Selva Almada: la construcción de una voz clave de la literatura argentina
La escritora entrerriana Selva Almada presentó su nuevo libro en Paraná y en diálogo con UNO repasó su historia y los desafíos de una carrera literaria

La escritora entrerriana Selva Almada presentó su nuevo libro en Paraná y en diálogo con UNO repasó su historia y los desafíos de una carrera literaria
Por Fernanda Rivero
FERNANDA RIVERO / DIARIO UNO
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La escritora entrerriana Selva Almada presentó su nuevo libro en Paraná y en diálogo con UNO repasó su historia y los desafíos de una carrera literaria
Nacida en Villa Elisa y convertida en una de las voces más reconocidas de la literatura argentina contemporánea, Selva Almada regresó a Paraná para presentar Una casa sola, su más reciente libro. La visita también fue una oportunidad para reencontrarse con una ciudad que ocupa un lugar central en su historia personal: aquí vivió durante gran parte de los años noventa, estudió Comunicación Social, descubrió nuevas formas de arte y comenzó a construir una mirada sobre el mundo que, de distintas maneras, continúa apareciendo en sus relatos.
Autora de obras como El viento que arrasa, Ladrilleros, No es un río y Chicas muertas, Almada logró consolidar una trayectoria que trascendió las fronteras del país. Sus libros fueron traducidos a distintos idiomas y recibieron reconocimiento internacional. Sin embargo, al momento de explicar su recorrido, evita las fórmulas grandilocuentes y prefiere hablar de trabajo, paciencia y también de una cuota de suerte.
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En diálogo exclusivo con UNO, la escritora repasó recuerdos de Paraná, reflexionó sobre el oficio de escribir, habló de la influencia de Beatriz Sarlo en sus comienzos, de la recomendación inesperada de Dua Lipa y de los desafíos que trae consigo una carrera literaria en permanente movimiento.
La capital entrerriana ocupa un lugar especial en su memoria. Llegó desde Villa Elisa cuando tenía 18 años para estudiar Comunicación Social y permaneció en la ciudad hasta fines de la década del noventa.
"Una vez al año trato de venir a Paraná. Viví acá desde 1991 hasta 1999, casi diez años. Tengo los mejores recuerdos. Fue mi época de estudiante, de mudarme de un pueblo chiquito a Paraná", recordó.
Almada describió aquellos años como un período de intensa actividad cultural. "Había una movida cultural muy fuerte. Muchas artes visuales, mucho teatro. Yo tenía una revista cultural e iba a todos lados. Fue una época hermosa y muy movida. Tengo grandes recuerdos", señaló.
También evocó la vida compartida con amigos y compañeras de estudio. "Me vine con una amiga y vivíamos en una pensión. La pasábamos muy bien. Mi casa de calle Enrique Carbó siempre era un centro de reuniones".
Aunque hoy es una autora consagrada, Almada relativiza la idea de una carrera construida únicamente a partir de decisiones personales. Para ella, el reconocimiento también estuvo atravesado por encuentros fundamentales. "No sé si decisiones, porque tener la suerte de que a un libro le vaya bien no es una decisión. Que los libros lleguen a las personas indicadas es suerte", afirmó.
En ese sentido, destacó el papel que tuvo la ensayista y crítica literaria Beatriz Sarlo en los comienzos de su trayectoria. "Mi libro llegó a Beatriz Sarlo y ella me ayudó muchísimo. Le encantó y fue una gran impulsora. Me abrió muchas puertas. A partir de ahí se amplió el círculo de lectores".
Si tuviera que señalar una decisión determinante, la escritora apunta a la elección de dedicar su vida a la literatura. "Cuando me mudé a Buenos Aires trabajaba como administrativa en un hospital. Entonces fueron decisiones vinculadas a dedicarme a lo que me gusta, hacer de esto un oficio. Empecé a dar talleres de escritura y a arriesgarme, a saltar al vacío. Pero insisto: tuve mucha suerte. Con las decisiones no alcanza".
Con lectores en distintos países y una agenda cargada de actividades, Almada aseguró que el crecimiento de su público nunca modificó su manera de escribir. "No lo siento como una presión", sostuvo. Sin embargo, reconoció que el reconocimiento trae consigo nuevas exigencias. "Las ferias, los viajes, las invitaciones y las entrevistas te quitan mucho tiempo para escribir. Es un trabajo extra. No hay horarios. Una vez que a los libros les va bien hay mucha demanda". Y agregó: "Hoy hay que estar en redes sociales, hacer videos, participar en ferias, viajar. Cuando a los libros les va bien hay que ir quitando tiempo de otros lugares para poder estar".
Entre los aprendizajes que dejaron los años, Almada destacó uno por encima de todos. "Por suerte aprendí muchas cosas porque sino sería una tarada", dijo entre risas. Luego explicó: "Aprendí a tener paciencia. De joven era muy impaciente. Escribía y quería publicar enseguida. Los años me enseñaron que para ser escritora hay que tener paciencia".
Según contó, cuando trabaja en una novela intenta concentrarse únicamente en el texto. "Cuando escribo me saco de la cabeza si se va a publicar o no, o qué pensará la gente. Solo me focalizo en el universo y en los personajes". La reflexión también excede al campo literario. "Vivimos en una época de mucha inmediatez. Parece que hay que estar todo el tiempo en todos lados y atentos al teléfono las 24 horas. Es algo que nos pasa a todos".
Consultada sobre las diferencias entre quienes nacen en el interior y quienes crecen en grandes centros urbanos, volvió a mencionar la importancia de ciertos encuentros. "Insisto: el apoyo de Beatriz Sarlo fue clave". Más allá de las circunstancias favorables, reivindicó una característica que atraviesa toda su obra. "Siempre escribo lo que quiero escribir. No escribo lo que quiere la editorial ni lo que esperan los críticos. Mi obra es genuina y eso es importante".
Los silencios ocupan un lugar central en la narrativa de Almada. Sus personajes suelen hablar poco y guardar mucho para sí mismos. "Muchísimo. En mis relatos el silencio es una parte importante de la construcción", explicó. "Son personajes muy hacia adentro, que no exteriorizan demasiado las palabras. Entonces trabajar esos silencios dentro de una trama forma parte del proceso".
Como lectora, además, reconoce una preferencia por los textos que dejan espacios para que el lector complete. "No me gusta leer libros donde todo está dicho. Me interesa cuando se trabaja con esos silencios". Y agregó una reflexión sobre la lectura después de convertirse en escritora profesional. "Eso es algo que a veces extraño. Cuando escribís dejás de leer inocentemente. Ahora leo tratando de descubrir cómo resolvió una escena otro autor, cómo construyó determinado momento. Aprendo mucho leyendo".
"Estoy en una etapa de mucho trabajo. Mi última novela salió en marzo y estoy viajando mucho acompañando el libro. Son muchos viajes y mucho ponerle el cuerpo". Además de escribir, dirige la librería y espacio cultural Salvaje Federal, ubicada en el barrio porteño de Almagro.
"Es una librería cuyo catálogo está integrado en gran parte por editoriales de distintas provincias del país. También participamos de muchas ferias".
Selva Almada está nominada al premio Rómulo Gallegos.
Aunque dejó su ciudad natal hace décadas, Villa Elisa continúa siendo una fuente permanente de inspiración. "Los pueblos chicos suelen ser conservadores, pero leer desde chica me abrió mucho el panorama. Me permitió entender que había un mundo mucho más amplio del que conocía".
La memoria de aquellos años sigue apareciendo en sus libros. "Mi familia está allá y también algunas amigas. Viví mis primeros 17 años en Villa Elisa. Está mi infancia, la naturaleza, la vida sencilla de pueblo".
Los recuerdos incluyen largas jornadas al aire libre. "Andábamos en la calle a cualquier hora. Jugábamos mucho, pescábamos. Estaban los animales, los árboles, las plantas, los arroyos. Todo eso suele aparecer en mis relatos".
Además, Almada contó cómo vivió la repercusión de que Dua Lipa haya recomendado su novela. "Fue sorpresivo", reconoció. La mención se produjo a propósito de No es un río, obra que alcanzó una enorme visibilidad internacional tras quedar finalista del Booker Prize Internacional. "Para la edición en inglés fue un gran impulso. Una estrella internacional habló del libro".
La repercusión también llegó a la Argentina. "Una editora me contó que sus hijas habían empezado a leerlo por Dua Lipa. Me acercó a un público que no me tenía en el radar".
Durante su paso por Paraná, Almada presentó Una casa sola, una obra donde el territorio entrerriano vuelve a ocupar un lugar central. "Es una historia donde una de las voces narradoras es la de una casa de campo", explicó. La vivienda permanece vacía desde hace años porque la familia que la habitaba desapareció sin dejar rastros.
"La casa cuenta cómo se convirtió en una casa y también la historia de esa familia que un día salió y nunca volvió". A partir de esa premisa, la novela explora relaciones de poder, vínculos familiares y conflictos sociales profundamente ligados al paisaje de la provincia. "Es importante el territorio entrerriano y también las tensiones entre peones y patrones. Esa sería una síntesis de la historia", cerró.
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Fuente: UNO Entre Ríos
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