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"Regale juguetes, regale cariño": la historia detrás del jingle del Día del Niño que marcó a los rosarinos

El exitoso actor rosarino Juan Nemirovsky tenía 10 años cuando protagonizó la publicidad. Décadas después, recuerda entre risas y emoción aquel primer trabajo

Por La Capital6 min de lectura
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"Regale juguetes, regale cariño": la historia detrás del jingle del Día del Niño que marcó a los rosarinos
"Regale juguetes, regale cariño": la historia detrás del jingle del Día del Niño que marcó a los rosarinos · Foto: La Capital

El exitoso actor rosarino Juan Nemirovsky tenía 10 años cuando protagonizó la publicidad. Décadas después, recuerda entre risas y emoción aquel primer trabajo

Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital

Juan Nemirovsky protagonizó la publicidad cuando era un niño y durante años la recordó con vergüenza. En La Capital+ contó cómo ese comercial marcó su vida

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"Primer domingo de agosto, Día del Niño. Hoy más que nunca regale juguetes, regale cariño. Regale amor, regale cariño, regale juguetes para el Día del Niño". Hay jingles que sobreviven a las publicidades que los hicieron famosos. Basta escuchar unas pocas notas para que aparezcan imágenes, frases y escenas de otra época. En Rosario, uno de esos casos es la canción que durante los años 90 invitaba a regalar juguetes para el Día del Niño. Y detrás de aquella publicidad hay una historia que volvió a aparecer décadas después.

Juan Nemirovsky era el chico que protagonizaba aquel comercial. Tenía alrededor de 10 u 11 años y su vínculo con el mundo de los juguetes no era casual. Su papá, Ricardo Nemirovski, trabajaba como vendedor y representante del rubro. En una entrevista con Una Tarde Más, por La Capital+, el actor recordó aquel primer trabajo frente a una cámara y contó que durante mucho tiempo lo vivió con vergüenza.

"Me dieron un golpe emocional fuerte", dijo después de volver a escuchar el jingle en el programa.

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Nemirovsky contó que aquel comercial fue su primer trabajo actoral, aunque en ese momento no lo vivió de esa manera. "En su momento yo lo viví y sufrí bullying y lo viví con mucha vergüenza", recordó.

La publicidad buscaba instalar una fecha vinculada a los regalos y los juguetes, el Día del Ahijado. Según explicó, su padre decidió que en lugar de contratar a un niño actor, podía participar su propio hijo. "Mi viejo, en vez de contratar un niño actor, agarró al hijo y lo metió y se ahorró unos mangos", contó entre risas.

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El problema apareció después. Nemirovsky todavía recuerda que en la escuela sus compañeros se burlaban de él por haber aparecido en televisión. "Yo no la recuerdo porque no la vi", explicó sobre la publicidad. Lo que sí recuerda es el texto que debía decir junto a otra niña: "Para el Día del Ahijado queremos juguetes".

Aquel momento se convirtió en motivo de bromas en la escuela y él llegó a sentirse muy incómodo con la exposición.

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La publicidad, además, tiene hoy otro problema. No aparece en internet ni tampoco en los archivos de la Cámara del Juguete. Suena en el corazón de todos los rosarinos, pero no hay registro audiovisual público de ese momento. Durante la entrevista, los conductores y el propio actor intentaron ubicarla sin éxito. "Está como en el Triángulo de las Bermudas de internet", bromeó Nemirovsky.

Su relación con los juguetes iba mucho más allá de aquella publicidad. Nemirovsky nació en 1983 y creció dentro de una familia vinculada al negocio juguetero.

Su padre trabajaba como representante y vendedor y compraba grandes cantidades de juguetes para luego ofrecerlos a las jugueterías. Juan creció rodeado de esos productos y recuerda haber tenido algunos de los juguetes más deseados por los chicos de su generación.

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"Debo haber sido de los primeros niños en Rosario que tenía el Castillo de Grayskull", recordó. También mencionó el barco pirata de Playmobil y la PlayStation.

Su casa se convirtió además en un punto de encuentro para los amigos de la infancia. Si Juan tenía juguetes que los demás no tenían, la casa familiar era un destino obligado. "Mi casa era la casa donde más juguete había", contó.

También trabajó en la empresa familiar. Entre otras tareas, ayudaba a ensamblar muñecas Barbie y tenía acceso a los juguetes que llegaban como muestras comerciales. "Era mi trabajo principal", bromeó cuando le preguntaron si funcionaba como una especie de tester de los productos que llegaban desde China.

Incluso recuerda a su padre viajando para comprar juguetes y regresando fascinado con las novedades. Esa relación entre adultos y objetos pensados para niños le quedó grabada. Su papá podía pasar de ser un empresario del rubro a entusiasmarse como un chico frente a un juguete nuevo.

El actor también observó desde adentro cómo cambió el vínculo de los chicos con los juguetes. Cuando trabajaba en jugueterías, recuerda especialmente las escenas de las décadas del 90, cuando las fechas de Reyes y del Día del Niño podían generar verdaderas corridas en los comercios.

"En esa época, en los 90, la noche de Reyes Magos era la juguetería abierta hasta la una, dos de la mañana, padres tirándose uno encima del otro para agarrar el juguete que todos querían", relató.

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Hoy percibe una realidad diferente. Según su experiencia, los chicos se acercan cada vez más rápido a las pantallas y los juguetes pierden protagonismo a edades más tempranas.

"Me atrevo a decir que a partir de los cinco o seis años un niño ya empieza a estar más cerca de la pantalla", sostuvo. Pero Nemirovsky no cree que el juego haya desaparecido. Para él, simplemente encontró otros espacios.

Ese vínculo con el juego terminó siendo importante en su propia vida. Después de estudiar brevemente Administración de Empresas, descubrió que aquel mundo no era para él. "Yo dije: era divertido. Acá no se puede jugar, acá me voy a la escuela de teatro", contó.

Desde entonces construyó una carrera como actor, docente y productor. Actualmente da clases en La Orilla Infinita, espacio teatral del que también forma parte, y trabaja en actuación frente a cámara y dirección de actores.

Además, participa en obras, publicidades y proyectos audiovisuales. Contó que está haciendo los sábados la obra Fe ciega y que también comenzó a producir espectáculos teatrales con Pulpo Producciones.

Para Nemirovsky, el teatro conserva algo esencial del juego infantil: la posibilidad de imaginar, probar, equivocarse y entrar por un rato en otra realidad. "Me he armado toda una vida en la que me hago el boludo con la adultez", resumió con humor.

La conversación terminó volviendo al punto de partida: el juego. Nemirovsky considera que jugar no es una actividad que necesariamente deba desaparecer al dejar la infancia. De hecho, encuentra en el teatro una forma de recuperar esa disposición.

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Contó que cuando da clases observa cómo personas adultas vuelven a jugar y, a partir de esa experiencia, modifican su manera de mirar el mundo.

También recordó una escena de su infancia junto a su hermano. Los dos jugando en el living de su casa con un arco y flecha, imaginándose protagonistas de una aventura.

"Me parece que alimenta la creatividad, alimenta varias cosas que, sin sacarle mano a las pantallas - porque yo mismo también vivo un poco inmerso en eso -, me parece que algo de eso hay que tratar de sostener y rescatar", planteó.

Quizás por eso, tantos años después de aquel comercial que alguna vez quiso olvidar, volver a escuchar el jingle del Día del Niño ya no le provoca solamente vergüenza. También le devuelve la imagen de un chico que creció entre juguetes y que terminó haciendo del juego una parte central de su vida adulta.

La denuncia había derivado en dos detenciones. Ahora fueron localizados los otros cinco señalados y quedaron a disposición de la Justicia. El hecho se registró en primer año

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Fuente: La Capital

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