Sin trabajo, una cosechadora de Cochagual abrió un merendero para 40 chicos: No me gusta ver que un niño necesite algo
Andrea Paz tiene 33 años, es madre de tres hijos y vive de los trabajos temporarios del campo. Durante dos semanas sostuvo la iniciativa con dinero de su propio bolsillo, pero los alimentos se terminaron y ahora necesita la colaboración de los sanjuaninos para continuar.

"Si hubiera nacido con plata, habría ayudado a mucha gente, a muchos niños", afirmó Andrea Paz, una mujer que conoce la necesidad desde muy pequeña. La atravesó durante gran parte de su vida y volvió a enfrentarla cuando tuvo que criar sola a sus tres hijos. Los momentos más difíciles llegan cada vez que finaliza la temporada de cosecha. Como muchos trabajadores de la zona, Andrea no sabe cuándo volverá a conseguir empleo. Esa experiencia le impide mirar hacia otro lado cuando ve que a una familia le falta algo y fue la que la impulsó a ayudar a sus vecinos.
La necesidad se transformó en acción. Con lo poco que tenía, creó un merendero similar al que años atrás funcionó en la zona. Esta vez, sin embargo, era ella quien se ponía al frente. A sus 33 años, esta vecina de Cochagual, tiene dos objetivos, uno de ellos es mejorar la calidad de vida de sus hijos y además ayudar a los pequeños del barrio. "Cuando éramos chicos pasamos mucha necesidad. Después, cuando tuve a mis hijos, también pasé muchas dificultades. No me gusta ver que un niño necesite algo", señaló en diálogo con Tiempo de San Juan.Durante toda su vida, su principal fuente de ingresos fue el trabajo rural temporario. Se desempeñó en distintas cosechas y en cualquier otra tarea de campo que apareciera, siempre con el propósito de brindarles una vida mejor a sus hijos. Pero cuando la temporada termina, la falta de trabajo deja al descubierto una realidad mucho más profunda. "Hay dos o tres meses en los que no hay nada", mencionó Paz, quien actualmente no tiene trabajo. No se trata únicamente de una problemática de ella, sino la de muchas familias de la zona que dependen de los trabajos rurales para cubrir sus necesidades diarias. Por eso, cuando finaliza la cosecha, los ingresos desaparecen.
En medio de ese contexto, Andrea decidió abrir el fondo de su casa para darles la merienda a los chicos del lugar. Durante las primeras dos semanas utilizó su propio dinero para comprar alimentos. También cocinó con leña para no gastar gas y puso a disposición las mesas y las pocas sillas que tenía, con la intención de que los chicos estuvieran lo más cómodos posible. La iniciativa dejó al descubierto una situación más compleja de la que imaginaba. No eran diez ni veinte los chicos que necesitaban ayuda, sino que llegaron a ser cerca de 40.
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Cada uno se acercaba con una bolsa o una mochila y una taza en su interior, esperando recibir algo para comer o tomar. Para algunos, esa merienda podía representar uno de los pocos alimentos de la jornada. "Eso es un alivio muy grande para las familias. Pero después de la escuela no tienen nada", explicó. Frente a esa realidad, Andrea comenzó a pedir colaboración. La ayuda llegó, pero fue escasa. Las donaciones no alcanzaron para sostener el merendero durante todas las vacaciones de invierno.
Durante los primeros días logró que la merienda alcanzara para todos, aunque no contaba con suficientes mesas ni sillas. Cuando comenzó a faltar la leche, preparó yerbeado para acompañar con una semita, una sopaipilla o un poco de pan. Al agotarse los alimentos, publicó un pedido de colaboración en TikTok y Facebook. La convocatoria tuvo respuesta, aunque limitada. "Con lo que me dieron y con lo que fui poniendo pudimos hacer algo. Pero esta semana ya no tengo nada para prepararles", relató.
La falta de un ingreso fijo le impide seguir comprando los productos. Para mantener el merendero necesita leche, azúcar, harina y aceite, además de leña o gas para cocinar. "Mi hermana habló con el intendente, pero nos dijeron que por el momento no están ayudando a los merenderos y que era imposible ayudarnos", relató sobre la búsqueda de ayuda institucional.Este proyecto no es nuevo, ya que el año pasado había impulsado una experiencia similar junto con otra vecina, pero también tuvieron que suspenderla por falta de recursos. A pesar de ese antecedente, decidió volver a intentarlo porque la necesidad de los chicos continuaba.
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"Mi sueño es hacerles acá un comedor para la tarde", mencionó Andrea. Para ella es un proyecto pensado desde su propia experiencia, porque es alguien que conoce lo que significa necesitar ayuda y que, aun necesitándola, eligió empezar a brindarla. Quienes deseen colaborar pueden hacerlo comunicándose con Andrea Paz al 2646 29-8320.
Fuente: Tiempo de San Juan
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