Sturzenegger desafió a Caputo y profundizó la interna económica del Gobierno
El ministro de Desregulación aprovechó la Convención Anual del IAEF, en Iguazú, para cuestionar los pedidos empresarios de medidas de alivio y defender una profundización del ajuste
El ministro de Desregulación aprovechó la Convención Anual del IAEF, en Iguazú, para cuestionar los pedidos empresarios de medidas de alivio y defender una profundización del ajuste.
La interna económica dentro del Gobierno de Javier Milei volvió a quedar expuesta. El escenario elegido fue Iguazú, donde Federico Sturzenegger participó de la 47.ª Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) y dejó definiciones que fueron interpretadas como un mensaje directo hacia su compañero de Gabinete, Luis Caputo.
Más que responder a los reclamos planteados por el titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, el ministro de Desregulación aprovechó su exposición para defender la continuidad del programa de reformas y cuestionar las alternativas que comenzaron a analizarse desde el Palacio de Hacienda para aliviar el impacto de la recesión.
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El contrapunto no implica necesariamente diferencias ideológicas profundas entre ambos funcionarios. La discusión pasa, principalmente, por el ritmo del ajuste y la necesidad de generar señales de recuperación económica antes de las elecciones.
Mientras Caputo analiza medidas destinadas a estimular la actividad y recuperar parte del poder adquisitivo, Sturzenegger sostiene que el camino debe ser profundizar las reformas, reducir la intervención estatal y mantener la disciplina fiscal.
En el Ministerio de Economía reconocen que existe preocupación por el impacto que una recesión prolongada puede tener sobre el programa de estabilización.
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La posibilidad de implementar medidas de alivio apunta a generar algún efecto sobre la actividad, el consumo y los ingresos antes de que comience a definirse con mayor intensidad el escenario electoral.
El desafío para Caputo es encontrar un equilibrio: sostener el orden macroeconómico alcanzado sin permitir que la contracción de la economía termine deteriorando el respaldo político al Gobierno.
En ese contexto, también aparecen sobre la mesa distintas alternativas vinculadas al crédito, los salarios y el consumo.
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Entre las medidas que ya cuentan con aval presidencial figura el uso de activos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses para impulsar créditos hipotecarios. También se analiza la posibilidad de establecer mecanismos que permitan una recuperación del poder adquisitivo y estimular el comercio.
Los industriales que participaron del encuentro conocían de antemano que la presencia de Sturzenegger podía generar un contrapunto con los planteos de la UIA.
El sector productivo viene reclamando medidas que permitan atravesar el actual escenario de caída de la actividad, especialmente frente a la pérdida de competitividad, el retroceso del consumo y las dificultades que enfrentan determinadas ramas industriales.
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La preocupación también fue planteada desde organismos internacionales. Una recesión prolongada podría impactar sobre la recaudación y complicar el equilibrio de las cuentas públicas.
En ese escenario aparece una de las principales discusiones económicas dentro del oficialismo: hasta dónde puede sostenerse el ajuste sin afectar la actividad al punto de terminar comprometiendo los propios objetivos fiscales.
Otro de los debates que atraviesan al equipo económico está relacionado con la velocidad de la desinflación y la política monetaria.
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Algunos sectores empresarios y funcionarios comenzaron a plantear la conveniencia de flexibilizar la meta de inflación cero y aceptar una reducción más gradual del índice de precios, tomando como referencia experiencias de otros países de la región.
Dentro de esas propuestas aparecen alternativas como una mayor disponibilidad de crédito, cambios en los encajes bancarios y una mayor flexibilidad cambiaria.
Sturzenegger se mantiene alejado de esa visión y sostiene la necesidad de preservar el esquema de disciplina que permitió al Gobierno estabilizar las principales variables macroeconómicas.
La discusión económica está atravesada inevitablemente por el calendario electoral.
El oficialismo necesita que la estabilización se traduzca en una mejora perceptible para la población. El riesgo para Caputo es que los avances macroeconómicos no alcancen para compensar el deterioro del consumo, el empleo o los ingresos.


En los mercados también comenzó a pesar con mayor fuerza la posibilidad de un escenario electoral adverso para el Gobierno.
Las declaraciones públicas de Milei contribuyeron a instalar nuevamente esa preocupación entre inversores y operadores financieros. La frase del Presidente sobre las consecuencias de que la sociedad votara una alternativa diferente fue interpretada en la City como una señal de tensión política.
El aumento del riesgo electoral agrega presión sobre el equipo económico y vuelve más relevante la discusión acerca de si el Gobierno debe mantener el rumbo sin modificaciones o introducir medidas que permitan amortiguar el costo social de la estabilización.
La relación entre Caputo y Sturzenegger arrastra además una historia de desencuentros que se remonta a los años del macrismo.
El episodio conocido como 28D de 2017, cuando el entonces titular del Banco Central debió modificar sus metas de inflación, quedó como una de las heridas de aquella etapa.
Casi una década después, ambos volvieron a compartir espacio dentro de un mismo Gobierno, aunque con responsabilidades diferentes.
Hasta ahora, la convivencia permitió avanzar tanto en la estabilización macroeconómica como en la agenda de desregulación. Sin embargo, los obstáculos que algunas iniciativas de Sturzenegger encontraron en el Congreso redujeron parte de su margen de acción.
La discusión sobre cómo continuar el programa económico vuelve a colocarlos frente a frente.
Durante la Convención del IAEF, el ministro también utilizó una referencia académica para responder a los reclamos de sectores industriales.
Sturzenegger recurrió a la teoría de igualación de precios de los factores desarrollada por Paul Samuelson, vinculada a los efectos que el libre comercio puede producir sobre salarios y precios entre países.
La interpretación defendida por el funcionario sostiene que una mayor integración comercial puede contribuir a reducir las diferencias económicas entre las naciones.
Desde el sector empresario cuestionan esa mirada por considerar que parte de supuestos difíciles de trasladar al escenario actual. Señalan, entre otros factores, las diferencias tecnológicas entre países, el impacto de la automatización sobre el empleo y el avance de políticas proteccionistas en las principales economías.
Para los industriales, la apertura sin una estrategia productiva que contemple esas diferencias podría traducirse en una mayor presión sobre los costos laborales y una pérdida de competitividad para la industria nacional.
El debate que quedó expuesto en Iguazú excede una disputa personal entre dos funcionarios.
La pregunta central es cómo sostener la estabilización sin que el costo de la transición termine debilitando el proyecto político del Gobierno.
Caputo enfrenta la presión de mostrar resultados concretos sobre la economía real. Sturzenegger insiste en que flexibilizar el rumbo puede poner en riesgo las reformas estructurales que el oficialismo considera fundamentales.
Con las elecciones cada vez más cerca, la tensión entre ambas estrategias promete seguir creciendo.
El Gobierno deberá decidir si prioriza la continuidad estricta del programa de ajuste o si incorpora medidas de alivio que permitan acelerar la recuperación. En esa decisión se juega no solo la relación entre dos de sus principales ministros, sino también una parte importante de las posibilidades electorales del oficialismo.
Fuente: El Esquiú
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