"Si denuncio, ¿quién me cuida?": el invisible maltrato a adultos mayores que desnudan casos recientes en Mendoza
Son los propios familiares los que caen en el abuso económico, psicológico y el descuido. La paradoja de convivir con el agresor y el desgarrador testimonio de los especialistas.

Son los propios familiares los que caen en el abuso económico, psicológico y el descuido. La paradoja de convivir con el agresor y el desgarrador testimonio de los especialistas.
Abuso económico, psicológico y abandono son perpetrados por los propios familiares. | Imagen creada con IA
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Padres que encontraron la muerte despojados del derecho elemental al cuidado de su salud, adultos mayores sumidos en el silencio, sin la posibilidad real de pedir ayuda, cuya extrema dependencia los dejó supeditados a la voluntad de aquellos que debían protegerlos.
Las últimas semanas, una serie de hechos de maltrato, violencias y abandono de personas mayores conmocionaron a Mendoza y al país.
Entender este escenario resulta complejo. Para muchos será una noticia trágica más de las que circulan a diario, pero la reiteración de estos episodios desnuda una problemática profunda que demanda atención urgente en un contexto donde la población de adultos mayores crece de manera exponencial. Detrás de esta realidad hay un entramado que combina la sobrecarga familiar, la pérdida de empatía, el abuso económico y prejuicios culturales fuertemente arraigados.
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En mayo, la provincia se vio sacudida cuando un hombre fue imputado por abandono de persona en Godoy Cruz. La víctima fue su propio padre de 72 años, a quien dejó literalmente morir de hambre. El Ministerio Público Fiscal le imputó a Sergio Morán (41) un delito agravado por haber ocasionado un grave daño en la salud de su progenitor. El hombre, que presentaba severas dificultades de movilidad, falleció por desnutrición un día después de ser rescatado. En la clínica se constató que padecía neumonía y múltiples hematomas. Vivía en condiciones extremas de insalubridad y repetía incansablemente que tenía hambre. Su hijo continúa detenido.
Maltrato a adultos mayores: abuso económico, psicológico y abandono son perpetrados por los propios familiares.
El 19 de agosto, la tragedia se mudó a la Cuarta Sección de Ciudad. Seep Margret, una ciudadana alemana de 82 años, fue hallada sin vida en su vivienda de calle Videla Castillo. Tras el llamado al 911, la cuidadora declaró ante los primeros efectivos que la familia no se hacía cargo de las necesidades básicas de la mujer. Policía Científica constató lesiones ulcerosas compatibles con un cuadro de abandono prolongado. Un dato llamó la atención de los investigadores: la mujer no dormía en su habitación, sino en el garaje. La Fiscalía de Homicidios imputó y detuvo por abandono de persona seguida de muerte a su hijo, Jorge Beurer Sepp (60).
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Pocos días después, el martes, se confirmó el fallecimiento de una mujer de 80 años en Las Heras. La Justicia decidió investigar el hecho como un probable abandono de persona dentro de una precaria vivienda donde convivía con su hijo y su nuera, quienes manifestaron estar a cargo de su cuidado.
A estos episodios locales se suma un hecho que causó estupor nacional en julio: la detención en Mar del Plata del enfermero Nicolás Gastón Cichero (37), registrado por cámaras de seguridad mientras golpeaba y propinaba severos maltratos verbales a dos residentes de un hogar para adultos de 83 y 93 años.
Los casos que llegan a las páginas policiales son solo la punta del iceberg. Quienes trabajan diariamente en el acompañamiento gerontológico advierten que la mayoría de los abusos ocurren en la intimidad del hogar, lo que vuelve compleja cualquier tipo de intervención estatal o judicial.
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La naturalización de ciertas violencias -desde el despojo económico hasta el maltrato psicológico y el silenciamiento- constituye el caldo de cultivo perfecto para la vulneración de derechos, especialmente en aquellos adultos mayores que presentan altos niveles de dependencia.
Para Lucas Luppo, responsable de la Dirección de Adultos Mayores de Mendoza, aunque hoy existe mayor información para identificar abusos, persiste un nudo crítico difícil de destrabar: la dependencia directa con el agresor.
"¿Sabés cuál es el peor de los casos? Cuando el adulto mayor depende del abusador. Porque siempre va a depender, quizás está en la cama, postrado, o tenga movilidad reducida, pero cognitivamente esté al 100%, y lo estén abusando económicamente, quizás haya un maltrato psicológico y demás", analizó Luppo.
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Maltrato a adultos mayores: abuso económico, psicológico y abandono son perpetrados por los propios familiares. (IA)
El funcionario detalló la paradoja a la que se enfrentan las víctimas: "Supongamos que puede levantar el teléfono, llamar y hacer la denuncia, y hacen la exclusión del hogar. ¿Y quién lo ayuda? Es un círculo vicioso tan triste en ese sentido, porque la persona mayor entra en este dilema tan grande de: 'Si lo denuncio, lo sacan de casa o, en el peor de los casos, lo meten preso. ¿Pero quién me hace las compras? ¿Quién me lleva al médico? ¿Quién me da las pastillas? ¿Quién me dice: 'Papá, a esta hora tenés que tomar esta pastilla'?'".
Luppo remarcó que cerca del 70% del abuso y maltrato es intrafamiliar, perpetrado por hijos, nietos o allegados directos y la agresión proviene de una persona de confianza.
La transición demográfica impone desafíos inéditos. La población vive más años, pero la sociedad no avanza al mismo ritmo en la creación de redes de contención.


"Los recientes hechos de violencia y abandono nos obligan a tener en cuenta un problema que va mucho más allá de situaciones individuales o familiares. Cada vez vivimos más, lo que no quiere decir que vayamos a vivir mejor. Esa mayor expectativa de vida hará que aumente el número de personas que necesitarán ayuda para las actividades de la vida diaria y mejores cuidados prolongados", alertó el doctor Félix Nallim, médico geriatra y presidente de la Asociación Gerontológica Argentina.
El especialista puntualizó que las familias suelen asumir solas cuidados extremadamente complejos que derivan en sobrecarga emocional, física y económica. No obstante, fue tajante: "Debemos reconocer esa sobrecarga y ofrecer apoyo a quienes realizan estos esfuerzos, pero ninguna dificultad familiar, económica o asistencial puede justificar el maltrato, la violencia o el abandono de una persona mayor".
Nallim también apuntó al "edadismo" y "viejismo" instalados en la cultura: prejuicios y estereotipos discriminatorios que desvalorizan la vejez y de los cuales la sociedad es responsable. "El maltrato comienza cuando dejan de ser escuchados o se decide por ellos", afirmó.
Desde el abordaje psicológico, la Licenciada Verónica Yandolino, especializada en adultos mayores, explicó que la violencia hacia la vejez es un fenómeno multicausal.
Cuando una persona mayor requiere cuidados continuos, suele estructurarse la figura de un "cuidador principal" dentro de la familia. Al perder sus redes de apoyo, esta persona entra en altos niveles de estrés que pueden derivar en negligencia. Sin embargo, Yandolino aclaró que no toda situación de abuso se explica por el cansancio del cuidador.
En muchos casos opera un fenómeno psicológico denominado "indefensión aprendida": la convicción del adulto mayor de que nada de lo que haga cambiará su situación de maltrato, una resignación dolorosa que se profundiza cuando los agresores son sus propios hijos.
Maltrato a adultos mayores: abuso económico, psicológico y abandono son perpetrados por los propios familiares.
A esto se suma una mirada social despectiva que mide el valor de las personas según su capacidad productiva. "Se instala la concepción de que si el mayor no provee, estorba. Esto de 'vos no servís' o 'no podés' genera algo como un círculo vicioso", sostuvo Yandolino. Señaló además el impacto del individualismo moderno: "Es dejar de reconocer al otro como persona. El otro deja de ser un ser valioso al que tengo que cuidar y se convierte en un objeto de violencia, un receptáculo para descargar la frustración personal".
En el plano cotidiano, el abuso económico encabeza la lista de denuncias en Mendoza. La brecha digital deja a muchos adultos mayores fuera de la gestión de sus propios recursos, volviéndolos vulnerables al usufructo indebido de sus ingresos.
Luppo reveló que es habitual que familiares les manejen las tarjetas, cobren sus jubilaciones e incluso soliciten préstamos a su nombre sin consentimiento: "Le saco un crédito, si total después se lo descontamos -narró el abogado-. Y se agarran la cabeza los adultos cuando van a cobrar y, en vez de cobrar los 100 pesos que cobraban, cobran 80. Cuando vienen no entienden por qué: 'yo no he sacado nada', te dicen. Si vos les vieras la cara de resignación que les da, de impotencia, porque han quebrantado esa confianza que tienen hacia su círculo familiar".
En otros casos, la crisis económica obligó a revertir la dinámica habitacional: el "síndrome del nido vacío se está revirtiendo", observó el director, mutó a viviendas compartidas por necesidad financiera, ya sea porque el adulto mayor se muda con sus hijos o porque estos regresan al hogar paterno.
En esa convivencia forzada aparecen violencias simbólicas cotidianas. El adulto mayor pierde el control de los espacios, no puede decidir qué mirar en la televisión y termina, en el peor de los casos, confinado a una habitación de su propia casa.
"El 'callate, vos no sabés nada, no intervengas, tu palabra no interesa', también está en el tope de los rankings. La violencia física es la visible, pero la no visible es la que hiere más: la económica y la psicológica. Más abajo se ubican el abuso sexual y el maltrato institucional", detalló Luppo.
Frente a esta encrucijada, los especialistas coinciden en la necesidad de un cambio cultural urgente que revalorice la empatía y fortalezca la responsabilidad colectiva.
Luppo enfatizó la importancia del ejemplo dentro del núcleo familiar, aunque se mostró optimista con las nuevas generaciones: "Soy un convencido de que los jóvenes están teniendo un cambio de paradigma de respeto hacia las personas mayores, lo veo como profesor de secundaria. Pero para exigir respeto y empatía, debemos transmitir lo mismo".
Asimismo, instó a las familias a no aislarse y pedir asesoramiento profesional cuando la tarea de cuidado desborde sus posibilidades. En la Dirección de Adultos Mayores de la provincia opera un equipo interdisciplinario orientado a brindar contención y articular trámites asistenciales con organismos como PAMI.
Por su parte, el doctor Nallim concluyó con una reflexión sobre el modelo de sociedad que estamos construyendo: "La longevidad se planifica, no se improvisa; es uno de los grandes logros de nuestra época. El desafío no es solamente vivir más, sino construir una sociedad en la que llegar a viejo nunca signifique valer menos".
Fuente: Los Andes
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