¿Por qué es tan difícil hacerle un gol a Atlético Tucumán? Así transformó Falcioni la defensa del "Decano"
Con ocho vallas invictas en nueve partidos, el equipo encontró en el orden, el repliegue y el sacrificio colectivo las claves de su solidez.

Resumen para apurados
Atlético Tucumán se convirtió en un equipo difícil de batir. Pasó de sumar puntos a duras penas a competir al máximo en cada partido. Si juega bien, puede ganarte e incluso golearte; si tiene una mala tarde, salvo algún traspié, suele encontrar la manera de sostenerse y rescatar algo. Detrás de esa seguridad hay una faceta del juego en la que el equipo evolucionó por completo: la defensa.
Una estadística resume el cambio. Con el 0-0 frente a Instituto, el "Decano" alcanzó ocho vallas invictas en sus últimos nueve partidos. Es un registro significativo, aspiracional para cualquier equipo que pretende pelear arriba. Atlético tal vez todavía no esté en ese escalón, pero Julio César Falcioni, arquitecto de esta estructura, sabe que el camino es paso a paso. Y que, muchas veces, los equipos se construyen de atrás hacia adelante.
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El contraste es contundente. Antes de esta racha, el equipo de 25 de Mayo y Chile había recibido 21 goles en 16 partidos. En los últimos nueve apenas le marcaron dos. No hay casualidad detrás de semejante transformación: la explicación aparece fundamentalmente en la consolidación de una propuesta táctica que comenzó a dar señales sobre el cierre del primer semestre y que hoy parece haber alcanzado su versión más sólida.
¿Cómo hace este Atlético para defender tan bien? La primera respuesta está en la estructura. El 4-1-4-1 de Falcioni suele convertirse, sin pelota, en un bloque bajo o medio-bajo en el que casi todos los futbolistas quedan detrás de la línea del balón. Puede resignar presencia en el área rival, pero privilegia algo que el entrenador detectó como una necesidad desde su llegada: proteger el centro de la cancha.
Por eso ubica a un volante central por delante de los cuatro defensores y detrás de una línea de cuatro mediocampistas. Su misión es funcionar como tapón, cerrar líneas de pase, realizar relevos y evitar que el rival encuentre receptores cómodos entre líneas. Con el tiempo, Falcioni encontró en Leonel Vega al intérprete ideal para esa tarea.
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Frente a Instituto volvió a demostrarlo. El tucumano lideró al equipo en entradas (9), intercepciones (3), duelos ganados (12) y acciones defensivas (18). Además, terminó con un 96% de efectividad en los pases. Pero su impacto va más allá de los números: con Vega en esa función, Atlético todavía no perdió y apenas recibió un gol.
A partir de él se forma un triángulo defensivo que explica buena parte de la solidez reciente. Detrás aparecen Clever Ferreira y Luciano Vallejo, otra sociedad que creció con el correr de los partidos. Los centrales ganan duelos aéreos, anticipan, sostienen bien los cruces y, sobre todo, ordenan. Esa estabilidad también repercutió directamente en Luis Ingolotti.
El arquero parece otro respecto del que sufrió durante buena parte del Apertura, cuando cada llegada rival daba sensación de peligro. Las vallas invictas fueron reconstruyendo su confianza y ahora empezó a hacerse habitual que responda con una atajada importante cuando el equipo lo necesita. Falcioni lo respaldó en su momento más difícil; hoy, con una estructura que lo protege, Ingolotti empezó a devolver ese respaldo con actuaciones cada vez más seguras.
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La evolución defensiva también se completa con los laterales. Están mejor parados, cuidan con mayor atención sus espaldas y tienen una misión prioritaria: evitar que el rival pueda lanzar con comodidad. Falcioni entiende que la mejor manera de defender un centro no es necesariamente despejarlo, sino impedir que salga.
Sin embargo, la principal clave vuelve a estar en la mitad de la cancha. Lautaro Godoy y Franco Nicola, los dos interiores que se posicionan por delante de Vega, realizan un trabajo determinante, especialmente en las transiciones defensivas. Cada vez que el "Decano" pierde la pelota, ambos tienen la obligación de retroceder rápidamente para volver a quedar detrás de la línea del balón.
Corren, cierran y vuelven a correr. Y ese sacrificio tiene un costo considerable porque, una vez recuperada la pelota, también deben transformarse en piezas creativas para atacar. Tanto Godoy como Nicola evolucionaron en una faceta que no era necesariamente su principal virtud: ganar duelos, recuperar y sostener el equilibrio colectivo.
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Los números físicos ayudan a dimensionar ese desgaste. Nicola registra en promedio 5,3 kilómetros de carrera de alta intensidad, 11,1 sprints y una velocidad máxima de 34,6 km/h por cada 90 minutos. Godoy alcanza también 5,3 kilómetros, con 8,1 sprints y una máxima de 35 km/h. Por las bandas, la exigencia crece todavía más: Nicolás Laméndola llega a 6,4 kilómetros y 11 sprints, mientras que Renzo Tesuri registra 6,9 kilómetros y 15 sprints por partido.
Incluso el delantero tiene responsabilidades dentro de ese engranaje. Aunque su función principal siga siendo convertir, también debe colaborar sin pelota: tapar líneas de pase cuando resto espera detrás del círculo central y aportar altura en las acciones de pelota parada defensiva, otra vía en la que el equipo mejoró de manera considerable.
Por eso, tal vez, la explicación esté en lo colectivo. Atlético defiende bien porque se ordena como equipo. Más allá de que los rendimientos individuales se potenciaron, cada jugador entiende cuándo cerrar, cubrir y retroceder. Ese funcionamiento convirtió al "Decano" en un rival mucho más difícil de lastimar. Y cuando eso pasa, las chances de sumar se multiplican. Falcioni lo sabe mejor que nadie.
Fuente: La Gaceta
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