San Javier: naturaleza, fe y tradición
Hablar de San Javier es hablar del Cerro Monje, uno de los sitios religiosos y turísticos más representativos de la zona. Un sitio ubicado a 300 metros de altura, a orillas del río Uruguay, el lugar arrastra desde hace generaciones una historia atravesada por la fe, las promesas y la mística.

• Ezequiel Miño y Lautaro Páez, enviados especiales.
Hablar de San Javier es hablar del Cerro Monje, uno de los sitios religiosos y turísticos más representativos de la zona. Un sitio ubicado a 300 metros de altura, a orillas del río Uruguay, el lugar arrastra desde hace generaciones una historia atravesada por la fe, las promesas y la mística.
Cada año llegan hasta allí fieles que buscan cumplir promesas, pedir perdón por sus pecados, agradecer o, simplemente, encontrar un momento de recogimiento en medio de un entorno natural imponente.
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La historia del Cerro, como ocurre con muchas leyendas populares, presenta diferentes versiones. Una de las más difundidas relata que el capitán de un buque italiano naufragó en el Río de la Plata y fue el único sobreviviente de la tripulación. Algunas versiones sitúan el episodio en 1567, mientras que otras fuentes lo ubican varios siglos después.
Según la tradición, durante el naufragio el hombre prometió dedicar treinta años de su vida a la penitencia y la oración si lograba salvarse. Tras sobrevivir, habría subido a una pequeña embarcación y remontado el río Uruguay contra la corriente hasta llegar a la zona de la actual San Javier. Desde allí ascendió al cerro y comenzó una vida austera y solitaria.
La leyenda cuenta que, al llegar, apoyó su bastón sobre unas piedras de las cuales brotó agua, hecho que interpretó como una señal divina para permanecer en aquel lugar.
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A partir de entonces llevó una vida de oración, sacrificio y ayuda al prójimo y, en el sitio donde apareció el agua, colocó una cruz, dando origen a una creencia que sobrevive al paso de los siglos.
Españoles, portugueses, guaraníes y pobladores de diferentes puntos de la región comenzaron a visitar el cerro atraídos por la fama de aquel manantial, al que la tradición popular atribuyó propiedades milagrosas y curativas. Todavía hoy existen visitantes que llegan al Cerro Monje aferrados a esa creencia.
La misma leyenda sostiene que aquel hombre construyó una pequeña capilla para conservar sus imágenes religiosas. Entre ellas se encontraba una representación de Nuestra Señora del Huerto, advocación mariana vinculada a la ciudad italiana de Chiavari y cuyo origen se remonta a fines del siglo XV. Finalmente, según la tradición, el misterioso monje desapareció sin dejar rastros, alimentando todavía más la mística que rodeó al lugar y que terminó dando nombre al cerro.
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Con el correr de los años, la pequeña capilla fue remodelada y adaptada. Actualmente permanece abierta a los visitantes y conserva imágenes religiosas en su interior, como una manera de mantener viva una historia en la que se mezclan religión, tradición oral y leyenda.
Uno de los momentos de mayor convocatoria se produce durante Semana Santa, cuando el Vía Crucis viviente reúne a fieles provenientes de distintos puntos de Misiones, del nordeste argentino y de otras regiones del país.
Las vigilias, procesiones y representaciones religiosas lo convierten en uno de los centros de peregrinación más importantes de la región. Miles de personas recorren sus senderos y participan en las ceremonias en un escenario en el que la espiritualidad convive con el paisaje del río Uruguay y la vegetación característica de la zona.
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Pero el sitio no vive solamente de su historia religiosa. Su ubicación y su entorno natural lo transformaron también en un atractivo turístico para quienes buscan tranquilidad, naturaleza y vistas panorámicas. El predio está rodeado de vegetación y hay distintos puntos desde los cuales se observa el río Uruguay. El predio cuenta con energía eléctrica, sanitarios, sectores de acampe, espacios para motorhomes, estacionamiento, mesas, sillas y parrillas. También dispone de un área de juegos para chicos. El acceso es gratuito.
Entre la historia y la leyenda, entre la religión y el turismo, el Cerro Monje sigue siendo uno de esos lugares donde resulta difícil establecer con precisión dónde termina el relato histórico y dónde comienza la tradición popular.
Desde la bifurcación de las rutas provinciales 4 y 2, hay que tomar la RP 2 en dirección al centro de San Javier. Una vez allí, se debe continuar por la Av. 25 de Mayo y doblar a la izquierda hacia la Av. Santa Catarina. Seguir por esa misma vía 2,5 km, cruzar el puente del arroyo Guerrero y seguir otro kilómetro. Doblar hacia la izquierda y continuar un kilómetro. A la derecha está el ingreso: hay un cartel y una cruz de color blanco que abren paso al último tramo del camino levemente empinado hacia el cerro.
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El Camping Puerto Arena, en San Javier, combina naturaleza, comodidad y recreación para disfrutar del verano en Misiones.
El fuerte del lugar sin dudas es el acceso al río Uruguay, ideal para nadar y refrescarse. Sin embargo, también cuenta con una pileta de grandes dimensiones para quienes eligen este tipo de lugares para pasar el día.


El complejo ofrece una amplia gama de servicios para disfrutar en familia o con amigos, como quinchos, parrillas, canchas de fútbol y vóley, además de una zona exclusiva para acampar y cómodas cabañas de hasta cuatro personas, totalmente equipadas.
Otra de las especialidades de la casa es el matiné bailable que tiene lugar los domingos, con música principalmente sertaneja, y que reúne a toda la familia en baile.
La entrada tiene un valor de $5.000 por persona (de 4 a 10 años) de lunes a viernes, mientras que a partir de los 11 años pagan $7.000.
Los fines de semana el acceso por persona es de $7.000 para menores hasta diez años, mientras que mayores, de 11 años en adelante, pagan $10.000.
Para acampar, las carpas pagan $6.000 por día más $7.000 diarios si usan artefactos eléctricos como freezer, ventilador, horno o heladera. Las casas rodantes abonan $15.000 por día. Para disfrutar del kayak, los precios son los siguientes: $5.000 individual, mientras que el doble es de $4.000 por persona.
El acceso a Puerto Arena se realiza desde la avenida 25 de Mayo (continuación de ruta provincial 2) hasta el Paseo de las Festividades en el centro de San Javier (Av. Santa Catarina). Desde allí, el camino -en buen estado- combina empedrado y tierra por aproximadamente dos kilómetros hacia la costa del río Uruguay.
Es un lugar natural, agreste e ideal para disfrutar del agua y la tranquilidad. Hay que tener en cuenta que las Correderas del Cumandaí se muestran cuando el río Uruguay no está crecido.
Los lugareños cuentan que las correderas, hace muchos años, eran claves para que los brasileños transportaran el ganado desde Brasil hacia Argentina, y viceversa.
También para los timoneles de Porto Lucena que pasaban por allí y atracaban en el Puerto de San Javier para llevar mercaderías hacia su país.
Las mismas se encuentran en el mismo camino al Cerro Monje, pero en lugar de doblar, se debe continuar, son alrededor de 7 kilómetros.
En tiempos donde hay ausencia de lluvias, el río se achica y sobresalen las piedras que forman unas pequeñas cascadas.
Los vecinos del lugar comentan que, en esos días, se puede caminar hasta el medio del río y apreciar el paisaje desde allí, tanto en Argentina como en Brasil.
Las recomendaciones principales son: ingresar al agua preferiblemente con zapatillas con plantilla y buen agarre, tener mucho cuidado con los niños ya que hay muchas piedras filosas, resbalosas y con algunos desniveles.
Se aconseja llegar temprano, es cuando más se puede disfrutar, en paz, las correderas. Llevar mucha agua, protector solar, gorras y bolsas para los residuos. El lugar es gratuito, pero no hay sanitarios ni comercios/cantina, por lo que se recomienda evitar abusar de la naturaleza dejando residuos de todo tipo. Llevar todo lo que se va a usar.
No es apto para personas con discapacidad, teniendo en cuenta que el acceso al agua es por una pendiente bastante alta.
Las Correderas del Cumandaí se encuentran en el mismo camino al Cerro Monje. Por avenida Santa Catarina, pasando el arroyo Guerrero, pero en lugar de doblar, se debe seguir el mismo camino paralelo al río Uruguay, parte terrado y parte entoscado, son alrededor de 7 kilómetros. En épocas de crecidas, se recomienda no ir por allí.
Fuente: Primera Edición
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