Software registra riesgos de inundaciones por El Niño de los principales barrios de Posadas
Con 204 sectores incorporados al análisis y más de 6.000 registros históricos, la herramienta busca aportar información para decidir dónde monitorear, qué recursos preparar y qué situaciones requieren una verificación en terreno.

Actuar antes de las serias inundaciones que generaría El Niño en Posadas, es lo que recomienda el ingeniero civil Diego Gómez, al dar a conocer un software desarrollado que combina datos del relieve, antecedentes de lluvias, cartografía y evidencia de campo para establecer prioridades territoriales. Se trata del Sistema de Inundaciones Posadas (Sip). El prototipo analiza 204 barrios y busca aportar información para orientar el monitoreo, los recursos y las acciones preventivas ante eventos de precipitaciones intensas.
En una charla, llevada adelante en la sede del Partido de la Concertación Forja de Posadas, se compartieron avances del proyecto y se debatieron herramientas para mejorar la prevención y planificación frente a las inundaciones previstas para esta primavera en el marco del fenómeno El Niño.
El riesgo de inundaciones en Posadas puede cambiar de un barrio a otro aun frente a un mismo episodio de lluvia. Esa diferencia es el punto de partida del Sip, un prototipo experimental desarrollado por el ingeniero civil Diego Gómez, que busca transformar información meteorológica y territorial en una herramienta para determinar dónde conviene concentrar primero la atención ante un evento.
La presentación técnica del proyecto tomó como referencia el escenario previsto para septiembre, octubre y noviembre y aclara que El Niño puede generar condiciones más favorables para lluvias intensas, aunque por sí mismo no determina que una tormenta específica vaya a producirse ni que un sector necesariamente se inunde.
Concentración
Gómez explicó que la meteorología permite conocer variables como el lugar donde puede concentrarse la lluvia, el momento de inicio, la duración y los acumulados previstos.
El Sip agrega otra pregunta qué puede ocurrir con esa agua cuando llega a cada sector de la ciudad. "Qué pasa cuando esa lluvia cae a la ciudad de Posadas. Porque no toda la lluvia que cae, por ejemplo, en el barrio San Jorge, tiene las mismas consecuencias que si cae, por ejemplo, en el barrio Zarita". A partir de esa diferencia, el proyecto decidió trabajar con una escala barrial y analizar cómo se comporta el agua en cada territorio.
Un análisis que toma al barrio como unidad
El sistema trabaja actualmente sobre 204 barrios comparables. Para establecer las prioridades combina distintas características físicas del territorio elevación, pendiente, acumulación del escurrimiento e índice topográfico de humedad. El resultado surge de la síntesis de distintas señales del terreno bajo una misma regla de comparación. La metodología parte de una grilla territorial de 30 metros y utiliza distintas herramientas de análisis geoespacial.
El software advierte que la prioridad asignada por el sistema no debe interpretarse como un destino inevitable. Un sector clasificado como de baja prioridad no significa que sea seguro, del mismo modo que uno ubicado en prioridad alta no implica que necesariamente vaya a inundarse.
Diferentes mecanismos detrás de una inundación
Uno de los aspectos centrales del proyecto es que no existe una única forma de inundarse. El Sip diferencia situaciones vinculadas con el exceso de lluvia superficial, problemas de drenaje, desbordes de arroyos, remansos, cauces entubados y combinaciones de dos o más mecanismos.
Una lluvia que supera la capacidad de evacuación superficial puede generar un problema pluvial, mientras que en otro sector el origen puede estar en una boca, cuneta o conducto insuficiente. También puede intervenir un arroyo, un receptor que dificulta la descarga o un antiguo cauce que quedó oculto bajo la urbanización.
Matriz barrios y eventos
Para construir la herramienta, el proyecto incorporó información retrospectiva de 30 eventos, cruzada con los 204 barrios posadeños, lo que genera una matriz de 6.120 registros barrio-evento. De ese conjunto se identificaron 108 ocurrencias confirmadas, correspondientes a 55 barrios que registran al menos un antecedente positivo.
La propia metodología establece una precaución que no exista un reporte disponible sobre un determinado barrio no significa necesariamente que allí no haya ocurrido una inundación. El sistema conserva una matriz de trazabilidad que permite relacionar cada barrio con los eventos y la evidencia disponible. Una de las pruebas retrospectivas tomó el episodio del 2 de mayo de 2024.
Alta prioridad
En ese caso, los cuatro positivos conocidos quedaron dentro de los sectores clasificados como de alta prioridad o vigilancia Los Oleros y Villa Longa fueron ubicados en alta, mientras que Los Paraísos y Sol de Misiones quedaron en vigilancia. En total, 39 de total de barrios fueron incluidos en esas dos categorías.
El propio proyecto evita presentar ese resultado como una prueba definitiva que los cuatro casos conocidos hayan sido priorizados no significa que el modelo tenga una precisión del 100%. Se trata de una validación retrospectiva y no de un pronóstico realizado antes del evento.
San Jorge, un caso que obliga a seguir investigando
Uno de los casos utilizados para mostrar las limitaciones del modelo es San Jorge, un barrio que aparece actualmente con una prioridad topográfica baja pese a contar con antecedentes documentados de inundaciones.
El proyecto plantea como posibles mecanismos la combinación de problemas pluviales, drenaje, la influencia del arroyo Zaimán y un eventual efecto de remanso. Sin embargo, la presentación aclara que todavía no existe una causalidad hidráulica demostrada que permita establecer con certeza cómo se produce el problema en ese sector. Gómez mencionó a San Jorge entre los barrios que consideraba especialmente relevantes para el análisis y señaló que podía tratarse de un caso de inundación compuesta, precisamente por la coexistencia de distintos factores.
También mencionó otros sectores como Los Álamos, Los Manantiales, Santa Catalina, San Lorenzo y Santa Cecilia como zonas que deberían ser observadas frente a escenarios de precipitaciones importantes. Estas referencias forman parte de las declaraciones realizadas durante la explicación pública del proyecto y no equivalen, por sí mismas, a una clasificación definitiva del modelo.
Otro caso incorporado al diagnóstico es el ocurrido en el entorno de Indelnor y Panambí, registrado el 21 de septiembre. El material audiovisual disponible muestra un flujo de agua marrón, turbulento y concentrado.
El Sip considera que la imagen es compatible con un posible desborde local o con una conducción fuertemente sobrecargada, aunque el mecanismo y la ubicación exacta todavía deben verificarse. La presentación incorpora el episodio como evidencia para estudiar y no como una conclusión hidráulica cerrada.
La herramienta apunta a ganar tiempo
Para Gómez, uno de los principales usos del sistema está relacionado con la prevención. Explicó que, ante la proximidad de un período de lluvias intensas, una herramienta de este tipo podría aportar información para que las autoridades concentren recursos y evalúen medidas antes de que se produzca un evento. Entre las posibilidades mencionadas aparecen el monitoreo de determinados sectores, la revisión de desagües, la disposición anticipada de maquinaria, bombas y cuadrillas, y la planificación de accesos y asistencia.
La presentación técnica amplía esa idea y señala que el sistema no pretende ordenar una respuesta institucional. Su función es aportar contexto para que quienes tienen responsabilidades operativas puedan decidir mejor y luego verificar la situación directamente en territorio; en ese esquema, el factor humano ocupa un lugar central. El proyecto plantea que ganar tiempo puede permitir llegar antes a una familia que enfrenta mayores dificultades ante una inundación.
Con mira en la población
Entre los factores que deberían considerarse aparecen los adultos mayores, personas con movilidad reducida, niños, personas que requieren medicación, dificultades de transporte y problemas de acceso.
Gómez explicó que el proyecto nació especialmente pensando en los sectores más vulnerables frente a este tipo de eventos. "Lo que está en juego son las vidas de las personas", sostuvo al referirse a la posibilidad de poner la herramienta a disposición de las autoridades.
Etapa de calibración.
El Sip se encuentra en una etapa de calibración. La hoja de ruta contempla tres semanas de trabajo para congelar una primera versión, reconstruir eventos utilizando exclusivamente la información disponible antes de que ocurrieran y luego evaluar nuevos episodios mediante prioridades emitidas previamente al resultado. Esa última instancia es particularmente importante porque busca evitar que el modelo se ajuste retrospectivamente para coincidir con lo que ya ocurrió. La regla establecida es que ninguna variable puede incorporar información posterior al momento en que supuestamente se tomaría la decisión.
La evolución del proyecto también muestra por qué resulta necesario distinguir entre una herramienta experimental y un sistema de alerta consolidado. La presentación actual define al sistema como un instrumento para priorizar dónde mirar primero, mientras que la validación y las pruebas futuras deberán determinar hasta dónde puede llegar su capacidad de anticipación.
Del mapa al diagnóstico
El proyecto también busca evitar que una eventual solución hidráulica simplemente traslade el problema hacia otro punto de la ciudad.
La presentación plantea, por ejemplo, qué puede suceder si se amplía un conducto en un sector la intervención podría reducir la sobrecarga en un punto, pero también aumentar el flujo hacia otro sector ubicado aguas abajo. Por eso, el sistema puede ayudar a identificar dónde estudiar primero y comparar alternativas, aunque el dimensionamiento definitivo de una obra requiere ingeniería hidráulica específica, datos y modelación.
En ese punto aparece una diferencia importante entre priorizar un lugar y resolver el problema. El Sip puede señalar dónde concentrar el análisis, pero no reemplaza los estudios necesarios para determinar qué obra o intervención resulta adecuada.
Gómez planteó además que Posadas puede funcionar como un banco de pruebas para desarrollar una metodología que posteriormente pueda adaptarse a otras ciudades.
La lógica general podría mantenerse, pero cada territorio necesitaría sus propios datos, cartografía, cauces, drenajes, características climáticas y procesos de validación. La presentación define el esquema como una secuencia de piloto, validación del método, adaptación local y posterior revalidación antes de operar en otra ciudad.
El profesional explicó que el concepto sería similar al de construir un "motor" que luego pueda colocarse en distintas "carrocerías" para trasladarlo a otra localidad habría que incorporar los datos específicos de ese territorio y volver a modelar. Mencionó como ejemplo posible a El Soberbio, una localidad que también presenta antecedentes de inundaciones.
Fuente: El Territorio
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