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Rep: "Mafalda corre el riesgo de dejar de ser peligrosa"

El humorista llega a Mendoza con su libro sobre Charly García y una charla sobre Quino. En esta entrevista habla de rock, humor, clase media, cultura popular y de los artistas que marcaron su mirada.

Por Ariel Búmbalo18 min de lectura
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Rep: "Mafalda corre el riesgo de dejar de ser peligrosa"
Rep: "Mafalda corre el riesgo de dejar de ser peligrosa" · Foto: Los Andes

El humorista llega a Mendoza con su libro sobre Charly García y una charla sobre Quino. En esta entrevista habla de rock, humor, clase media, cultura popular y de los artistas que marcaron su mirada.

Miguel Rep. "Es un libro que recorre, como mis libros anteriores de biografías, la vida de gente que admiro, que quiero".

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El humorista gráfico y dibujante Miguel Repiso, Rep, vuelve a Mendoza para participar de la Feria del Libro. Esta vez llega con Charly Absoluto, su nuevo libro dedicado a la vida, la obra y el universo del músico argentino, y con una muestra de los originales del libro que podrá verse desde hoy en el ECA. Pero también llega para hablar de Quino (el sábado en el marco de la Feria el Libro), un territorio que conoce de cerca y sobre el que viene reflexionando desde hace décadas.

Rep habla de Charly, de Spinetta, de la relación entre el rock y la clase media, de María Elena Walsh, pero también de Mafalda, de la vigencia de Quino y de los riesgos de convertir una obra crítica en un producto de consumo masivo. Su mirada combina la cercanía del amigo con la distancia del dibujante que analiza una obra que, como todos los clásicos, sigue generando discusiones. Los Andes habló con Miguel Rep antes de sus presentaciones.

—Sos un visitante asiduo de la Feria del Libro de Mendoza. Siempre con algún libro nuevo y ahora es el turno de Charly Absoluto.

—Sí. Este año estoy militando a Charly. Me faltaba Mendoza. La gira sigue, pero este lugar es muy importante para mí. Mendoza siempre me gusta que suelde mis creaciones. Acá se sueldan de alguna manera. Buenos Aires y Mendoza son lugares donde los libros se me fijan.

—¿Qué querés decir con que "se suelda"?

—Que se fijan. Son lugares donde yo siempre me voy a acordar de haber presentado determinado libro, porque fue un hito. Por eso este libro no podía no hacerse acá y no podía no presentarse acá.

Recuerdo el libro del vino. Es un libro inolvidable para mí. Ya no se consigue, pero justamente por eso lo recuerdo. Se presentó primero acá y después en Buenos Aires. Y a la presentación de Buenos Aires fue Quino.

—Antes de entrar en el tema de Quino, hablemos de Charly Absoluto. ¿Cómo nació el libro?

—Es un libro que recorre, como mis libros anteriores de biografías, la vida de gente que admiro, que quiero. Y en este caso te diría que Charly me ha sorprendido mucho más de lo que yo creía que lo quería o que lo admiraba. Es mucho más gigante de lo que lo tenía en mi monitor cuando dije: "Voy a hacer el libro de Charly". A partir de ahí empecé a investigar su vida, a ver todos sus videos, todos los hechos que fue generando, toda su música. Lo pensé mucho, leí los libros acerca de él y después elaboré estos doscientos y pico de dibujos. Cuando el libro estuvo terminado, recibí el ejemplar y me di cuenta de lo que había hecho y de lo que este tipo significa para la cultura y el cancionero nacional, y te diría que también internacional. Es un gigante, un recontra gigante. Porque Charly no es solamente la música ni solamente la lírica, es decir, sus letras. También es su cuerpo andando, su performance permanente, su humor, sus tragedias, su cuerpo tirándose a una pileta. El cuerpo de él es muy importante. Es un artista pop, un rockstar completo. Y creo que es el más gigante que ha dado la Argentina. Ese es el Charly que estoy devolviéndole a la sociedad. Y anda bien: ya va por la tercera edición y lo estoy presentando por todos lados. Además, en Mendoza hay algo novedoso: es la primera vez que expongo los originales. Voy a exponer en el ECA los originales. Traje, no sé, el 70 por ciento del libro para que la gente pueda ver cómo son esos dibujos en su versión original.

—¿La muestra es en el mismo Le Parc?

—No, en el ECA. Hoy a las 19 inauguramos la muestra Charly Absoluto. Y el sábado hago las actividades en el Le Parc, que incluyen la presentación del libro.

—El título también llama la atención. "Absoluto" parece intentar abarcar todo lo que es Charly.

—Le di muchas vueltas al título. En mis libros casi siempre lo más difícil para mí es la tapa y, por ende, el título. Una vez que cae el título, medio que me ilustra la tapa, me designa qué tipo de dibujo tengo que hacer. Con Messi, nacido extraterrestre, por ejemplo, el título me dijo que no tenía que hacer un Messi realista, sino una especie de Vitruvio nacido para otra cosa. En este caso, Charly Absoluto fue lo último que dejé. La tapa fue lo último que entregué y fue lo más difícil. Cuando cayó Charly Absoluto, que deviene, por supuesto, de su oído absoluto, también apareció el absoluto en tanto yo quiero contar la totalidad, todo lo que puedo de la totalidad de Charly. Y la totalidad de Charly es la música, las letras, su cuerpo, su vida.

—Te iba a preguntar si eras fan de Charly o de Spinetta, pero ya veo que no tiene mucho sentido...

—Primero que no había rivalidad alguna. La rivalidad fue un invento de la prensa rockera de ese momento. No había rivalidad. Yo ahora estoy mucho en la Fiesta FA! Soy como el dibujante de la Fiesta FA! y estoy conviviendo mucho con los músicos. También estuve en el FA!lklore, donde hay gente realmente muy diversa, incluso antagónicamente diversa desde lo estético y lo ideológico, y sin embargo los músicos no suelen tener tanto quilombo entre ellos. Eso es lo que percibí. En otras áreas más chicas, como la literatura o las artes plásticas, hay más enconos, más kiosquitos. En cambio, en la música no es así. Se comparte mucho. Es más grupal, salvo que haya algún problema superpersonal. Entonces también se me borra la frontera entre Los Redondos y Soda Stereo y todos esos litigios que se agigantan con el público, la prensa y todo lo demás. Spinetta y Charly se admiraban. Charly lo escuchaba desde antes de Sui Generis. Spinetta grabó con él, se reunieron varias veces, podrían haber hecho un disco. Así que ahí no hay tal pelea. Sí es verdad que estéticamente podés tener más tendencia hacia uno o hacia otro. Yo siempre tuve más tendencia hacia la melodía de Charly y también hacia sus letras más sociales, más relacionadas con la realidad, más claras, más simples. Siempre tuve más de ese lado. Pero igualmente escucho todo Spinetta, lo admiro y todo lo demás. Para hacer una biografía, además, me parece mucho más rico Charly. Encima lo tenemos entre nosotros, me lo puedo cruzar, podemos hablar. Eso es muy piola.

—¿Estuviste con Charly? ¿Charlaste con él sobre el libro, antes o después de hacerlo?

—Antes del libro, jamás. Esto es algo que aprendí por sobre todas las cosas con este libro: nunca uno tiene que conocer al biografiado. En los libros anteriores tuve la suerte de no haberme cruzado antes con los personajes, porque si vos tenés una relación te frenás, te autocensurás, pensás: "Uy, ¿a este no le joderá?". En cambio, con Charly dije: "Bueno, que opine lo que opine". Se le mandó el libro y empezó a llegar su beneplácito. Y el día que lo vi, se lo mostré y tuvo una reacción muy linda. Después pidió libros para su médico. Le cayó bien el libro y eso a mí me completa. Porque no lo hice para agradarle. Lo hice libremente. Si había algo que no le caía bien, bueno, se dialogaba o lo que fuera, pero yo no iba a frenar mis impulsos. Tampoco es que lo critico ni que soy estigmatizador o prejuicioso con Charly. Pero siempre a alguien se puede ofender. Por ejemplo, yo soy amigo de Fito y me parece que no podría hacer la vida de Fito porque lo conozco.

—¿Y qué encontraste en la relación entre Charly y las épocas que atravesó?

—Charly va envasando épocas. Sui Generis fue en los primeros 70, La Máquina fue durante la dictadura, aunque duró poquito. Después, en la última parte de la dictadura, buscando una alegría en Buzios, surgió Serú Girán. Después termina Serú y empieza la democracia, y aparecen las alas que tiene como solista, con Clics modernos, Piano Bar, Parte de la religión y todo eso. Y ahí empieza a volar. Todo tiene que ver con las épocas: los 90, los 2000. Es un tipo súper atractivo porque te está contando con su cuerpo y con su arte contemporaneidades que, encima, no envejecen, porque es un clásico.

—En Mendoza, te imaginarás, hay mucho interés por lo que puedas decir sobre él. ¿Qué vas a contar en tu charla?

—Mucho no te quiero contar porque improviso bastante. Todo el tiempo estoy cambiando. No es que tengo módulos y un discurso cerrado. Todo el tiempo estoy aprendiendo, te juro. Ayer, por ejemplo, fui a la muestra inmersiva de Mafalda en la Recoleta. Y eso ya me cambió un poquito el foco. La semana pasada di la última clase de tres para la comunidad Orsai sobre Quino y también sobre toda su obra maravillosa y colosal. Soy como un estudioso de la obra del maestro, con el privilegio de haber estado muy cerca de él y de haber podido hablar muchas cosas con él. Algunas cosas hasta las pude pelear con él, o él me peleaba a mí. Eso creo que hace que yo pueda contar mi Quino y abrirles la cabeza a los demás para que no se queden solamente con Mafalda. Y sobre todo con esta Mafalda de hoy. Una Mafalda que peligra porque deja de ser peligrosa. Porque ya es un producto de consumo masivo.

—Está domesticada...

—Se la está volviendo una historieta para niños, cuando el maestro nunca hizo una tira para niños. Él siempre la trabajó para adultos. Eso es lo que voy a hablar, matizado con imágenes de él.

—En este caso sí conociste bien al personaje, eras amigo de Quino.

—Sí, porque yo no estoy dibujando escenas de la vida de Quino. Estoy haciendo un ensayo. Para eso no me tengo que documentar. Tengo ideas propias. Todo el tiempo lo he pensado: cuando lo idolatraba, cuando fui amigo y ahora que lo estudio de otras maneras. Tiene que ver con que no hago humor sobre Quino. Cuando te digo que no tengo que conocer al personaje, me refiero a cuando emprendo humorísticamente con dibujos acerca de la vida de ese personaje. En el caso de Charly, es todo un personaje. En el caso de Quino, si llego a publicar un libro, no va a ser a la manera de Charly Absoluto o de Diego, nacido para molestar. Va a ser un libro de ensayo, un libro de texto. Porque lo que tengo para decir es lo que opino: el contexto en el que vivió, de dónde viene, sobre quiénes influyó, qué sociedad consumió Mafalda, qué sociedad consumió el post-Mafalda, qué pasa hoy con la obra de un Quino que ya no está para defenderla. No está él, ni Alicia, ni siquiera Julieta, que era su albacea natural. Ese tema quedó ahí, como en una neblina bien cuidada por sus parientes. Y todo eso ayuda a pensar cómo se puede llegar a leer Mafalda hoy. Me parece que uno siempre va a ser una especie de historiador, un ayudador, porque es una de las pocas cosas de las que sé mucho: el dibujo. Yo podría hablarte de Fontanarrosa, también podría hablarte de Carlos Alonso. Esa es mi área de conocimiento. La música no es mi área de conocimiento. En la música soy realmente un tipo que está ahí aprendiendo. No es mi barrio. Mi barrio, el que conozco bien y donde tengo una sabiduría plantada, es el dibujo, el humor gráfico, las artes plásticas. Ahí hablo sin pedir permiso. Y creo que tengo mucho para decir y tengo un Quino que defender, ya que Quino no se puede defender.

—¿Cómo eran esas discusiones entre ustedes que mencionaste hace un momento?

—A veces nos llamábamos por teléfono. Él, cuando estaba en Buenos Aires, porque vivía mitad en Milán y mitad acá, era lector de Página/12. Entonces a veces me llamaba y decía: "¿Qué es esa tira, El holograma y la anchoa?". Y yo le decía: "Bueno, es un amor no correspondido entre una cosa virtual y una cosa concreta". Y él me preguntaba: "¿Pero vas a seguir haciéndola?". Porque la tira tenía una resolución repetitiva. Y yo le decía: "Sí, mientras se me ocurra algún tema que hable el holograma". Y él me decía: "Pero eso es una porquería". Y yo dejé de hacerlo. Alguna vez que fui a su casa, yo le decía: "Quino, me parece que estás muy indignado con todo, con el mundo, estás enojado". "Y sí, y sí", me decía. "¿Cómo están las noticias y todo lo demás?". "Sí, pero lo que pasa es que esa indignación hace que el discurso se vuelva monótono y empiece a dejarnos de sorprender. Cuando uno está tan enojado, uno es previsible". "Sí", me decía, "tenés razón". Era más lindo cuando era libre y no estaba condicionado por la bronca. De vez en cuando aparecía una historia de la Edad Media, después una de astronautas, después una política. También es cierto que en esa indignación estaba el tema de que envejecía y que iba perdiendo la vista. Eso también era una limitación. Él ya no podía dibujar todo lo que soñaba. Y después está la pelea posterior, porque con una obra clásica hay un perpetuo diálogo. Uno puede decir: "Mirá lo que hizo acá con esta tira y ahora la entiendo". O: "Mirá cómo Mafalda era una prejuiciosa". Eso es lo que te deja un clásico: un diálogo permanente con la obra. No es que la obra se cerró. Uno puede discutirla, encontrarle prejuicios, contradicciones, límites.

—¿Y qué lugar ocupa Mendoza en la obra de Quino?

—Cuando se publicó la primera edición de Todo Mafalda, Divinsky les pidió a varios colegas que hiciéramos una página, un texto y qué sé yo. Yo hice un texto y lo dibujé a él. Entre otras cosas le decía lo acusaba de que hubiera salido de Mendoza pero que nunca en su vida hubiera dibujado una acequia. Él se reía. ¿Qué iba a hacer? Porque se volvió un dibujante internacional. Ha sido poco, en ese sentido, coyuntural, nuestro. Ha sido huidizo de los hechos puntuales que pudieran quedar en Mafalda, de que apareciera la ciudad, un Obelisco, qué sé yo. Sin embargo, hay un sabor. Lo que no hay es nada de Mendoza. Pero para eso él tuvo que irse de acá. Después se fue a Buenos Aires, después se fue de Buenos Aires y se volvió un autor internacional.

—¿Alguna vez hablaste con él concretamente de Mendoza?

—Sí, yo creo que sí, pero eran preguntas de niño que le hacía. Yo era un niño, no eran cosas como para grabar o que me quedaran. De lo que más hablábamos de Mendoza era del vino. Esa era mi curiosidad. Ahora que no está, me arrepiento de no haber hablado más de su infancia. De cómo era su mamá, cómo eran sus tíos, de dónde empezó a sacar temas, dónde empezó a escarbar o a tener el radar de cosas que después iba a trabajar en su madurez. Los temas ya están en la infancia. La madurez de él es, obviamente, a partir de Mafalda, a partir de sus 30 años.

—Hay un Quino de Mafalda y después hay un Quino de las viñetas humorísticas, que parece un poco más furioso, más corrosivo.

—Sí. Es más autor. Porque cuando uno tiene personajes, se disipa un poco. Cuando vos tenés libertad de poner tu mensaje, tenés la libertad para poner esa situación en una página de lo cotidiano, de hoy, de la vida marital, de la gauchesca, de Napoleón o de lo que sea. Esa libertad te demuestra todo el tiempo que sos un autor que está eligiendo, más allá de poner un discurso en Miguelito o en Mafalda, que son discursos hasta cierto punto quietos, porque no pueden hablar de otra manera que como hablan ellos.

—Y Mafalda además es muy clasemediera…

—Es clasemediera. Totalmente. Ahora que pasó el tiempo, es muy claro en qué hogar se generó Mafalda y a qué se rebeló. Mafalda empieza como una contestataria. Después madura cuando nace el hermano y pasan todas esas cosas de las que hablaremos el sábado. Pero Charly es bien distinto. Lo que tienen en común es que ambos son humoristas. Lo que tienen en común es que ambos son moralistas. Y lo que tienen en común es que ambos orillan un mundo María Elena Walsh. Charly es una prolongación de la poética de María Elena Walsh, por sobre todas las cosas en sus primeros años, en los primeros quince años como compositor. Desde Sui Generis hasta Alicia en el país. Después, en Say No More, ya está. Ya dijo todo lo que tenía que decir. Deja la moral y deja el nonsense. Yo conocí a María Elena Walsh en un cumpleaños, en el cumpleaños número 60 de Quino, en la casa de Quino.

—¿Había una estética que los unía?

—Sí. Clase media, progre, antifascista, antipopulista. Esa es la cosa: izquierda, izquierda chic.

—¿Izquierda chic?

—Sí. Conciencias superiores al servicio del arte popular. Eso es lo increíble. Porque no son dos inteligencias superiores al servicio de algo no popular, de algo elitista solamente. Estos tuvieron el accidente de ser populares. Y hoy los niños siguen cantando a María Elena Walsh y los niños siguen leyendo Mafalda. Hay gente de 80 años y gente de 10 que los consume.

—Charly, a partir de cierto momento, también quiso romper con esa limitación progre.

—Sí, se cansó. Se hartó. En mi libro está claro. Digo y dibujo que es un producto de la clase media urbana porteña. El tipo no cruzó de Caballito para abajo. No fue a Pompeya, no fue al conurbano. Es de esa clase media progre. Después se va cansando, va viendo lo que expresa el sentido común de clase media, que es mucho. Siempre está ahí la clase media absorbiendo alguna novedad para volverla sentido común. Y vendrá otra novedad que tratará de combatir ese anterior sentido común, que será metabolizado por la clase media. Y así. A golpes de liberalismo cultural, la clase media va desinhibiéndose, y a veces pudriéndola también.

—A veces genera lumpenaje, monstruosidades...

—Sí. Y esos también fueron lectores de Mafalda. Una vez me pasó que estaba en la cola de De La Flor, en la Feria del Libro, y de golpe se me aparecen dos niños, los hijos de María Julia Alsogaray. En ese momento ella estaba súper acusada, después del tapado, ¿viste? Un personaje espantoso. Y yo me pregunté en ese momento: ¿qué hago? Son niños, me dije. El monstruo leía Mafalda. El monstruo compraba Mafalda. Bueno, eso también es el arte popular. Existe eso también. No sé qué pasará con Leonardo Favio, que es otro capo… Ese es más difícil de domesticar. Va directo al loser, directo al loser…

—Y… Es peronista.

—Porque además es peronista, claro, que eso es otro tema, otro cantar. Ahí creo que no hay demasiado equívoco. En todo caso, hay gente que lo debe expulsar de sus anaqueles y gente que lo amará siempre.

Miguel Repiso, conocido como Rep, llega a Mendoza para participar de la Feria del Libro 2026 con un homenaje gráfico a uno de los grandes íconos de la música argentina. El dibujante presentará "Charly Absoluto", su nuevo libro dedicado a la vida, la obra y el universo artístico de Charly García, y además inaugurará una muestra que reúne originales y gigantografías de la publicación.

La presentación del libro será el sábado 3, a las 20.30, en la sala Ernesto Suárez del Espacio Cultural Julio Le Parc. Publicado por Penguin Random House, "Charly Absoluto" reúne más de 200 ilustraciones acompañadas por textos en los que Rep reconstruye distintas etapas de la trayectoria del músico, sus influencias, sus obsesiones y también las polémicas que atravesaron su carrera.

El recorrido gráfico parte de los comienzos de García con Sui Generis y atraviesa su paso por Serú Girán hasta llegar a su extensa trayectoria como solista. Pero el trabajo de Rep no busca simplemente ordenar una biografía. A través del dibujo, construye un mapa del universo simbólico de Charly, en el que se cruzan referencias culturales, escenas, citas y asociaciones que permiten acercarse al músico desde distintos ángulos.

"Aprendí mucho dibujando, porque es mi manera de entender", explicó Rep al referirse a su vínculo con García. En ese proceso también ocupa un lugar especial "La grasa de las capitales", el disco de Serú Girán que, según recordó, produjo un impacto decisivo en su acercamiento al universo creativo del músico.

La propuesta tendrá además una dimensión expositiva. El viernes 2, a las 20, se inaugurará en el ECA Eliana Molinelli, ubicado en 9 de Julio y Gutiérrez, Ciudad, la muestra "Charly Absoluto". Allí podrán verse originales y gigantografías surgidos del libro. La apertura contará también con la participación de la banda Superhéroes, que ofrecerá un homenaje musical a Charly García.

Las actividades de Rep comenzarán incluso antes de la presentación del libro. El sábado 3, a las 17.30, ofrecerá el taller "Rep enseña Quino", en el Aula 2 del Espacio Cultural Julio Le Parc.

Con "Charly Absoluto", Rep propone así una lectura personal y visual de una figura que excede ampliamente el ámbito musical. Entre el mito, la memoria y la creación, sus dibujos vuelven sobre un artista cuya presencia continúa formando parte del imaginario cultural argentino. Como resume uno de los grafitis citados en el libro: "Sonríe: todavía existe Charly García".

Fuente: Los Andes

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