollas populares por mes y las plazas públicas volvieron a poblarse de ferias de trueque. En paralelo, la recaudación del municipio cayó muy fuerte... se está cobrando apenas el 18% de lo que se debería".

Moreno: "Las plazas céntricas y de barrio registran una explosión de venta ambulante espontánea. Los vecinos retiran de sus hogares cualquier objeto de valor para comerciarlo en ferias vecinales organizadas de forma autónoma. Si bien la intendencia intenta ordenar la actividad en los centros comerciales del distrito y los barrios, el crecimiento es muy acelerado".

Quilmes: "El perfil de distritos como el nuestro siempre se emparentó con la idea de ciudad dormitorio, donde los laburantes van y vienen constantemente. Pero lo que se percibe es una suba importante de pequeños comercios informales familiares, como quioscos o ventanas de atención hogareña, abiertos por quienes lograron conservar un mínimo ahorro. Lo que pasa es que la saturación de estos emprendimientos choca de frente con el desplome generalizado del consumo local".

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A pesar de la intensificación local del rebusque, el ex ministro de Desarrollo Social Daniel Arroyo explicó que incluso las changas tradicionales muestran señales de agotamiento. Históricamente, muchas actividades informales dependían del consumo de los sectores medios. Pero con ingresos cada vez más ajustados incluso en ese segmento, ese "derrame" económico también se redujo.

Las excepciones a la contracción changuera se pueden hallar en las tareas de cuidado en hogares de cercanía por significar un gasto imposible de comprimir. Lo mismo pasa con un leve repunte en la construcción para el universo privado, ya que la obra pública permanece congelada.

Ante la falta de liquidez en las barriadas, proliferan emprendimientos gastronómicos de subsistencia —como la venta callejera de pizzas, carne o empanadas en las esquinas—, que rápidamente encuentran un cuello de botella por la falta de poder adquisitivo de los propios vecinos. Al mismo tiempo, como las familias ya no disponen de ahorros propios para prestarse dinero entre parientes, se observa una peligrosa expansión de redes informales de préstamos financieros con altas tasas de interés, afectando por igual a trabajadores formales e informales. Morosidad reconocida por el Banco Central y la calle, donde las pegatinas de publicidades de préstamos "con o sin veraz" ya forman parte del paisaje.

A diferencia de otros momentos históricos, Arroyo señaló que la actual crisis económica no se expresa necesariamente en "grandes estallidos sociales". El ex diputado nacional sostuvo que la situación de desgaste silencioso que ocurre dentro de los hogares lleva a la "implosión más que a la explosión".

Otro plafón de contención social que remarcó es la fuerte presencia de mecanismos de transferencia económica directa implementados por el Estado en las últimas dos décadas, lo cual evita un desborde definitivo de la crisis. Ni Milei se animó a sostener un ajuste en la partida destinada al pago de la Asignación Universal por Hijo.

La reconfiguración de los circuitos barriales y el desarme de la informalidad es el peligroso desafío que dejará el tendal libertario. No porque no sea necesario, sino por el umbral de precariedad a reconvertir en mano de obra capacitada de actividades laborales que paguen buenos salarios.

Fuente: El Destape

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