Saltar al contenido principal

Raíz entrerriano-correntina en el Yuchán florecido de Claudio Puntel

Cuentos de un mundo original de "pumas infernales" bendecidos por "indómitos", con un lenguaje en sintonía, bien de acá.

Por Daniel Tirso Fiorotto7 min de lectura
Compartir
Raíz entrerriano-correntina en el Yuchán florecido de Claudio Puntel
Raíz entrerriano-correntina en el Yuchán florecido de Claudio Puntel · Foto: UNO Entre Ríos

Cuentos de un mundo original de "pumas infernales" bendecidos por "indómitos", con un lenguaje en sintonía, bien de acá.

Por Daniel Tirso Fiorotto

Raíz entrerriano-correntina en el Yuchán florecido de Claudio Puntel.

También te puede interesar: Mauro Icardi cruzó a Benjamín Vicuña tras sus declaraciones en PH

Para escribir "Yuchán florecido", el autor ha caminado largo con los nietos de los protagonistas, con su propia sangre, su pueblo obrero, campesino; ha escuchado y compartido creencias, miedos, mentas, corajes, sinsabores, fiestas.

Arroyo y monte, caballo y cuchillo cabo de plata; yerba, mandioca y aguardiente. Los relatos de Claudio Puntel y sus montoneras nos recuerdan la letra sin eufemismos de un Yamandú Rodríguez.

El kurundú de los cuentos reunidos en Yuchán florecido no viene de la ficción, viene de la carne y es palabra mayor. En ese talismán se expresa todo un rancherío que se conoce mejor bandeando el Guayquiraró y a dos costas.

También te puede interesar: Una mujer murió calcinada y dos personas resultaron gravemente heridas en el incendio de una casa en La Banda

Felicianero de pura cepa, hachero en Pozo Ju, el Gaucho Quitilo Espinoza que bien pudo ser uno de esos "pumas infernales" que peleaban de a pares como Fierro y Cruz nos contaba una anécdota familiar, de ese realismo que uno no sabe bien a qué atribuir y es una costura entre el presente y la antigüedad, entre el pasado y el mito, entre el occidente y las culturas ancestrales. "Allá por el mil ochocientos y pico, un hermano de mi abuela, tío Luis Díaz, un muchacho de dieciséis o diecisiete años, andaba a caballo por esos montes cuando escuchó unos quejidos bajo un árbol. Se arrimó. Un hombre boca arriba, se quejaba. Lo ve y le dice 'bajate m´hijo, sacame lo que tengo en la espalda, ahí vas a ver un bultito, entre carne y cuero. Cortame, sacame m´hijito'. Estaba bandeado de un balazo, tiempo del caudillaje sería. Entonces se bajó. 'Cortame che membuí, si no, no voy a poder morir'. Lo corta y le saca un santito así, de madera. Al rato fallece".

El talismán no dejaba descansar en paz al paisano herido de muerte. Le escuchamos la anécdota a Quitilo muchas veces, siempre con la misma precisión y con la misma convicción, y una seguidilla de cuentos sobre los favores del santito, hasta que se les perdió.

El sincretismo es una marca de estos pagos chamameceros, y los cuentos de Claudio Puntel se ambientan en ese mundo bien paisano, arraigado, auténtico y original, donde la literatura y la historia no trazan fronteras, el país mestizo preserva los matices, y el individuo es tal en relación con la comunidad y con el monte, nunca aislado.

También te puede interesar: Detuvieron en Japón a una argentina que llevaba más de un kilo de cocaína dentro de su cuerpo

"Fleitas contó que su padre volvió del Norte con un amuleto en la carne. En ese objeto mágico se cristalizaba el compromiso que habían hecho los compadres, el de protegerse aún muertos. Fleitas contó que a la muerte de su padre debió abrir un surco en el brazo del difunto y extraer el amuleto que traía alojado en el músculo", leemos en Yuchán florecido, para presentar el kurundú y narrar la protección que le brinda a sus herederos en los momentos peliagudos.

Los pumas infernales expresan a la paisanada del litoral, conducida por un general Amaro Amembí que también cruza fronteras, si hay familias Amembí en Corrientes como en Paraná, y por eso su apellido, tan expresivo, tan de la tierra, aparece en otras obras literarias del litoral con ecos de hacheros y talismanes.

Yuchán florecido bien puede ser un ocaso, y bien puede ser un amanecer, o las dos cosas, sin contradicción. Aquí el autor no desdeña el coraje, lo ubica en su contexto y en una trama histórica que revela todo un siglo de luchas fratricidas por la autonomía, de manera que el "Directorio" expresa el centralismo despótico que padecieron los gauchos de Artigas y Ramírez y Guacurarí como los de López Jordán y otros tantos, que al fin y al cabo no eran gauchos de nadie: eran familias de la tierra con apellidos quizá occidentales en lugar de los nombres guaraníes, charrúas, africanos. Es cierto que algunos indicios nos sitúan mejor en las refriegas jordanistas pero el autor se muestra esquivo en eso: antes que una semana, prefiere contar un siglo.

También te puede interesar: Andalgalá ajusta su esquema y prueba variantes de cara al choque con Pomán

Se leen fácil las cien páginas de cuentos encadenados, sin obstáculos. Uno quiere saber cómo sigue la historia, y la expresión nativa ayuda, tanto como el árbol, el arroyo.

Dice Martín Tactagi en el prólogo que su amigo Claudio Puntel "construye un campo literario que puede ser al mismo tiempo poesía, historia, filosofía y quién sabe qué más. Son dieciséis relatos que hablan de lo que estos soldados viven a diario, no sólo en los campos de batalla sino también en aquellos momentos en los que deben enfrentar sus propias circunstancias. Historias que se suceden mediante una voz clara, de etnógrafo, abriéndose paso a través de las refriegas".

Nos detenemos en el acierto de esta referencia porque la obra requiere quizá de una analogía etnográfica, un conocimiento de lo actual para trepar la historia e imaginar a los ancestros. Y a su vez una pasión por los sueños federales, contra el mandón, contra el colonialismo, y donde la autoridad se reconoce y se gana por cualidades propias y sentido de pertenencia.

También te puede interesar: "Me libré de toda esta oscuridad": la reflexión de Hayden Panettiere que tomó otro significado tras su muerte

Yuchán florecido obtuvo el premio Fray Mocho. La satisfacción fue doble o triple, por tratarse de un correntino entrerrianizado desde hace décadas, gran militante sindical entre los docentes, y un tema y un modo de contarlo que vibran con los clásicos del litoral argentino, sin dudas, es decir: nos resulta familiar.

Aquí algunos párrafos que pintan el trazo literario del correntino-entrerriano, nacido en Santo Tomé, Claudio Puntel.

"De los vivos, el más complicado era Escalante, la mano derecha del general. Un tapecito que sobrevivió a las luchas de la independencia y como no sabía hacer otra cosa continuó guerreando junto a Amembí en las campañas federales. Hasta esa siesta, cuando cayó cosido por la metralla de los hombres del Directorio. La mancha roja y la muerte le crecían desde el pecho con la misma rapidez con que caía la tarde. (Página 64).

"Un poco por las dudas y otro poco para no quedarse quieto a esperar nada, Alarcón se ofreció a intentar cruzar las filas enemigas en busca de ayuda para su compañero. Partió a la madrugada, cuando el olor a vísceras y bosta se hacía insoportable en todo el campo. Todavía le quedaba un resto de coraje que no había gastado en las batallas". (Página 65).

"—Me llamo Ramona y voy a salvarte, aunque después no tenga adónde regresar -dijo y sacó un manojo de hierbas de entre las tetas.

La muchacha tiró lejos el trapo enginebrado y lo reemplazó por los yuyos curativos". (Página 66).

Así como las mujeres y los hombres de la milenaria cultura Goya Malabrigo, tan propia del Litoral, modelan sus alfarerías con arcillas de al lado y tiestos de cacharros viejos (antiplástico), de modo que cada obra contiene a las anteriores y al mismo suelo, también Puntel zurce a los hombres y a las generaciones mediante el paso del kurundú de cuero en cuero. Y algo hay de alternancia entre las guerrillas y el sosiego también, con un desensillar hacia el final que vale la pena releer.

Son varios cuentos en un solo cuento. El autor hace como que empieza en la página 13 con un Fleitas queriendo algo, y hace como que termina en la 113 con un Fleitas que lo consigue, tras un reguero de pólvora y de sangre y de lágrimas.

Además de la muy curiosa donación revolucionaria de un coronel que no era coronel, hay un capítulo especial sin paz ni violencia, con escenas de los combatientes ayudando al pobrerío en una creciente. Da gusto leer "El río cambia el curso de la guerra", y conjeturar la satisfacción del autor en el cierre del relato, con la sorpresa de los muchachos y las gallinas.

El porqué del nombre del escuadrón surge del cuento "Como los pumas", con el guiño de un cura para que los "infernales" entren en su catecismo con otro nombre.

Estamos ante una obra entradora. Y a la segunda lectura, mucho más. Como adicional, Claudio Puntel borra fronteras, invita a meditar. Al fin y al cabo, de Santo Tomé a Paraná, el mismo puma.

Fuente: UNO Entre Ríos

  • #la-provincia
  • #raiz
  • #entrerriano
  • #correntina
  • #yuchan
  • #florecido
  • #claudio
  • #puntel
  • #n10275670
  • #entre ríos

Te puede interesar

Newsletter Pulso Federal · Diaria

La radiografía política y económica del país, todos los días en tu casilla.

Análisis federal, indicadores y la mirada del interior sobre la agenda nacional. Para tomadores de decisión, periodistas y ciudadanos exigentes. Sin spam.

Te suscribís y podés cancelar cuando quieras.