Por qué el aburrimiento estratégico es beneficioso para el cerebro
La Red Neuronal por Defecto se activa cuando la mente se dispersa sin culpa ni estímulos externos. Es una decisión, no un castigo.

Resumen para apurados
Durante décadas se pensó que cuando el aburrimiento apaga el cerebro. Hoy, la neurociencia sabe que es todo lo contrario. Cuando se deja de prestar atención a un estímulo externo (como una pantalla), se enciende una red gigante de regiones cerebrales llamada Red Neuronal por Defecto (RND). Por eso hay que incentivar el aburrimiento consciente estratégico. Suena raro, sí. ¿Cómo va a ser estratégico algo que normalmente arrastra una connotación de pérdida de tiempo?
El truco está en que no es aburrirse con sufrimiento, ese del que huye la mente atrapada en una fila de banco o en una reunión eterna. Es una decisión; el acto voluntario de no hacer absolutamente nada y permitir que la mente se disperse, sin culpa y sin estímulos externos.
Es una combinación rara porque requiere disciplina para no hacer nada. Usamos el aburrimiento no como un castigo, sino en beneficio de la creatividad y la salud mental. Neil Gaiman, uno de los escritores de fantasía más importantes de la actualidad, cuenta que de niño, cuando lo castigaban mandándolo a su cuarto sin juguetes ni televisión, o cuando simplemente no había nada que hacer en los veranos galeses, se sentaba a mirar el techo.
Gaiman suele decir en sus conferencias: "Te obligaban a aburrirte. Y el aburrimiento es el lugar donde nacen las historias. Cuando estás aburrido, tu mente no tiene más remedio que inventar algo más interesante que el mundo que te rodea".
Al final, ese castigo terminó siendo el caldo de cultivo para su mente hiperactiva que en esos momentos estaba privada del ruido exterior, aburrida, el estado para descubrirse.
Los especialistas sugieren hábitos sencillos que pueden dar resultado. Tomar un café o un té mirando por la ventana durante 5 o 10 minutos. Sin música, sin podcast, sin mirar el teléfono. Solo uno mismo, el café y los pensamientos. Dar una vuelta a la manzana o pasear a la mascota dejando el teléfono en casa. Durante la caminata mirar las casas, los árboles, la gente; que la mente divague.
En la fila del banco, el supermercado o un semáforo, hay que resistir el impulso de sacar el celular, son los momentos que más se adaptan a lo que sugieren los investigadores por lo que no hay que desaprovecharlos. Lavar los platos, doblar la ropa o barrer sin poner la tele o un video de fondo de modo que las manos se muevan solas mientras la mente vuela.
Al principio, el aburrimiento consciente se siente casi insoportable, porque la mente moderna no está configurada para el silencio. Pero si se aguanta los primeros dos minutos de incomodidad, del otro lado no hay vacío, sino una profunda sensación de paz, claridad y, muy probablemente, una chispa de creatividad olvidada.
Fuente: La Gaceta
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