Salud mental: advierten que el insomnio agrava el riesgo de crisis emocionales
La UBA reveló que el 58,69% de los argentinos presenta alteraciones del sueño y que las preocupaciones económicas agravan la salud mental

Un informe de la UBA reveló que casi seis de cada diez argentinos tienen alteraciones del sueño y que más de la mitad atraviesa una crisis personal asociada a preocupaciones económicas. Para el psicólogo Carlos Trujillo, el dato más preocupante es que el insomnio se consolida como un factor de riesgo directo para el deterioro de la salud mental y las conductas suicidas.
Las alteraciones del sueño dejaron de ser un problema individual para convertirse en un indicador del estado de salud mental de la población. Así lo refleja un reciente informe de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que reveló que el 58,69% de los argentinos manifiesta tener problemas para dormir y que el 52,40% considera estar atravesando una crisis personal o vital, principalmente vinculada con preocupaciones económicas.
El estudio también muestra que el 6,5% de la población presenta riesgo de desarrollar un trastorno mental, especialmente entre los jóvenes y quienes perciben tener un nivel socioeconómico más bajo. Además, el 43,44% señaló que las dificultades económicas representan el principal obstáculo para acceder a un tratamiento psicológico.
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Para el licenciado en Psicología y especialista en Salud Mental Carlos Trujillo, el valor del informe radica en que no cae en la asociación automática entre suicidio y depresión y, por el contrario, pone el foco sobre otros factores de riesgo que muchas veces pasan inadvertidos.
"Es muy común patologizar el suicidio y relacionarlo exclusivamente con la depresión. Este informe no cae en ese lugar común y aporta otro dato de enorme importancia: el insomnio", sostuvo.
Según explicó, el sueño constituye una función vital para el equilibrio psíquico y su deterioro suele ser una de las primeras señales de alarma.
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"Necesitamos una cantidad adecuada de horas de sueño, pero también que ese descanso sea reparador. En todos los años que llevo atendiendo pacientes con distintos padecimientos mentales, lo primero que se desorganiza es el sueño y la alimentación. Se alteran las funciones orgánicas básicas del cuerpo".
Para el especialista, dormir, alimentarse y mantenerse en movimiento representan tres pilares esenciales para una vida saludable. Sin embargo, advirtió que esos hábitos hoy aparecen profundamente alterados.
"Siempre digo a mis alumnos que tener salud mental ya no significa la ausencia de padecimientos, sino poder comer en la mesa y dormir en la cama. Parece una frase sencilla, pero esas cuestiones básicas hoy están completamente trastocadas. Nos dormimos en la mesa y terminamos comiendo en la cama. Paradójicamente, pasamos la noche comiéndonos la cabeza", analizó el especialista.
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Trujillo señaló que el contexto económico aparece como uno de los factores que más inciden sobre este fenómeno. El creciente endeudamiento de las familias, explicó, termina impactando directamente sobre el descanso.
"La salud mental es compleja porque intervienen muchas variables al mismo tiempo. Uno lee que nunca hubo tanto endeudamiento en tarjetas de crédito o billeteras virtuales y la pregunta es inevitable: ¿cuántas personas no pueden dormir porque están endeudadas?".
A ese escenario se suma el uso intensivo de las pantallas y las redes sociales. El informe de la UBA indica que el 97,19% de los participantes utiliza redes sociales y que el 58,98% emplea herramientas de inteligencia artificial, prácticas que se asocian con mayores niveles de ansiedad y malestar emocional.
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Para Trujillo, especialmente entre los nativos digitales, la tecnología dejó de ser solamente una herramienta. "Las pantallas pasaron a formar parte del ambiente. Los jóvenes ya no pueden imaginar su vida sin ellas. Por eso el desafío no pasa por prohibirlas, sino por aprender a regular su uso. Hoy la vida transcurre tanto en el mundo físico como en el virtual y las consecuencias de lo que ocurre en las redes impactan directamente sobre las personas".
El especialista también advirtió sobre otro fenómeno creciente: la automedicación para combatir el insomnio.
"Quien no puede dormir suele recurrir a lo primero que tiene a mano: alcohol, algún medicamento o recetas caseras. El problema es que eso termina agravando la situación".
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A su entender, las personas con dificultades para dormir deberían poder consultar tempranamente en el sistema de salud. Sin embargo, observó que la pérdida de cobertura médica por motivos económicos está trasladando cada vez más demanda hacia los hospitales y centros de atención públicos.
"En las reuniones que realizamos con la Red de Salud Mental Comunitaria los equipos nos cuentan que comenzaron a llegar personas que nunca habían atendido antes. Son pacientes que antes iban al psicólogo privado y hoy ya no pueden sostener ese gasto".
Ese escenario, explicó, genera una situación que define como "anomia de las prioridades y las demandas". "En un mismo centro de salud conviven personas que no pueden dormir, otras con ideación suicida y pacientes que ya atravesaron un intento de suicidio. Es una mala señal que tengamos que decidir a quién atender primero. No cuestiono el triage, pero sí digo que debemos intervenir mucho antes de que las situaciones lleguen al límite".
Fuente: Primera Edición
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