San Luis antes de San Luis: el viaje de millones de años del museo Contacto
El renovado espacio de la UNSL invita a descubrir los enigmas de la fauna prehistórica y experimentar con la ciencia a través de juegos interactivos y herramientas inmersivas.

Entrar al primer piso del emblemático edificio «El Barco» es, hoy más que nunca, cruzar un portal temporal. El Museo Interactivo «Contacto», impulsado por la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas y Naturales de la UNSL, se consolidó en un espacio de 220 metros cuadrados que no está pensado para mirar en silencio, sino para tocar, experimentar y, sobre todo, resolver grandes misterios.
La propuesta rompe con la idea de las muestras estáticas y se presenta como un circuito cronológico vivo. El viaje comienza mucho antes de la aparición del ser humano, sumergiendo a los visitantes en la riqueza paleontológica de la región.
El gran imán del espacio son sus "estrellas" locales, dos criaturas que habitaron suelo puntano y que encierran historias fascinantes de confusión y descubrimiento.
El misterio más atrapante lo protagoniza la famosa "araña gigante" de Bajo de Véliz. Durante un cuarto de siglo, el mundo científico creyó que este fósil hallado al norte de San Luis correspondía al arácnido más grande de la historia planetaria.
Sin embargo, un hallazgo posterior reveló el verdadero enigma: no era una araña, sino un colosal escorpión acuático que nadaba en los lagos boscosos de la zona hace 300 millones de años.
Junto a este gigante, el museo exhibe la réplica del Pterodaustro guiñazui, el asombroso reptil volador que surcaba los cielos de lo que hoy es el Parque Nacional Sierra de las Quijadas durante el Periodo Cretácico.
La línea de tiempo continúa su curso y desafía al público a pararse cara a cara con la evolución humana a través de réplicas de homínidos, cráneos de osos de las cavernas y feroces depredadores como el Velociraptor o el Teratophoneus, un pariente cercano del Tyrannosaurus.
Pero el enigma de la ciencia no solo se esconde en el pasado. El tramo final del recorrido transforma al visitante en un científico activo. Desafíos matemáticos y geométricos ponen a prueba las destrezas de grandes y chicos, mientras que dispositivos como la Lámpara de Plasma o el generador de Van De Graaff permiten "ver" y tocar los misterios de la electricidad y la energía.
El broche de oro de este viaje interactivo es una sandbox (caja de arena) tecnológica, donde los usuarios pueden moldear el terreno con sus propias manos y ver cómo el relieve topográfico cambia en tiempo real gracias a sensores inmersivos.
En tiempos donde la educación pública busca nuevos puentes con la sociedad, este rincón de la Universidad Nacional de San Luis demuestra que el conocimiento no es algo lejano, sino un territorio lleno de secretos esperando ser descubiertos por mentes curiosas.
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Fuente: El Diario de la República
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