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Ramiro y su "tacazo" de potrero puro: el gol viral, el orgullo de sus viejos y el sacrificio detrás de un sueño

Tiene 19 años y un gol de taco lo puso en boca de todos. Pero detrás de eso hay una vida de sacrificios, viajes diarios de Pocito a lo profundo de Zonda, trabajo hasta la noche y unos padres vendedores ambulantes que son su sostén. El delantero sueña con llegar lejos en el fútbol…

Por Tiempo de San Juan7 min de lectura
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Ramiro y su "tacazo" de potrero puro: el gol viral, el orgullo de sus viejos y el sacrificio detrás de un sueño
Ramiro y su "tacazo" de potrero puro: el gol viral, el orgullo de sus viejos y el sacrificio detrás de un sueño · Foto: Tiempo de San Juan

A Ramiro Peralta todavía le cuesta dimensionar lo que hizo. Entró desde el banco porque Juventud Zondina perdía ante Atenas, recibió una pelota que bajó más rápido de lo esperado y resolvió como alguna vez seguramente lo hizo jugando en una cancha de barrio: de taco, de espaldas al arco y sin tiempo para pensarlo demasiado. La pelota viajó directo al ángulo y terminó convirtiéndose en el gol del fin de semana en el fútbol sanjuanino, y del país. Después vino todo lo demás. El video grabado por los chicos de Línea de 3 empezó a circular, saltó de WhatsApp a las redes sociales y en cuestión de horas dejó San Juan para aparecer en los principales medios nacionales. Desde entonces, su celular no para de sonar, le llegan mensajes, etiquetas, videos y notificaciones en todos lados. Abre una aplicación y se encuentra con su taco; entra a otra y vuelve a aparecer la misma jugada.

"La verdad que he recibido muchos mensajes y todos muy buenos. No me creo lo que está pasando ahora", contó el delantero de 19 años a Tiempo de San Juan. Tampoco imaginó semejante repercusión cuando salió corriendo a festejar. "Nunca pensé que iba a llegar a Olé. Nunca pensé", cuentra en alusión a la publicación que hizo el principal medio deportivo del país.

El gol tuvo además un valor enorme para Juventud Zondina. El equipo perdía ante Atenas y necesitaba sumar porque atraviesa una situación complicada en la pelea por mantenerse en la categoría. Ramiro había comenzado el partido en el banco y entró en el segundo tiempo con la intención de aportar. Cerca de los 31 minutos encontró mucho más que eso: el empate 1-1 y el gol que terminaría recorriendo el país. "Venía mirando el arco de frente y dije 'Lo tengo que sorprender como sea, pero tengo que hacer un gol porque encima íbamos perdiendo'. Estamos en una situación complicada en el club y, como sea, lo tenía que ayudar", relató.

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La jugada tuvo bastante menos elaboración de la que cualquiera podría imaginar al verla repetida. La pelota bajó rápido, Ramiro estaba de espaldas y reaccionó. "Mi idea era pegarle de espalda hacia el arco y me bajó rápido. Cuando me bajó, tiré el taco", explicó. Después se dio vuelta y la vio adentro. "No lo creía porque miré, entró la pelota y salí a festejar como loco". Hasta el arquero de Atenas se acercó para reconocer lo que acababa de ocurrir. "Me felicitó. Me dijo que no podía creer dónde había entrado la pelota".

La repercusión recién empezó a caerle encima cuando terminó el partido. Los compañeros hablaban del gol, el video circulaba cada vez más y, cuando llegó a su casa, el teléfono explotó. "Prendí el celular y tenía muchos mensajes, pero muchos", recordó. Después se lo mostró a su papá, a su mamá, a su novia. Aunque para entonces ya era difícil encontrar a alguien cercano que no lo hubiera visto. "Por todos lados estaba el video", comentó el pibe que ahora sueña en grande.

Su historia con el fútbol empezó en la Villa Don Arturo. Allí se crió con la redonday, con apenas 14 años, ya jugaba en Primera contra futbolistas mucho más grandes. "Me mataban a patadas", confesó entre risas. En esas canchas comenzó a curtirse antes de que apareciera una oportunidad que terminaría cambiándole el camino. Y eso fue cuando un compañero, Mauro, le contó que estaban haciendo pruebas en Alianza. Ramiro quería ir, pero había que afrontar gastos. Fue su amigo quien decidió ayudarlo para que pudiera intentarlo. "Me dijo que estaban haciendo pruebas ahí en el club y que él me iba a pagar todo. Me pagó el conjunto, me pagó la cuota, todo. Quedé en Alianza, así que gracias a él digo yo que ahora estoy donde estoy", contó.

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A mitad de este año apareció Juventud Zondina y se marchó a préstamo. El pase le pertenece y la llegada al club significó también adaptar toda su rutina. Ramiro vive en Santa Rosa, Pocito, y cada entrenamiento implica entre 40 y 45 minutos de viaje. Su papá lo ayudó a comprar un auto para que pudiera ir y volver. En el camino pasa a buscar a otros dos compañeros y los tres encaran juntos el viaje hacia Zonda. Pero su viejo sigue estando ahí. Héctor Peralta lo acompaña desde siempre y, aunque Ramiro ya tenga cómo trasladarse, intenta estar presente en cada paso. "Mi viejo me sigue a todos lados. Va a todos los entrenamientos, no se pierde uno".

Tanto Héctor como Roxana, su mamá, son vendedores ambulantes. Tienen un pequeño puesto de juguetes en Villa Krause y viven del trabajo de todos los días. El delantero es la más chico de ocho hermanos y sabe perfectamente cuánto cuesta cada cosa en su casa. Más de una vez le tocó ponerse al lado de sus padres y ayudarlos con el puesto. Quizás por eso, cuando le preguntan qué quiere conseguir con el fútbol, no habla primero de un club, de una camiseta ni de una categoría, sino habla de ellos."Primero sueño con sacar a mi familia adelante. Mi viejo y mi vieja son los que están siempre y me dan todo", expresó.

Mis viejos todavía no creen lo que pasó. Ellos son mi pilar. Ellos son el esfuerzo que hago yo todo el día a día. Creo que lo más emocionante de todo esto fue lo que me dijo mi papá, que estaba orgulloso de mí.

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El esfuerzo también se entiende mirando cualquier día de su semana. El futbolista pocitano entrena por la tarde y vuelve a su casa cerca de las 19.30. Pero su jornada está lejos de terminar. Apenas llega, vuelve a salir para trabajar como profesor de futsal en El Cora. Recién alrededor de las 23 o 23.30 puede dar por terminado el día. De hecho, las mañanas son el único hueco un poco más tranquilo, en el que aprovecha para desayunar con su mamá. Pero ahora quiere ocupar esas horas para sumar entrenamiento individual. Quiere empezar a hacer doble turno siempre que pueda.  Porque el video se hizo viral, sí, pero al día siguiente hubo que volver a entrenar.

El fútbol también le pidió otras cosas. A los 19 años, muchas veces tuvo que decir que no a cumpleaños, juntadas o salidas con amigos porque había un partido esperando al día siguiente. "En mi vida he tomado. No sé el sabor del alcohol. Por ahí mis amigos me invitan y les digo que no, que tengo que jugar al otro día".

En Juventud Zondina tampoco sobra nada. Es un club que se mueve con recursos bajos y con el esfuerzo de quienes lo sostienen. Hay una imagen que resume bastante bien esa realidad: Ramiro ni siquiera puede guardar la camiseta con la que hizo el gol que apareció en medios de todo el país. La pilcha tiene que volver al club porque se necesita para seguir jugando. El recuerdo deberá quedar en otro lado.

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Por ahora, esa historia tiene un taco imposible que se metió en el ángulo, un celular que no deja de sonar y un video que Ramiro encuentra cada vez que abre una red social. Pero también tiene viajes de casi una hora para entrenar, noches trabajando hasta tarde, una camiseta que deberá devolver y dos vendedores ambulantes que lo acompañaron desde el primer día. Ramiro sueña con llegar lejos en el fútbol, y cuando explica para qué, la respuesta no tiene que ver con hacerse viral ni con volver a aparecer en Olé. Quiere que algún día todo ese esfuerzo también pueda cambiarles la vida a los suyos.

Video del gol: gentileza Línea de Tres

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Fuente: Tiempo de San Juan

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