"Se puede dejar de ser bombero pero la vocación te queda adentro"
En su juventud Miguel Ángel Borowski (59) tuvo un accidente automovilístico donde sufrió la amputación del pie derecho y hasta hace algunos años no sabía cómo devolver a la sociedad la contención que recibió durante aquellos días difíciles, hasta que formó parte del cuerpo de Bomberos Voluntarios de esta localidad. "La actitud de personas que […]

En su juventud Miguel Ángel Borowski (59) tuvo un accidente automovilístico donde sufrió la amputación del pie derecho y hasta hace algunos años no sabía cómo devolver a la sociedad la contención que recibió durante aquellos días difíciles, hasta que formó parte del cuerpo de Bomberos Voluntarios de esta localidad. "La actitud de personas que no conocía, que me hicieron sentir contenido, es algo que no puedo explicar. Siempre me preguntaba de qué forma podía ayudar, participaba en un espacio, de otro, y en Bomberos encontré la forma", aseguró quien se desempeña como presidente de la Asociación de Bomberos Voluntarios de Gobernador Roca y ostenta el rango de suboficial superior principal.
Mientras cursaba el quinto grado en el Instituto "Nuestra Señora de Fátima", un tío, que era sacerdote de la Congregación Salesiana, propuso a sus padres llevarlo a estudiar al Colegio "Pascual Gentilini", en San José. "Para mí era algo muy extraño porque nunca estuve fuera de casa. Allí hice sexto y séptimo grado y primer año, y me llevaron al Instituto "Ceferino Namuncurá", de Funes, Santa Fe, donde funcionaba un seminario. Volví a hacer primer año y estuve hasta cuarto. En ese trayecto aprendí mucho, con muy buena disciplina, por lo que no me arrepiento de haber ido, aunque venía a casa una vez al año porque mis padres -Raúl y Serafina Revinski- eran peones rurales y no podían enviarme dinero", manifestó el efectivo, nacido en Campo Viera.
A mediados de febrero de 1985 los alumnos viajaron a las Cataratas del Iguazú en el ómnibus del Instituto, que venía hasta el Gentilini a esperar a los estudiantes de Misiones, Corrientes, Chaco y regresaba por las rutas 12, luego la 11, hacia Rosario. El primero de marzo de 1985, a las 4, el colectivo atravesó un paso a nivel sin barreras y fue embestido por el tren carguero en Marcelino Escalada, cerca de San Justo."En ese accidente nos golpeamos mucho y yo perdí un pie. No me desmayé. Pude observar los acontecimientos y a muchos compañeros heridos", contó quien por aquel entonces tenía 17 años y al cerrar los ojos "la secuencia se viene a la mente".
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En esa ocasión, "no vino la ambulancia, sino que las personas se detenían para ayudarnos. Cuando nos pusieron sobre el asfalto, un chico más chico, de Apóstoles, lloraba mucho. Y yo también, porque sentía mucho dolor. Pedí que lo lleven primero a él porque era menor", agregó, mientras trataba de contener el llanto, destacando esa ayuda que recibieron. "Nos fueron llevando hasta un hospital. Cuando llegamos, sacaron una aguja y no recordé más. Cuando me desperté veía varias camas, no podía ubicarme en tiempo y espacio, me quise sentar y me di cuenta que me faltaba el pie. Fue desesperante porque no veía a ninguno de mis compañeros. Luego supe que ese era el pabellón de amputados", lamentó.
Fue en ese momento donde empezó "un calvario porque me enyesaron desde la rodilla hacia abajo. Estuve cuatro días internado y no aguantaba al dolor. Para llamar a los enfermeros había que aplaudir y no podía hacerlo por las mangueras conectadas al brazo". Luego supo que "el muñón se estaba poniendo feo. El sacerdote que era director del Instituto hacía las gestiones para trasladarme a un sanatorio de Rosario y yo le decía que no aguantaba el dolor. Cuando me sacaron al pasillo pude ver a mis compañeros, que también eran trasladados. Fue una alegría porque veía a gente conocida. En el sanatorio me ubicaron en el tercer piso, cama 3, habitación 303, y fue como llegar al cielo".
El Dr. Roberto Carras lo sentó en la cama y mandó a sacar el yeso. "Cuando lo cortaron, sentí un olor nauseabundo. Dijo que tenía diez minutos para pensar: querés que te cortemos la pierna por arriba de la rodilla o te vas a someter a un tratamiento prolongado. Fue un momento muy difícil y la primera gran decisión. Pedí que no me cortaran, que iba a intentar soportar el dolor de la curación a la que debía someterme cada 48 horas, pero sin anestesia", comentó. Dijo que iba a intentar hasta donde pudiera. Las enfermeras Palmira y Mercedes, que lo asistían, le armaron un pañuelo con nudos que ponía en la boca y apretaba para aguantar el dolor. "Gracias a Dios pude soportarlo. Luego tenía el pie levantado. Me pusieron clavos y me colgaron unas pesitas para estirar los tendones, mientras me cuidaban los compañeros de curso", agregó.
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Recién a los quince días, sus padres pudieron ir de visita. El sacerdote Carlos Revinski junto al vecino Eduardo Tuzinkiewicz los llevaron hasta Rosario. "Cuando los vi, sentí un alivio. Tengo ese recuerdo tan vivo. Mamá se quedó un tiempo. Así pasé seis meses. Los demás chicos se habían ido. Luego me llevaron al colegio donde anduve en muletas. Luego me trajeron a casa", acotó. Después de un tiempo la empresa le facilitó un pie ortopédico y con el dinero que el seguro pagó por los daños, compró un terreno de nueve hectáreas donde aún viven su padre y sus hermanos: Lidia, Nélida, Ramón, Raquel y Mercedes.
Terminó quinto año en el colegio "Fray Mamerto Esquiú", de San Ignacio. Empezó a trabajar en la ferretería Lukoski Hermanos, donde permaneció durante 16 años. Después tuvo otras ocupaciones hasta que ingresó a la Municipalidad de Gobernador Roca, cuando surgió la oportunidad de crear un Cuerpo de Bomberos Voluntarios.
En ese momento "me nació colaborar porque integré la Unión de Padres de Familia, fui catequista, acompaño la misa con la guitarra, colaboré con las fiestas patronales, siempre ayudando en lo que podía. Cuando se hizo la primera reunión, el 9 de noviembre de 2014, se necesitaban socios y me anoté. Eran 25 de Gobernador Roca y 25 de Corpus Christi. En agosto de 2015 hablé con quien estaba de jefe, le comenté lo que me pasaba y pregunté si podía ser bombero, a lo que contestó que, si tenía voluntad, no había impedimento. Nunca me sentí menos que nadie por no tener un pie. Hay cosas que no puedo hacer, me costó entenderlo, pero soy muy activo".
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Cuando llegó el momento del ingreso "ya no tenía el pie ortopédico original y usaba una especie de borcego. Hice una puntera de goma, armé un pie, ponía el muñón y llenaba de telas y trapos, lo ataba y quedaba fijo. Y así andaba. Me costaba un montón, pero hice todas las prácticas. Después había que ir a rendir, porque los bomberos tenemos la parte física, psicológica y luego la práctica".
El jefe le dijo que fuera al campamento de nivelación en la localidad de 25 de Mayo, desde el viernes hasta el domingo al mediodía. "Me fui con toda la actitud, hice lo que hacían los demás. Pedí a mi jefe que no contara que no tenía un pie por temor a que me rechacen. Tampoco sabían los instructores. Era como una zaranda para pasar", recordó.
El domingo le empezó a doler el muñón, la cintura, y tenía dificultades para caminar entonces el instructor –oficial bombero- Saturnino Rolón lo llamó para preguntar qué pasaba. "Le dije que nada. Cuando me dijo, es una orden, ¿qué paso?: tuve que contarle la verdad. Pidió que le mostrara. Saqué el relleno y le mostré, a pesar que eso me generaba un contratiempo". En ese instante, tocó el silbato y llamó a todos. Había chicos de 18 años que no podían terminar la prueba, a quienes les dijo: "No puede ser que un hombre de 47 años, sin un pie, haga todo lo que ustedes tienen que hacer y no lo logran. A pesar de que me dijo que estaba aprobado, opté por continuar hasta terminar". Cuando estaban formados, el comandante mayor destacó el desempeño de Borowski y los chicos fueron a felicitarlo.
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Recién en 2023 el bombero gestionó el Certificado Único de Discapacidad (CUD) y el IPS le entregó un pie ortopédico que le hizo sentir muy bien. "Como me sentí seguro, empecé a formar el grupo de K-9 que son los perros para búsqueda y rescate. Tengo uno que se llama Timón. Estuve dos años enseñando junto con Aldana Gwozdz que era mi ayudante. Después se rompió el pie, me dieron otro, pero no puedo utilizarlo en el monte. Me cuesta mucho caminar. Tengo el perro, sigo tratando de entrenar y Aldana debe ir a los cursos para continuar. Si tuviera el pie adecuado me gustaría seguir", confesó. Con Timón estuvieron en acción cuando desapareció el chico en El Soberbio, que apareció vivo; en Villa Bonita y en Oberá.
"Timón está inactivo porque yo no puedo seguir su ritmo. El perro es mío pero lo pongo al servicio del cuartel", aclaró quien siempre tuvo el apoyo de su familia, sus hijos y su compañera Griselda "Epi" Arce. Para Borowski "quien está como bombero es porque realmente le gusta. Escucha la sirena y sabe que algo pasó y quiere ir a ayudar. Me pasa lo mismo. Ahora sé que era esto lo que tenía que hacer para ayudar a la gente. Lo más lindo es cuando la persona viene a agradecer tus servicios en el momento que más necesitó. Ese es el mayor pago que tenemos. Es un momento que le queda como me quedó a mí siendo tan joven".
Entiende que "ser bombero es para quien realmente lo siente adentro. Es una forma de ayudar al prójimo sin esperar nada a cambio. A veces ponemos en peligro nuestra vida tratando de ayudar a otros. En mi cuartel somos 19 (ocho bomberos, aspirantes y cadetes)". "Creo que la adrenalina que uno mueve en cada intervención te hace adicto. Cuando pasa mucho tiempo sin salir, parece que falta algo. Y cuando ocurre una emergencia, suenan las sirenas, y uno se transforma y se conecta. Dejás de ser bombero y escuchás la sirena y quedás nervioso", graficó.
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Consideró que "se puede dejar de ser bombero, pero la vocación te queda adentro. Uno se desespera. Es como que se arraiga dentro del corazón de cada uno. Hay bomberos que tienen 45 años de servicio y siguen yendo al cuartel, aunque más no sea para acomodar las escaleras. El ser bombero nace de adentro. En el cuartel me siento bien, pleno, estoy con los chicos, me consultan".
Contó que en la zona son recurrentes los accidentes de tránsito y los incendios forestales. Como la localidad es atravesada por una ruta nacional "los accidentes suelen ser muy complicados. Por intermedio de los colegas de Puerto Iguazú y a través de una Fundación de Málaga, España, logramos la donación de un equipo de corte para extricación -agrupa herramientas hidráulicas para cortar metales pesados, separar estructuras y liberar a personas atrapadas en accidentes vehiculares-".
Fuente: Primera Edición
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