¿Qué significa estar alfabetizado hoy?
En el Día Internacional de la Alfabetización, fecha impulsada por la UNESCO, Carlos José Vigo (Doctor en Educación) y Lucas Raspall (Médico Psiquiatra) se refieren a alfabetizaciones y los desafíos que hoy plantean lo digital, lo emocional, lo vincular y lo existencial para la educación.

Cada 8 de septiembre, el Día Internacional de la Alfabetización vuelve a colocar en la agenda mundial uno de los derechos fundamentales de toda persona. A sesenta años de su proclamación por la UNESCO, los avances han sido importantes, pero la deuda sigue siendo enorme. Cerca de 739 millones de jóvenes y adultos todavía carecen de competencias básicas de alfabetización.
Leer, escribir y comprender siguen siendo aprendizajes esenciales. De ellos dependen, en buena medida, las posibilidades de acceder al conocimiento, ejercer derechos, participar de la vida social y ampliar oportunidades. Seis décadas después de aquella proclamación, el mundo en el que vivimos es profundamente diferente. Y ese cambio obliga a preguntarnos qué significa estar alfabetizado en nuestro tiempo.
Cambió nuestra manera de informarnos, aprender, trabajar y comunicarnos. Cambiaron los vínculos y las formas de construir identidad. Una parte creciente de nuestra experiencia está atravesada por plataformas, pantallas, algoritmos e inteligencia artificial. Cambiaron, además, las experiencias de las infancias y las adolescencias, sus modos de relacionarse y las condiciones en las que construyen autonomía y proyectan su futuro.
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Las nuevas alfabetizaciones
El tiempo cambió. Los sujetos de la educación también. Las alfabetizaciones que necesitamos deben acompañar esas transformaciones.
Una de ellas es la alfabetización digital. La presencia cotidiana de la tecnología hace insuficiente una mirada centrada en el manejo de dispositivos. Educar digitalmente implica aprender a habitar estos entornos de manera segura, ética, crítica y creativa. Supone evaluar la información que circula, cuidar la privacidad, reconocer riesgos, comprender cómo intervienen plataformas y algoritmos y utilizar la inteligencia artificial con criterio.
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La alfabetización emocional supone reconocer lo que sentimos, poder nombrarlo, comprenderlo y desarrollar recursos para gestionarlo. Son capacidades relevantes para el bienestar, el aprendizaje y la vida con otros. Las emociones atraviesan la experiencia educativa y forman parte de aquello que niños y adolescentes necesitan aprender sobre sí mismos.
La alfabetización vincular incorpora otro desafío de nuestro tiempo. Comunicarnos, convivir, construir vínculos, tramitar conflictos y reconocer al otro son capacidades que se aprenden y desarrollan. La hiperconectividad amplió extraordinariamente nuestras posibilidades de contacto, aunque estar más conectados no garantiza mejores vínculos. Aprender a vivir con otros sigue siendo una de las grandes tareas de la educación.
Existe, además, una dimensión que merece mayor presencia en la conversación educativa. La alfabetización existencial refiere a las herramientas necesarias para construir sentido y proyecto, tomar decisiones, desarrollar autonomía y ejercer la libertad. En una época atravesada por múltiples posibilidades y profundas incertidumbres, educar supone ofrecer a las nuevas generaciones criterios para orientar sus propias vidas.
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Estas cuatro dimensiones permiten pensar algunas de las nuevas alfabetizaciones que demanda nuestro tiempo. Seguramente existen otras y surgirán nuevas a medida que nuestras sociedades continúen transformándose. Lo relevante es reconocer que aquello que una persona necesita aprender para desenvolverse en el mundo no puede permanecer ajeno a los cambios del propio mundo.
Hay, además, una cuestión decisiva. Estas nuevas alfabetizaciones están desigualmente distribuidas. Algunos niños y adolescentes encuentran en sus familias y entornos oportunidades para hablar sobre sus emociones, desenvolverse responsablemente en internet, desarrollar autonomía, resolver conflictos, acceder a experiencias culturales diversas y pensar su futuro. Otros cuentan con muchas menos oportunidades.
A sesenta años de la proclamación del Día Internacional de la Alfabetización, persiste una enorme deuda con el aprendizaje de la lectura y la escritura. A esa deuda se suma una responsabilidad propia de nuestro tiempo.
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Alfabetizar hoy implica ofrecer herramientas para comprender críticamente el mundo digital, reconocer nuestras emociones, construir vínculos con otros y desarrollar autonomía para orientar la propia vida. La justicia educativa se juega también allí, en garantizar que estos aprendizajes sean oportunidades para todos y no privilegios determinados por el lugar donde cada uno nació.
Quizás por eso necesitemos ampliar nuestra manera de entender la alfabetización. Aprender a leer las palabras sigue siendo imprescindible. Nuestro tiempo nos exige, además, aprender a leer el mundo, reconocer al otro y leernos a nosotros mismos.
Por Dr. Carlos José Vigo (Doctor en Educación) y Dr. Lucas Raspall (Médico Psiquiatra)
Fuente: El Territorio
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