Rancul reabre un debate de más de 20 años sobre las familias de contención y la adopción
La decisión judicial que permitió que un bebé permanezca provisoriamente con la familia de Rancul que lo cuida volvió a poner en discusión el choque entre la transitoriedad del acogimiento, las reglas del sistema de adopción y los v&iacut…

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EL DIARIO digital
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La cautelar que suspendió el traslado a un dispositivo institucional del bebé cuidado por la familia de contención integrada por Joaquín Díaz y Ana Laura Pizzani, de Rancul, reabrió un debate que atraviesa a La Pampa desde hace más de dos décadas: qué debe ocurrir cuando quienes reciben transitoriamente a un niño quieren adoptarlo y el vínculo construido durante la convivencia entra en tensión con las reglas del sistema de adopciones.
La medida fue dictada este lunes por la jueza Paola Loscertales. La magistrada dispuso que el niño continúe, por ahora, en el hogar de la familia de Rancul mientras avanza el proceso judicial iniciado con la intención de obtener su adopción.
Los fundamentos de la cautelar no fueron difundidos, por lo que no es posible conocer todavía cuáles fueron las circunstancias jurídicas y familiares valoradas por Loscertales. La decisión está confirmada, pero no implica que la adopción haya sido concedida ni anticipa el resultado definitivo del expediente.
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El caso tiene puntos de contacto con dos conflictos que tuvieron una fuerte repercusión en la provincia: el de Gabriel y la familia Biocca, iniciado en 2005 en Parera, y el de Samuel, criado por Fiamma Martino y Darío Alomar en General Pico.
No son expedientes iguales y cada uno estuvo atravesado por circunstancias particulares. Sin embargo, los tres volvieron a colocar a la Justicia ante el delicado equilibrio entre la preservación del sistema legal de adopciones y el interés superior del niño en función de los vínculos construidos.
El caso Biocca y una decisión que se revirtió
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El caso Gabriel comenzó en Parera y movilizó a toda la localidad. El niño había llegado con pocos meses de vida a la casa de Juan Biocca y Nelly Becerra, quienes lo criaron durante sus primeros cuatro años como familia sustituta. En 2005, la Justicia resolvió que debía ser entregado a otra pareja seleccionada para adoptarlo.
La medida generó una fuerte reacción social. Vecinos de Parera se movilizaron para reclamar que Gabriel permaneciera con la familia que lo había criado, mientras los Biocca iniciaron una extensa disputa judicial.
Durante ese proceso murió Juan Biocca, antes de que se resolviera definitivamente la situación del niño.
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La decisión inicial fue finalmente revertida. Gabriel continuó viviendo con Nelly Becerra de Biocca y, en junio de 2007, la Justicia pampeana le concedió la adopción plena. El desenlace convirtió el caso en uno de los principales antecedentes provinciales sobre el peso que puede adquirir el vínculo afectivo construido con una familia sustituta.
Samuel y el rechazo inicial de la cautelar
El antecedente más reciente es el de Samuel, criado en General Pico por Fiamma Martino y Darío Alomar, quienes integraban el Programa de Familias de Contención.
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Cuando se dispuso que el niño fuera retirado de su hogar, la pareja presentó una medida cautelar para impedir la separación y reclamar que se les permitiera adoptarlo.
El planteo fue rechazado por la jueza de Familia Ana Clara Pérez Ballester.
En su resolución, la magistrada sostuvo que "el centro de atención es el niño" y no los adultos involucrados. También afirmó que la separación de la familia de contención siempre provoca un momento difícil y doloroso, pero que "puede y debe superarse" cuando esa familia comprende el carácter transitorio de su tarea y acompaña el proceso.
Pérez Ballester definió a las familias de contención como un "puente de amor": un espacio de cuidado temporal hasta que el niño pueda regresar a su familia biológica o ser integrado a una familia adoptiva.
La jueza reconoció además que el Estado había demorado demasiado en resolver la situación de Samuel, pero consideró que las deficiencias administrativas o judiciales no podían determinar por sí mismas el destino definitivo de un niño.
También lanzó una fuerte advertencia. Sostuvo que permitir que Samuel permaneciera con Martino y Alomar para ser adoptado por ellos podía fomentar la destrucción del sistema de familias de contención, al distorsionar su finalidad, y "arrasar el sistema legal de la adopción".
Sin embargo, aquella decisión cautelar no cerró el conflicto. La disputa continuó durante casi tres años y finalmente la Justicia concedió la adopción de Samuel a la pareja que lo había criado.
Una solución provisoria diferente en Rancul
En el expediente iniciado por Joaquín Díaz y Ana Laura Pizzani, la jueza Ana Clara Pérez Ballester tuvo una intervención inicial, pero se declaró incompetente. Por ese motivo, no resolvió el pedido de medida cautelar presentado por la pareja.
La decisión quedó en manos de la jueza Paola Loscertales, quien hizo lugar al planteo y suspendió el traslado del bebé a un dispositivo institucional. De esa manera, el niño continuará provisoriamente en el hogar de Díaz y Pizzani mientras la Justicia analiza el reclamo de fondo vinculado a la adopción.
El resultado inicial difiere del que tuvo el caso Samuel. Mientras en aquel expediente la cautelar fue rechazada y el niño fue separado de la familia de contención, en Rancul la Justicia resolvió mantener la convivencia hasta que exista una decisión definitiva.
Entre las reglas y los vínculos
La posición de la Dirección General de Niñez y Adolescencia es que las familias de contención cumplen una función temporal y no pueden utilizar ese mecanismo como una vía alternativa para acceder a una adopción porque la legislación vigente lo impide.
El organismo sostiene que quienes desean adoptar deben cumplir los requisitos legales y encontrarse inscriptos en el Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos. También advierte que permitir adopciones directas podría alterar el orden de los aspirantes y desnaturalizar el sistema de acogimiento.
Las familias que llevaron estos casos a la Justicia plantearon, en cambio, que las decisiones no pueden desconocer el vínculo afectivo y familiar que los niños construyeron durante meses o años de convivencia.
Los antecedentes pampeanos muestran que las decisiones iniciales no siempre anticiparon el desenlace definitivo. Gabriel permaneció con los Biocca y fue adoptado por la familia que lo crio. Samuel fue separado después del rechazo de la cautelar, pero años más tarde también terminó siendo adoptado por Martino y Alomar.
En Rancul, por ahora, únicamente existe una decisión provisoria: el bebé continuará con la familia de contención mientras la Justicia determina si ese vínculo puede transformarse legalmente en una relación adoptiva.
Más de veinte años después del caso Biocca, el interrogante vuelve a estar abierto.
Fuente: El Diario de La Pampa
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