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Qué revisar antes de jubilarse para evitar cobrar un haber menor

Un especialista explicó por qué los últimos diez años de trabajo son claves para calcular la jubilación, qué revisar en los aportes

Por Gabriela Loreiro9 min de lectura
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Qué revisar antes de jubilarse para evitar cobrar un haber menor
Qué revisar antes de jubilarse para evitar cobrar un haber menor · Foto: Primera Edición

Llegar a la edad jubilatoria no debería ser el momento para empezar a revisar aportes, salarios y certificaciones laborales. La planificación tendría que comenzar varios años antes, especialmente porque los últimos diez años de actividad tienen incidencia directa en el cálculo del primer haber que cobrará el trabajador.

Así lo explicó Luciano González Etkin, abogado especializado en Seguridad Social, integrante de la Asociación de Abogados y Abogadas Laboralistas (AAL) y asesor sindical de ATE, durante una charla con FM 89.3 Santa María de las Misiones.

El especialista recomendó que quienes trabajan en relación de dependencia procuren que durante esa última década laboral sus remuneraciones estén correctamente registradas y sean lo más altas posible dentro de su trayectoria. También aconsejó prestar atención a los conceptos no remunerativos, porque no tienen el mismo impacto previsional que aquellos incorporados formalmente al salario.

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A eso se suma la necesidad de verificar con anticipación la historia laboral, los años efectivamente aportados y las certificaciones de servicios. González Etkin señaló que pueden existir empleadores que no hayan entregado esos documentos al finalizar una relación laboral y que recuperarlos años después puede demandar tiempo.

Por esa razón, consideró razonable comenzar a ordenar la futura jubilación alrededor de los 50 años en el caso de las mujeres y de los 55 entre los varones, sin esperar a encontrarse a las puertas del trámite.

Actualmente, recordó, las mujeres pueden acceder a la jubilación a partir de los 60 años, con posibilidad de continuar trabajando hasta los 65, mientras que para los varones la edad ordinaria es de 65 años. En ambos casos, la referencia general son 30 años de servicios.

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El abogado agregó otro elemento que puede influir sobre el haber: una vez alcanzados los 30 años de servicios, cada año adicional incrementa, según explicó, el porcentaje utilizado en la fórmula de cálculo en 1,5%, con un límite de 45 años.

La inquietud sobre la planificación previsional reapareció a partir de la actualización del índice utilizado para calcular el haber inicial de quienes se jubilen desde septiembre.  González Etkin aclaró que no se trata de un mecanismo nuevo implementado por el actual Gobierno, sino de un esquema originado en la reforma previsional sancionada a fines de 2017 y aplicado desde 2018.

Desde entonces, el índice utilizado para actualizar las remuneraciones consideradas en la determinación del primer haber se modifica trimestralmente, en marzo, junio, septiembre y diciembre.

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Para realizar el cálculo se consideran los salarios correspondientes a los últimos diez años de actividad, que son actualizados mediante el índice previsto por el régimen. González Etkin explicó que intervienen variables vinculadas con el RIPTE y los recursos tributarios, conforme a las disposiciones surgidas de aquella reforma.

En los últimos meses se venía aplicando el índice correspondiente a junio. Como las variables utilizadas para confeccionarlo continuaron evolucionando, la actualización prevista para septiembre puede generar una mejora en el primer haber de quienes accedan a la jubilación después del cambio.

Precisamente por ese mecanismo, el especialista señaló que, cuando una persona tiene margen para decidir el momento exacto de presentar su jubilación, históricamente los profesionales previsionales evalúan la conveniencia de hacerlo cerca de los meses en los que se produce la actualización, preferentemente una vez incorporado el nuevo índice.

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Sin embargo, puso en perspectiva el alcance de esa mejora. A su entender, la modificación trimestral puede beneficiar el cálculo, pero no resuelve el problema central del sistema previsional, que ubica en el bajo punto de partida del haber respecto del salario que la persona percibía mientras trabajaba.

La importancia de la última década laboral aparece con especial claridad cuando un trabajador ya acumuló los años de servicios necesarios, pero todavía no llegó a la edad requerida.

González Etkin explicó que actualmente no existe un régimen general de jubilación anticipada que permita retirarse únicamente por haber completado los años de aportes. Si una persona reúne los servicios exigidos pero todavía no tiene la edad, deberá esperar. Si continúa trabajando en relación de dependencia, seguirá acumulando años de servicio y salarios que luego ingresarán en el cálculo previsional.

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La situación requiere más atención cuando perdió el empleo y posteriormente aparece una nueva propuesta laboral. El especialista puso como ejemplo a una persona con 35 años de servicios cumplidos, todavía sin edad para jubilarse y que quedó desempleada. Si consigue un nuevo trabajo con una remuneración registrada igual o superior a la anterior, esa nueva relación puede resultar favorable. En cambio, advirtió que aceptar durante los últimos años de actividad un salario formal considerablemente inferior podría reducir el promedio utilizado para determinar el haber inicial.

En estos casos planteó que cada persona debe evaluar su situación particular y mencionó como posibilidad el desempeño como monotributista o autónomo, ya que existen mecanismos previsionales que permiten analizar qué períodos serán utilizados en la determinación del haber. Pero aclaró que esa decisión tampoco debería tomarse exclusivamente pensando en la jubilación. El trabajador autónomo o monotributista no cuenta con todas las mismas protecciones laborales que quien se desempeña en relación de dependencia, entre ellas las vinculadas con riesgos del trabajo y otras coberturas derivadas del vínculo laboral.

Por eso insistió en que no existe una receta única: el efecto previsional debe analizarse junto con las necesidades laborales y económicas presentes de cada persona.

Otro de los interrogantes frecuentes aparece cuando una persona se acerca a la edad jubilatoria, pero no reúne los 30 años exigidos. González Etkin recordó que durante los últimos años existieron diferentes mecanismos para completar períodos faltantes. Uno de los principales fueron las moratorias previsionales, diseñadas para contemplar las dificultades que atravesaron numerosos trabajadores por empleos no registrados, aportes omitidos o períodos en los que directamente quedaron fuera del mercado laboral.

El abogado destacó el impacto que tuvieron esas políticas sobre la cobertura previsional. Según señaló, cuando comenzaron a aplicarse había alrededor de 3,5 millones de jubilados, mientras que actualmente el universo se encuentra entre 7,5 y casi 8 millones. También atribuyó a esos mecanismos buena parte de la elevada cobertura de adultos mayores que alcanzó el sistema argentino, que estimó cercana al 95% de la población en edad jubilatoria.

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Tras los cambios recientes, explicó que las moratorias continúan vigentes de manera parcial. Entre las posibilidades que mencionó se encuentra la regularización de determinados períodos anteriores a 1993, siempre que resulten útiles para completar los servicios requeridos.

También señaló que se mantiene un mecanismo dirigido a trabajadores que están a cinco años de alcanzar la edad jubilatoria, que permite comenzar a regularizar períodos faltantes. Como referencia, indicó que puede resultar de utilidad para mujeres desde los 55 años y varones desde los 60. De allí surge nuevamente su recomendación de no esperar al último momento: los cinco años previos a cumplir la edad son una etapa particularmente importante para estudiar la historia previsional.

Además continúa vigente, según explicó, el mecanismo de exceso de edad. A partir de los 60 años en las mujeres y de los 65 en los varones, cada dos años excedidos permiten computar uno adicional a efectos de completar los servicios requeridos. Para las mujeres se suma el reconocimiento de aportes por tareas de cuidado, implementado durante la gestión de Alberto Fernández.

El régimen, repasó González Etkin, reconoce un año de servicios por cada hijo, dos años en caso de hijos adoptivos y dos años por cada hijo con discapacidad, como herramienta para acercarse al requisito de aportes necesarios para jubilarse.

Durante la entrevista también apareció una pregunta habitual entre quienes empiezan a proyectar su retiro: cuánto del salario que cobran en actividad conservarán al jubilarse. El letrado sostuvo que el 82% móvil no rige actualmente para la generalidad de los trabajadores y explicó que permanece asociado a determinados regímenes especiales.

Entre ellos mencionó a los docentes de los diferentes niveles, incluidos universitarios e investigadores, y a los magistrados. Para la mayoría de los trabajadores, sostuvo, el cálculo se realiza bajo otras reglas.

Según su análisis, la tasa de sustitución que surge del sistema general puede dejar el primer haber en torno al 50% de los ingresos que tenía la persona mientras estaba en actividad. Ese punto, aseguró, es mucho más relevante que la modificación trimestral del índice.

Para González Etkin, una persona puede acceder en septiembre a una actualización algo más favorable que la utilizada durante los meses anteriores, pero aun así comenzar su vida jubilatoria desde un nivel de ingresos considerablemente inferior al que tenía como trabajador.

A ello agregó el efecto posterior de la fórmula de movilidad. Señaló que, si el haber inicial parte de una base deteriorada y las actualizaciones posteriores siguen fundamentalmente la evolución del IPC, la movilidad puede preservar el poder adquisitivo respecto de la inflación hacia adelante, pero no reconstruye automáticamente la brecha con el salario previo.

El especialista vinculó esa situación con las dificultades económicas que atraviesa gran parte de los adultos mayores. Durante la conversación sostuvo que alrededor del 70% de los jubilados nacionales percibe unos $400.000, mientras ubicó la denominada canasta del adulto mayor por encima de $1,8 millones.

A partir de esos valores, planteó que una gran cantidad de beneficiarios se encuentra muy por debajo de los recursos que, según las estimaciones que tomó como referencia, serían necesarios para cubrir un piso de condiciones dignas.

Luego consideró que el problema exige discutir un nuevo sistema previsional, aunque planteó diferencias respecto de la orientación que propone el Gobierno nacional. A su criterio, cualquier reforma debería buscar un esquema financieramente sustentable que, al mismo tiempo, permita mejorar los ingresos de los jubilados.

Su cuestionamiento se concentra especialmente en la forma en la que se determina el primer haber y en el achatamiento que observa dentro de la estructura de prestaciones previsionales.

Las dificultades del sistema generan, según González Etkin, otro efecto sobre el mercado laboral: muchas personas que alcanzan la edad prefieren continuar trabajando porque no pueden afrontar la caída de ingresos que implicaría jubilarse. El razonamiento es sencillo: si el salario ya resulta insuficiente para afrontar el costo de vida, pasar inmediatamente a un haber considerablemente menor vuelve poco atractiva la posibilidad del retiro.

Para el abogado, esta situación provoca un "efecto tapón" dentro del mercado de trabajo. Los empleados de mayor edad permanecen en sus puestos porque necesitan conservar sus ingresos y, al mismo tiempo, los jóvenes que terminan sus estudios encuentran mayores dificultades para incorporarse al empleo formal.

Consideró que un sistema capaz de garantizar jubilaciones suficientes modificaría esa dinámica. Después de más de tres décadas de actividad, sostuvo, muchas personas de 60 o 65 años estarían dispuestas a retirarse para dedicar tiempo a sus familias, nietos, amigos o proyectos personales si pudieran hacerlo sin quedar económicamente comprometidas. Ese recambio, agregó, también permitiría generar oportunidades para generaciones más jóvenes.

Por eso planteó que repensar el sistema previsional no involucra únicamente a quienes ya están jubilados o próximos a hacerlo, sino también al funcionamiento general del mercado laboral.

La principal recomendación para quien todavía tiene algunos años por delante es, mientras tanto, anticiparse: revisar la historia laboral, comprobar aportes y certificaciones, procurar una adecuada registración de los salarios y evaluar cualquier cambio de empleo teniendo presente que lo que ocurra durante los últimos diez años puede terminar repercutiendo directamente en el ingreso que acompañará al trabajador durante toda su jubilación.

Fuente: Primera Edición

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