Provincias con déficit: el desafío pendiente detrás de la reforma del Banco Central
El Gobierno nacional busca fortalecer la estabilidad eliminando el financiamiento del déficit con emisión monetaria. Pero las cuentas provinciales siguen mostrando fuertes desequilibrios. ¿Alcanza con modificar la Carta Orgánica del Banco Central?

En línea con el esfuerzo del Gobierno nacional por sostener el superávit fiscal, el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central apunta a reforzar su independencia e impedir que vuelva a utilizarse la emisión monetaria para financiar al Estado.
Al cerrar esta vía de financiamiento, se busca reforzar la disciplina fiscal: si la emisión deja de ser una alternativa, los distintos niveles de gobierno tendrán mayores incentivos para mantener sus cuentas equilibradas.
Pero la experiencia argentina muestra que no hay regla que sea inalterable. Durante la convertibilidad, el Banco Central tenía prohibido emitir dinero para financiar al Tesoro. Sin embargo, en 2002, en el marco de la crisis, se volvió a habilitar el financiamiento monetario con ciertos topes que, una década después, fueron flexibilizados.
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Por eso, blindar jurídicamente al BCRA es importante, pero no suficiente. Para que no haya necesidad de financiar desequilibrios, hay que avanzar en paralelo con el saneamiento de las cuentas públicas, particularmente las provinciales.
Mientras el Estado nacional muestra un superávit financiero del 0,1% del PIB, la situación de la mayoría de las provincias es muy diferente.
Los datos del Ministerio de Economía muestran un fuerte deterioro en las cuentas provinciales. En 2023, 13 de las 24 jurisdicciones tuvieron déficit financiero, que en conjunto equivalió al 0,55% del PIB. En 2024, el número se redujo a seis y el déficit acumulado cayó al 0,29% del PIB, en un contexto de fuerte licuación del gasto.
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Sin embargo, en 2025, esa mejora se revirtió: 14 provincias volvieron a registrar déficit financiero. Más preocupante todavía, 12 tuvieron déficit primario. Esto sugiere que lo ocurrido en 2024 respondió a la licuación del gasto provocada por la aceleración inflacionaria y no a una corrección estructural de las cuentas públicas.
El déficit primario es una señal especialmente relevante porque implica que los ingresos no alcanzan para cubrir los gastos, aun antes de pagar intereses de la deuda. En 2025, el resultado primario agregado de las provincias fue negativo en 0,23% del PIB.
Una de las principales presiones estructurales sobre el resultado primario de las provincias son los sistemas previsionales. En las provincias que mantienen cajas jubilatorias propias, el pago de jubilaciones y pensiones absorbe cerca de un 20% del gasto total. Además, luego de la fuerte licuación de 2024, el gasto previsional volvió a crecer en términos reales durante 2025. Se trata de una presión muy difícil de corregir en el corto plazo y que, en muchas provincias, constituye el principal factor de desequilibrio fiscal.
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Si se incorpora este resultado financiero provincial al de la Nación, se tiene que el sector público consolidado (nacional y provincial) termina mostrando un desequilibrio financiero de 0,36% del PIB.
La reforma del Banco Central contribuye a fortalecer la credibilidad y, por lo tanto, la estabilidad económica. Pero no puede sustituir el ordenamiento fiscal. Cuando los gastos superan persistentemente a los ingresos, el desequilibrio reaparece bajo alguna otra forma: más deuda, atraso de pagos, mayor presión tributaria, reclamos de asistencia a la Nación o, en última instancia, presiones para volver a flexibilizar las restricciones al financiamiento monetario.
Por eso, la solución requiere coordinación entre los tres niveles de gobierno. Una agenda de responsabilidad fiscal debería avanzar en una delimitación más clara de funciones entre Nación, provincias y municipios; una simplificación profunda del sistema tributario (haciendo que IVA absorba Ingresos Brutos y las tasas municipales sobre las ventas), y una estrategia conjunta para ordenar y homogeneizar los regímenes previsionales.
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Es un error suponer que la estabilidad macroeconómica incentivará el ordenamiento de las cuentas provinciales. La relación funciona en sentido inverso: sin provincias fiscalmente sostenibles, no hay estabilidad. Blindar al Banco Central es una pieza importante, pero para que la estabilidad sea duradera, el equilibrio fiscal debe transformarse en una regla para todo el Estado argentino.
Fuente: La Voz
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