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Proponen crear un Estudiantinódromo en la ex Usina Sulzer de Posadas

El proyecto busca reducir el impacto sonoro de los ensayos y mejorar la convivencia urbana mediante boxes acústicos, aulas, escenarios y un sector para guardar chanchas.

Por El Territorio7 min de lectura
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Proponen crear un Estudiantinódromo en la ex Usina Sulzer de Posadas
Proponen crear un Estudiantinódromo en la ex Usina Sulzer de Posadas · Foto: El Territorio

La Estudiantina forma parte de la identidad cultural de Posadas y representa para los jóvenes una instancia de encuentro, expresión artística y trabajo colectivo. Sin embargo, detrás de la celebración también aparecen conflictos vinculados con el ruido, la ocupación del espacio público y la falta de infraestructura para los ensayos. Frente a esa tensión, la arquitecta y urbanista Luciana Passerini impulsa la creación de un Estudiantinódromo en la ex Usina Sulzer, con sectores acústicamente tratados que permitan sostener la tradición sin desatender el descanso y la salud de los vecinos.

"Comenzó a llamarme la atención tener ruido en mi casa y no poder estar, dormir ni hacer yoga", recordó Passerini. A partir de esa experiencia comenzó a recopilar antecedentes, reclamos y alternativas para abordar la situación desde la arquitectura, el urbanismo, la salud y la convivencia. La investigación reúne información desde 2016 y fue actualizándose a medida que aparecieron nuevas necesidades y posibilidades de intervención.

"Soy arquitecta y urbanista, por eso pude investigar y poner el foco en este proyecto. Mi trabajo se basa en el humanismo, me interesa lo social", manifestó. Desde esa perspectiva, la iniciativa no se limita a una obra, sino que incorpora aspectos relacionados con el patrimonio, el ambiente, la educación, la seguridad de los estudiantes y el derecho de los vecinos a vivir en condiciones saludables.

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Antes de llegar a la propuesta actual se estudiaron distintas opciones. Una consistía en distribuir los ensayos por barrios, con un cronograma rotativo para evitar que el impacto sonoro se concentrara siempre en el mismo sector. También se evaluó el Estu Móvil, basado en contenedores, aulas y sanitarios trasladables, además del uso de clubes, salones, galpones y otros lugares cerrados que pudieran recibir acondicionamiento acústico.

La alternativa más desarrollada propone recuperar la ex Usina Sulzer, situada en El Brete, cerca del lugar donde los estudiantes ensayan desde hace más de diez años. El objetivo es transformar el edificio histórico en un polo cultural joven que pueda recibir las prácticas, las noches de calle y otras actividades. Su ubicación permitiría intervenir sobre una dinámica existente sin trasladar a los participantes a un punto alejado o de difícil acceso.

"Es el proyecto más importante porque es el último que pensamos para ordenar a los estudiantes y a la ciudad. La ex Usina Sulzer está ubicada en el lugar donde los jóvenes ya ensayan", sostuvo Passerini. La elección busca resignificar el patrimonio industrial y brindar a la Estudiantina una sede con los servicios que actualmente no posee.

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El programa incluye boxes acústicos, escenarios exteriores, sectores para cuerpos de baile, un auditorio, aulas para talleres y un museo de la Estudiantina. También contempla un polo gastronómico, sanitarios, iluminación, áreas de descanso, estacionamiento para automóviles y bicicletas, parada de transporte público y lugares identificados para guardar las chanchas y los instrumentos de cada colegio.

En materia ambiental, la propuesta incorpora especies nativas, puntos para separar residuos, paneles solares destinados a la iluminación y un sistema de captación de agua de lluvia para sanitarios, limpieza y riego. El paisajismo, además de mejorar el entorno, formaría parte de las medidas previstas para amortiguar la propagación del sonido y vincular el edificio con el río y la costanera.

"Démosles un espacio propio y tratemos el tema sonoro, que es en realidad lo invasivo e insalubre que carga con la Estudiantina", planteó la profesional. Aclaró que reconocer esa problemática no significa estar en contra de la fiesta, sino buscar condiciones adecuadas para sostenerla sin trasladar sus consecuencias a quienes viven cerca de los lugares de ensayo.

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Precisamente, el documento arquitectónico define la intervención como "una caja de sonido dentro de una caja urbana". El sistema prevé instalar dentro del edificio un núcleo independiente con pisos flotantes, muros dobles, cámaras de aire, lana mineral, cielorrasos suspendidos y puertas herméticas. Al evitar el contacto rígido entre las estructuras, se reduciría la transmisión de vibraciones hacia el exterior.

La propuesta diferencia el acondicionamiento acústico, que mejora la calidad del sonido dentro de una sala, de la insonorización, necesaria para impedir que ingrese o salga. Además de los boxes, el diseño incorpora accesos con doble filtro, muros perimetrales y barreras verdes compuestas por vegetación densa.

Otro punto es el estacionamiento de chanchas, con espacios separados por institución. La medida evitaría los traslados diarios por calles y avenidas, reduciría el esfuerzo físico de los estudiantes y disminuiría el riesgo de accidentes, robos y roturas. Cada colegio mantendría la responsabilidad sobre sus elementos, mientras el predio debería contar con seguridad y acompañamiento institucional.

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La planificación toma como referencia la participación de alrededor de treinta colegios y propone turnos rotativos de una hora y media, dos días no consecutivos por semana. El cronograma se complementaría con horarios para los cuerpos de baile y otros sectores de práctica. Así se busca distribuir el uso del lugar, evitar la concentración sonora y ofrecer condiciones similares a todas las instituciones.

Más allá de los ensayos, el Estudiantinódromo es pensado como un ámbito educativo. El proyecto incluye talleres de percusión, ritmo, producción de sonido, expresión corporal, coreografía, vestuario, escenografía, iluminación y mantenimiento de instrumentos. A ello se sumarían apoyo escolar, tutorías, organización del tiempo, convivencia, trabajo colaborativo y gestión de proyectos culturales.

"Además de formarse en grupo y construir identidad, ¿se les está enseñando a los estudiantes secundarios el respeto y la empatía hacia el otro?", interrogó Passerini. Para la arquitecta, el aprendizaje no debería terminar en la experiencia de quienes participan, sino incluir el reconocimiento de las personas que se encuentran fuera de la actividad y reciben diariamente sus efectos.

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La investigación menciona posibles consecuencias de la exposición prolongada al ruido, entre ellas alteraciones del sueño, fatiga, irritabilidad, desconcentración y deterioro del estado de ánimo. También advierte sobre la sensibilidad de personas con autismo, adultos mayores y quienes atraviesan problemas de salud.

Los cuestionamientos cuentan con antecedentes públicos de larga data. En julio de 2018, El Territorio informó que la Municipalidad había recibido cerca de 600 denuncias por ruidos molestos desde el comienzo de los ensayos de ese año, con un promedio aproximado de veinte reclamos diarios y 60 llamados durante una sola jornada.

Según Passerini, varias presentaciones permanecen sin una respuesta definitiva desde hace más de ocho años. A su entender, existe una contradicción entre hablar de respeto y cuidado de los estudiantes mientras realizan sus actividades sin infraestructura, y sostener al mismo tiempo una organización que deja sin atención a los vecinos afectados.

"Estamos muy acostumbrados a escuchar, ver y estar solamente con quienes piensan como nosotros. Si pienso o siento distinto, soy tu enemiga, y no es así", reflexionó. Para la arquitecta, el proyecto se sostiene sobre la convivencia urbana, entendida como la capacidad de compartir un mismo ámbito de manera pacífica y reconocer que el entorno no está compuesto únicamente por personas afines.

Esa convivencia, requiere concientización, visibilización y educación, además de cooperación para distribuir responsabilidades y trabajar por el bien común. "No estamos solos, no somos una isla. Somos comunidad", remarcó. Desde esa mirada, los discursos sobre inclusión, respeto y cuidado deberían traducirse en decisiones que contemplen tanto a los estudiantes como a quienes residen en los alrededores.

La iniciativa también se fundamenta en el artículo 41 de la Constitución Nacional, que reconoce el derecho de todos los habitantes a un ambiente sano y equilibrado. La norma establece que las autoridades deben proteger ese derecho, utilizar racionalmente los recursos naturales y preservar el patrimonio natural y cultural, dos dimensiones que el proyecto busca compatibilizar.

"La intención es abrir el diálogo y reunir a todos los actores: el Estado, APES, Cultura, las instituciones educativas, los padres, los estudiantes, los vecinos damnificados y la comunidad", afirmó Passerini. La propuesta permanece abierta a estudios técnicos y aportes que permitan adecuarla a las condiciones reales de la ex Usina Sulzer y a las necesidades de Posadas.

Como parte de la investigación se realizó el documental audiovisual Estudiantinódromo, Posadas (2016–2025), destinado a visibilizar la problemática y abordar la relación entre la Estudiantina, el territorio y la convivencia urbana (https://www.youtube.com/watch?v=xkbM0oOsbUw&t=52s).

El Estudiantinódromo se presenta así como una propuesta de conciliación entre la expresión cultural y la vida cotidiana. No busca desplazar a los estudiantes ni debilitar una tradición arraigada, sino brindarles infraestructura y reducir efectos que actualmente quedan sin tratamiento. Su concreción todavía requiere planificación, decisiones públicas y acuerdos entre los sectores involucrados.

Quienes deseen conocer más sobre el proyecto, aportar ideas o participar pueden comunicarse a través de Instagram (@estudiantinodromo), Facebook (Estudiantinodromo Posadas) o por correo electrónico a estudiantinodromoposadas@gmail.com.

Fuente: El Territorio

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