Por qué creció la morosidad en San Juan y cuáles son los mayores errores de los deudores
La pérdida de poder adquisitivo, el aumento de los gastos esenciales y la facilidad para acceder a créditos explican parte del crecimiento del endeudamiento de las familias. Los economistas sanjuaninos Gerardo Mestre y Marianela Gayá analizaron las principales causas del fenómeno…

El endeudamiento de las familias dejó de estar asociado únicamente a la compra de bienes durables o a gastos extraordinarios y pasó a ocupar un lugar cada vez más importante en la economía cotidiana de los hogares. En San Juan, especialistas advierten que una combinación de pérdida de poder adquisitivo, aumento de los gastos esenciales, facilidad para acceder a créditos y tasas de interés elevadas está llevando a muchas personas a recurrir al financiamiento para cubrir necesidades básicas.
Un relevamiento realizado por Amas de Casa del País durante junio sobre 400 personas de la provincia mostró que 301 encuestados, equivalentes al 75,25%, tenían deudas al momento de responder. Entre quienes habían recurrido al financiamiento, 284 personas, el 94%, señalaron que utilizaron el dinero para comprar alimentos. A su vez, 203 personas, el 67,4%, lo destinaron al pago de servicios públicos y 160, el 53,2%, a gastos de salud.
El escenario fue analizado por los economistas sanjuaninos Gerardo Mestre y Marianela Gayá, quienes explicaron a Tiempo de San Juan cuáles son las razones detrás del crecimiento del endeudamiento y qué decisiones pueden profundizar todavía más el problema.
Para Mestre, uno de los principales factores que permite entender el fenómeno es la evolución del salario real. El economista sostuvo que, al observar los últimos dos o tres años, en buena parte de los sectores de la economía los ingresos perdieron poder de compra frente a la inflación.
Aunque aclaró que existen actividades en las que la situación fue diferente, señaló que en términos generales muchos asalariados no lograron obtener incrementos que empataran o superaran la suba de precios.
El problema no termina allí. Según explicó, dentro del presupuesto familiar existen gastos que son difíciles de evitar, como la energía, el gas, el agua e internet. Se trata de servicios que deben pagarse todos los meses y que, de acuerdo con su análisis, tuvieron aumentos importantes durante los últimos años.
Si el ingreso de una familia pierde capacidad de compra y, al mismo tiempo, una parte creciente de ese ingreso debe destinarse a servicios, queda menos dinero disponible para otros consumos.
Ese menor ingreso disponible repercute en alimentación, educación, salud y actividades que anteriormente podían formar parte del presupuesto familiar. Mestre planteó que algunas familias que antes podían afrontar determinados gastos educativos o contar con cobertura médica privada ahora deben reducir esas prestaciones o directamente abandonarlas.
En ese contexto, el crédito aparece como una herramienta para intentar mantener el nivel de vida o, en los casos más complicados, simplemente para llegar a fin de mes.
Otro de los factores señalados por Gayá es la facilidad con la que actualmente se puede acceder a un préstamo. Bancos, billeteras virtuales y fintech ofrecen créditos preaprobados, adelantos de dinero y otras alternativas que pueden gestionarse rápidamente desde un teléfono celular.
La facilidad para conseguir el dinero, sin embargo, no significa que el financiamiento sea barato. Las tasas de interés y el costo financiero total pueden hacer que una deuda aumente rápidamente cuando no se cancela en tiempo y forma. Por eso, una de las principales recomendaciones de la especialista apunta a no analizar solamente el valor de la cuota.
Uno de los errores más frecuentes es observar una cuota y pensar únicamente si el monto puede pagarse cada mes. Para conocer el verdadero costo de un préstamo es necesario tener en cuenta cuántas cuotas se deberán abonar, cuál es la tasa de interés y cuánto dinero se terminará devolviendo.
La diferencia puede ser importante. Una cuota que inicialmente parece accesible puede terminar representando un compromiso considerable cuando se suman los intereses de todo el período.
A esto se agrega otro problema. En un contexto de ingresos ajustados, una familia puede asumir una cuota que puede pagar durante uno o dos meses, pero que luego se vuelve difícil de sostener ante cualquier gasto imprevisto. El resultado puede ser el ingreso en mora y la necesidad de buscar una nueva fuente de financiamiento.
Entre las decisiones que pueden agravar la situación, Gayá identificó cuatro conductas frecuentes. Una de ellas es pagar solamente el mínimo de la tarjeta de crédito. Si bien esta alternativa permite evitar una mora inmediata, el saldo restante continúa generando intereses. De esta manera, la deuda puede trasladarse al mes siguiente y aumentar progresivamente.
Otro error consiste en mirar únicamente la cuota de un préstamo y no su costo total. Para Gayá, antes de aceptar un financiamiento es fundamental conocer la tasa, el costo financiero total, la cantidad de cuotas y el monto final que se devolverá.
El tercer punto es sacar un préstamo para cancelar otro. Esta práctica no necesariamente es perjudicial si el nuevo crédito permite reducir la tasa o el costo financiero. En ese caso, puede servir para reemplazar una deuda más cara por otra más conveniente.
El problema aparece cuando se toma un nuevo préstamo con condiciones similares o peores solamente para postergar el vencimiento. Allí comienza una cadena de obligaciones que puede terminar aumentando cada vez más el monto adeudado.
El cuarto error es ignorar la deuda. Dejar de abrir los resúmenes, no ingresar a las aplicaciones o no responder los llamados de las entidades financieras no hace desaparecer la obligación. Por el contrario, la deuda puede continuar acumulando intereses y gastos vinculados con la mora.
Mestre explicó que el recorrido del endeudamiento puede comenzar dentro del sistema financiero tradicional, continuar en bancos digitales o fintech y, cuando esas alternativas dejan de estar disponibles, trasladarse al circuito informal.
En barrios y conglomerados urbanos, señaló, también existen prestamistas particulares que ofrecen dinero a personas que ya tienen dificultades para acceder al sistema financiero formal. En esos casos, las condiciones pueden ser todavía más desfavorables.
El problema se profundiza cuando una persona llega al vencimiento y no puede cancelar la totalidad de la deuda. Allí puede volver a pedir dinero para pagar el préstamo anterior y, posteriormente, necesitar otro financiamiento para cubrir la nueva obligación.
Mestre describió este proceso como una "bola de nieve" de deuda. También señaló que algunas familias terminan en situación de impago tanto dentro del sistema formal como en el informal.
La situación adquiere mayor gravedad cuando el dinero obtenido no se destina a una inversión o a la compra de un bien durable, sino a cubrir necesidades primarias.
Los datos del relevamiento provincial reflejan justamente esa característica. Además de los alimentos, los servicios públicos y la salud, 108 personas, el 35,9%, indicaron que utilizaron financiamiento para gastos educativos.
En cuanto a los tipos de deuda, los servicios públicos ocuparon el primer lugar entre los compromisos mencionados, con 163 personas, el 54,2%. Luego aparecieron las tarjetas de crédito, con 159 casos, el 52,8%, y los préstamos personales o financieros, con 147 menciones, el 48,8%.
También se registraron 92 personas, el 30,6%, que recurrían al fiado en comercios de cercanía y 24, el 8%, que tenían deudas en farmacias.
Para Mestre, detrás de estos números existe un problema que excede la cuestión estrictamente financiera. Cuando una familia utiliza el crédito para comprar alimentos, pagar servicios o afrontar gastos de salud, el endeudamiento pasa a funcionar como una extensión del ingreso mensual.
Tanto la facilidad para acceder al crédito como las dificultades económicas pueden explicar una parte del fenómeno, pero los especialistas también señalaron la importancia de contar con herramientas para tomar decisiones financieras.
Mestre reconoció que existe un componente vinculado con la falta de educación financiera, aunque consideró que no explica por sí solo el crecimiento del endeudamiento. En su análisis, se trata de un factor que puede agravar una situación que comienza por la pérdida de ingresos reales y el aumento de los gastos.
Conocer la diferencia entre una cuota y el costo financiero total, comprender cómo funcionan los intereses y saber qué consecuencias tiene pagar solamente el mínimo de una tarjeta puede marcar una diferencia a la hora de asumir una nueva obligación.
La recomendación también alcanza a quienes evalúan tomar un crédito para cancelar otro. Antes de hacerlo, es necesario determinar si efectivamente se reduce la tasa y el costo total. Si la nueva deuda solamente permite ganar tiempo, puede terminar profundizando el problema.
El escenario que describen los economistas se combina con los datos del relevamiento realizado en San Juan, donde el endeudamiento aparece con mayor fuerza entre los adultos en edad laboral y con responsabilidades familiares.
El grupo de 51 a 60 años concentró el 30,8% de las respuestas, seguido por las personas de 41 a 50 años, con el 26,1%, y las de 31 a 40 años, con el 24,7%.
Así, el problema no se reduce a la existencia de una deuda, sino a la posibilidad de sostenerla sin comprometer otros gastos esenciales. Cuando el ingreso no alcanza, el crédito puede resolver una urgencia inmediata, pero si las condiciones no son favorables o se utiliza para cancelar obligaciones anteriores, puede convertirse en el comienzo de un ciclo cada vez más difícil de cortar.
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Fuente: Tiempo de San Juan
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