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Rocío, la mamá que transformó el silencio en el lazo más fuerte con sus hijos

A través del acompañamiento familiar, la lectura labial y la lengua de señas, Rocío -profesora y madre de dos niños-, demuestra cómo el amor y la perseverancia derriban cualquier obstáculo de comunicación.

Por Myriam Pérez4 min de lectura
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Rocío, la mamá que transformó el silencio en el lazo más fuerte con sus hijos
Rocío, la mamá que transformó el silencio en el lazo más fuerte con sus hijos · Foto: Tiempo de San Juan

La sonrisa de Rocío Riveros, mamá de Angel (8) y Oliver (6), ilumina todo lo que la rodea. Una mujer resiliente y empoderada que logró superar sus problemas de audición aprendiendo –y ahora enseñando-, lenguaje de señas y lectura de labios, incluso habla con cierta soltura gracias a años de tratamiento fonoaudiológico. Quizá lo más duro que le tocó pasar como mamá fue comunicarse con sus hijos cuando nacieron ya que pasó noches en vela mirando si lloraban o necesitaban algo. Todo lo pudo gracias al acompañamiento de su esposo Diego Sánchez y de sus padres Fernando Riveros y María de los Angeles Oro.

Recuerda que la pérdida de audición comenzó a manifestarse en el jardín de infantes. Fue su maestra quien notó que no escuchaba y que permanecía muy callada. Sus padres ni lo dudaron y comenzaron a hacer todo lo que estaba a su alcance, desde viajar a Buenos Aires para realizar consultas médicas hasta iniciar largos tratamientos en fonoaudiología y un primer implante coclear a los 13 años.

"Con seis años ya tenía perdida la audición, así es que cuando terminé el jardín, en la vacaciones,  mis padres me llevaron al médico. Les dijeron que tenía una pérdida profunda en el oído izquierdo y el derecho también estaba muy avanzado", recuerda.

Asistía simultáneamente a un establecimiento de enseñanza común y a la escuela especial José A. Terry donde fue abanderada. "Iba todo el día a la escuela y también me mandaron a danzas árabes por sugerencia de la fonoaudióloga. Mis padres hicieron todo por mí. Yo estaba como perdida y siempre calladita", indica muy emocionada.

Nada fue fácil. Los primeros audífonos le provocaban intensos dolores de cabeza hasta que posteriormente accedió a un implante coclear que mejoró significativamente su percepción del sonido.

"Mi papá siempre me decía que al menos debía terminar la escuela secundaria. Lo logré y luego me convertí en profesora de Lengua de Señas. Él está muy orgulloso de que trabaje en la Dirección de Personas con Discapacidad donde doy cursos básicos de lengua de señas al igual que en empresas privadas que lo solicitan y también estoy en la oficina de archivo", dice Rocío.

Aprender a hablar y a comunicarse requirió un trabajo constante con la fonoaudióloga para articular sonidos difíciles como la "R" o la "L". Del mismo modo desarrolló la capacidad de realizar lectura labial, algo que le facilita muchísimo la comunicación.

Durante la educación secundaria que cursó en el colegio María Auxiliadora, se sentaba siempre en primera fila frente a sus profesoras para poder leerles los labios y seguir las clases.

Durante su adolescencia también exploró la danza árabes hasta los 16 años, y aunque no la practica en la actualidad, ama este ritmo al igual que el flamenco. Ha logrado seguir la música y bailar percibiendo sus vibraciones.

A los 19 años, después de finalizar los estudios secundarios, fue mamá por primera vez. "Mi primer embarazo fue con mucha emoción y con mucho miedo", asegura.

Los primeros meses con su bebé implicaron un enorme reto de adaptación porque para dormir debía retirarse el audífono y no podía oír el llanto del pequeñito.  Eso la llevó a pasar las noches casi sin dormir, vigilando de forma visual constante al lado de la cuna.

En ese periodo, su esposo Diego, con quien lleva 14 años de relación -7 de novios y otros tantos de casados-, cumplió un rol fundamental. La acompañó en los trámites médicos e interpretó las necesidades del recién nacido cuando lloraba, ayudándola a descifrar lo que el bebé requería.

Su segundo embarazo fue justo en pandemia. "Tenía temor porque no podía comunicarme debido al uso de barbijo. Me costó mucho, mucho", agrega.

En la actualidad la comunicación en el hogar se ha convertido en una labor de equipo tanto que los dos chicos aprendieron a articular y modular con mucha claridad para que su madre pueda leerles los labios sin dificultad. Esta habilidad fue destacada por las propias maestras de la escuela.

Además, cuando ella no logra comprender algun concepto escolar, investigan juntos en internet para que los niños hagan la lección. Ellos también se encargan de enseñarle palabras nuevas que aprenden y le cantan o relatan las canciones y actividades que realizan en el colegio. Juntos avanzan, incluso en el aprendizaje de lengua de señas.

Tras concluir la secundaria, se graduó como profesora de Lengua de Señas. Actualmente trabaja dictando capacitaciones básicas de comunicación en esta lengua dirigidas a la policía, personal de hospitales, empresas y diversas instituciones que requieren atender a personas con discapacidad auditiva.

Al reflexionar sobre su trayectoria y su rol familiar, expresa que ser madre es un motivo de profundo orgullo y que lo más importante para una mamá no oyente es disfrutar plenamente del amor y el crecimiento de sus hijos. "No hay nada más importante que el amor para lograr todo", asegura emocionada.

Fuente: Tiempo de San Juan

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