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Se cumplen 20 años de la desaparición de Julio López

El albañil Julio López, testigo clave en dos juicios por crímenes de lesa humanidad, desapareció el 18 de septiembre de 2006

Por Paco del Pino3 min de lectura
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Se cumplen 20 años de la desaparición de Julio López
Se cumplen 20 años de la desaparición de Julio López · Foto: Primera Edición

El 18 de septiembre de 2006, la historia contemporánea argentina sufrió un fractura institucional sin precedentes desde el retorno de la democracia en 1983: Jorge Julio López, albañil, militante territorial del peronismo de base y sobreviviente de los centros clandestinos de detención de la última dictadura cívico-militar, salió de su casa en el barrio de Los Hornos (La Plata), para presenciar los alegatos finales en el juicio contra el exdirector de Investigaciones de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Miguel Osvaldo Etchecolatz.

Pero López nunca llegó al Salón Dorado de la Municipalidad platense. Su segunda desaparición forzada no solo interrumpió la vida de un hombre de 77 años, sino que expuso las grietas, complicidades y la inoperancia del aparato judicial y de seguridad del Estado argentino.

Dos décadas después, la causa judicial no tiene imputados, detenidos ni respuestas sobre el destino de la víctima.

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Jorge Julio López había sido secuestrado el 27 de octubre de 1976 y permaneció cautivo hasta junio de 1979. Durante su cautiverio atravesó diversos centros clandestinos integrados en el denominado "Circuito Camps", entre ellos la Comisaría 5° de La Plata y el Arana.

Casi tres décadas más tarde, tras la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, López ofreció un testimonio crucial ante el Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata, presidido por el juez Carlos Rozanski.

Con un nivel de detalle fotográfico, López reconstruyó las torturas sufridas, identificó lugares de encierro, nombró a sus compañeros de cautiverio que continúan desaparecidos y señaló de manera directa e incontrovertible a Miguel Etchecolatz como quien ejecutaba e impartía las órdenes de fusilamiento y tortura.

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Su voz, emitida semanas antes de su desaparición, fue determinante para que la justicia dictara la primera condena por genocidio en el país tras la reapertura de los juzgamientos.

El 19 de septiembre de 2006, el tribunal condenó a Etchecolatz a reclusión perpetua. Sin embargo, la silla vacía de Jorge Julio López ensombreció la jornada histórica y marcó el inicio de una pesadilla institucional.

La investigación inicial tras la desaparición de López estuvo plagada de irregularidades, negligencia y maniobras de encubrimiento.

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Durante los primeros días, las autoridades provinciales y los juzgados locales trataron el hecho bajo la carátula de "averiguación de paradero", sugiriendo erróneamente que López podía haberse "extraviado" debido a su avanzada edad o que sufría un shock postraumático. Esta hipótesis dilató las primeras horas, que resultaban críticas para la recolección de pruebas de campo.

Peor aún, las tareas de investigación e inteligencia preliminares fueron encomendadas a la propia Policía de la Provincia de Buenos Aires (la Bonaerense), la misma fuerza en la que revistaban cientos de efectivos que habían actuado durante la dictadura y que mantenían redes de solidaridad y lealtades operativas con Etchecolatz y otros represores procesados.

Recién en 2008 la causa fue caratulada formalmente como "desaparición forzada de persona" y pasó a la órbita de la Justicia Federal, bajo la conducción del Juzgado Federal N° 1 de La Plata. Para entonces, el rastro primario se había disipado sustancialmente.

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Al cumplirse dos décadas de la desaparición, el expediente acumula decenas de cuerpos principales, legajos de prueba e innumerables anexos documentales. Sin embargo, la monumentalidad del volumen de papel contrasta de manera dramática con la falta de hallazgos concretos.

Decenas de excavaciones, rastrillajes con perros adiestrados y análisis geofísicos en descampados de la zona de Punta Lara, Berisso, Atalaya y estancias del partido de La Plata arrojaron resultados negativos.

A pesar de los reclamos sostenidos por la querella de la familia de López -encabezada por su hijo Rubén López- y los organismos de derechos humanos (como la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, la APDH y el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia), la investigación no ha logrado imputar ni procesar a una sola persona como autora material, intelectual o encubridora.

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A veinte años de aquel 18 de septiembre de 2006, la pregunta "¿Dónde está Jorge Julio López?" trasciende la memoria de una víctima individual. Representa una deuda ineludible de la democracia argentina con sus propios fundamentos y un recordatorio de que la impunidad no resuelta perpetúa la herida abierta por el terrorismo de Estado.

(Artículo elaborado con ayuda de la IA Google Gemini)

Fuente: Primera Edición

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