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Pregón Misionero atesora parte de la historia obereña

El Semanario Pregón Misionero celebró sus 60 años de historia en Oberá. Carlos Gil Navarro recordó el legado de su fundador.

Por Viviana Bonada5 min de lectura
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Pregón Misionero atesora parte de la historia obereña
Pregón Misionero atesora parte de la historia obereña · Foto: Primera Edición

"Mi padre consideraba que Oberá no podía quedar sin su historia escrita y me parece que cumplió el propósito que tuvo en su momento", manifestó Carlos Gil Navarro (62), al referirse a Aldo Rubén Gil Navarro, creador del Semanario "Pregón Misionero", que el 9 de julio cumplió 60 años "contando la historia" de esta pujante ciudad de la zona centro. Lo hizo ante un auditorio colmado que acudió al ciclo de charlas organizadas por la Junta de Estudios Históricos en la Casa de la Historia y la Cultura del Bicentenario. Durante esta edición especial, el actual director periodístico se refirió a las dificultades de los inicios, hasta los apuros del día de cierre en la actualidad. "Lo que hacemos es muy importante para la ciudad, que se acerca al centenario. Cumplimos 60, eso quiere decir que más de la mitad de esos años estamos escribiendo la historia de Oberá", dijo.

Recordó que existen tres libros de su padre que están basados en los archivos que se atesoran en Pregón Misionero. "Creo que es importante continuar con esta labor, más allá de que es difícil. Como obereño me siento orgulloso de contribuir con un granito de arena para que, en veinte, treinta años, se necesite algo y nuestras páginas hayan servido para eso", agregó quien aprendió los "lineamientos" de manos de su progenitor. "Me gusta que me llamen narrador. Me gusta más el organigrama y lo que es organizar para la salida del semanario. Es como si cada viernes diera a luz a un hijito nuevo", sintetizó, quien de niño acompañaba a su padre a "llevar todo a la imprenta Pregón, de Eduardo Clérici, un paraguayo, que tenía el local por calle Santa Fe. Siempre iba con él, también a la radio porque tenía programas en LT13".

Contó que para el número 0 se imprimieron ocho páginas, con un diseño de Waldemar Hedman, su padrino, y con el latiguillo: "Del Centro de Misiones para toda la provincia".

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Expresó que durante los primeros tiempos "era una odisea porque la impresión se hacía con un sistema de máquinas planas, letra por letra. Así fue por mucho tiempo. Luego Clérici se ausentó de Oberá. En 1975 y durante casi un año se hicieron las impresiones en Buenos Aires. Se mandaba por Austral Líneas Aéreas y volvían los impresos. Fue bastante complicado y bastante oneroso". Su padre, "que era muy emprendedor, que nunca tuvo dinero, pero siempre tuvo ideas, sugería que había que endeudarse para poder hacer las cosas. Advertía que, si no tenemos talleres propios, no podemos seguir con esto".

En 1977, adquirió nuevas impresoras offset. "Acá no había ese tipo de máquinas por lo que los colegas que tenían imprentas, venían a verlas. Fueron siete millones de pesos que se tomaron del Banco de Desarrollo de Posadas para la compra de estas impresoras y otros implementos. Gracias a eso, hoy podemos seguir con Pregón Misionero sin depender de terceros", celebró.

A mitad de la charla, Carlos Gil Navarro reflexionó sobre la importancia de volver a leer el papel: sea una revista, un semanario, un diario, un libro, "de poder encontrarnos nuevamente, de poder tomarnos nuestro tiempo, que no todo sea vertiginoso. Que aprovechemos, que disfrutemos, que aprendamos, porque leyendo se aprende mucho y no es lo mismo sentarse a tomar un mate y leer un diario que estar con el celular.Sería importante hacer una campaña entre todos para que se vuelva a la lectura, porque la lectura nos enseña a hablar, a escribir, es una cosa fundamental".

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Entre las anécdotas citó una relatada por "Chango" Moreyra sobre el bautismo de Oberá como "Capital del Monte" cuando el viejo Café San Martín era el lugar obligado, la cita permanente de las "fuerzas vivas" de entonces: el abogado, el escribano, el médico, el comerciante, el yerbatero, el periodista, en fin, los representativos se reunían ahí para comentar lo que ocurría en el ambiente. Recuerdo la escena de ese día y me parece estar alrededor del farmacéutico Eugenio Rodríguez, el médico Andrade, Miguel de Sagastizabal, Marcos Kanner, Juan Musquere, el escribano Moscon, el abogado Orlando Gil Navarro, los periodistas Santos Moreyra y Lloyd Wicström. Falta mencionar al actor principal: el poeta Manuel Antonio "Manolo" Ramírez, que observaba por la ventana del café los distintos caminitos de tierra que adornaban la avenida Sarmiento. Uno que se perdía en el Club Social, el hotel Oberá, otro se dirigía al actual edificio municipal, otro que iba hacia la terminal y el sanatorio de Bertoldi, otro hacia la casa de dos pisos. Carros polacos, hombres de a pie con bolsas al hombro, indios con flechas, canastos y criaturas colgando. De repente "Manolo" se levantó y como posesionado gritó: ¡Mirá esto, la Capital del Monte!… Ya está… ¡La Capital del Monte! Y golpeando al mismo tiempo la mesa agregó como ratificando la idea que dominó su pensamiento: ¡Ya está, la Capital del Monte!: ¡Acá me quedo! Y así quedó bautizada nuestra ciudad. Así hay miles de anécdotas que se guardan en los archivos.

"La importancia de un archivo es que puede contener cosas pequeñas o grandes que acontecieron en la ciudad, pero que hacen a la historia de Oberá", aseveró.

Aldo Rubén Gil Navarro nació en Capital Federal el 4 de enero de 1926 y falleció el 10 de julio de 2021. A fines de 1940 se radicó en Oberá, cuando el entonces pueblo cumplía doce años, por lo que fue testigo y partícipe de la evolución. Historiador, periodista y escritor, fundó el Semanario "Pregón Misionero" el 9 de julio de 1966, habiendo sido director general, editorialista y columnista de este medio gráfico.

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Fue presidente de la Junta de Estudios Históricos de Oberá y distinguido con el título de Mayor Notable Argentino por la Cámara de Diputados de la Nación por su invaluable aporte a la cultura. También ejerció la docencia como profesor de historia e instrucción cívica en el colegio Nacional Amadeo Bonpland. Su aporte histórico quedó plasmado en los tres libros de su autoría: "Un lugar llamado Yerbal Viejo", "La sorprendente Oberá" y "Oberá Ciudad", narrando la historia viva de la Capital del Monte desde 1912 hasta el 2000.

Fuente: Primera Edición

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