"Súper Niño" en Tucumán: se esperan tormentas más concentradas y violentas
Un especialista de la UNT, Leandro Díaz, explicó por qué Tucumán es vulnerable a las tormentas y advierte que la ciudad avanzó sobre los espacios que antes ocupaban distintos cauces. "No hay más precipitaciones, sino que aumentó frecuencia", dijo

Resumen para apurados
Las tormentas intensas no son nuevas en Tucumán. Lo que cambió, según el ingeniero Leandro Díaz, director del Laboratorio de Construcciones Hidráulicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología (Facet) de la UNT, es la frecuencia con la que se repiten. "Si bien quizás en el milimetraje no llueva más de lo que llovió alguna vez en el pasado, ocurre más seguido", explicó a LA GACETA. A esa amenaza se suma una ciudad que creció sobre los lugares por donde antes corría el agua.
El actual "Súper Niño" es la fase cálida de un ciclo climático natural, se produce cuando las aguas del océano Pacífico ecuatorial se calientan por encima de lo normal, lo que altera la circulación de la atmósfera y modifica los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta.
Díaz detalló que la temporada que comienza ahora y se extiende entre octubre y marzo tendrá características particulares para la provincia. Hasta el inicio del verano, explicó, es posible que el volumen total de lluvias no supere los valores normales. Pero eso no significa que no haya precipitaciones muy intensas, concentradas.
Según el especialista, el fenómeno estaría potenciado por el calentamiento de la atmósfera, que genera una gran cantidad de energía y se traduce en tormentas más localizadas pero muy violentas.
La geografía agrava el cuadro: las montañas del oeste y del norte frenan los vientos húmedos que llegan desde el sureste, por lo que en el piedemonte se producen lluvias de mucha intensidad y corta duración.
El profesional distinguió dos tipos de inundación. La pluvial se produce cuando el agua que cae sobre la ciudad no alcanza a escurrir: primero cae sobre los techos, luego llega a la calle y corre por las cunetas, que funcionan como los primeros canales. Desde allí ingresa por los imbornales , las bocas de tormenta, a un sistema de desagües, generalmente subterráneo, o a canales abiertos como los Cintura Norte y Sur, que la conducen hasta el río Salí. "¿Por qué se inunda la ciudad? Porque la intensidad de la precipitación es mayor que la capacidad que tiene este sistema para evacuar las aguas", resumió.
La otra es la inundación por desborde, cuando un río no tiene capacidad de descarga, sale de su cauce y avanza sobre las zonas construidas. En La Madrid, señaló, se combinan ambos tipos.
Para el especialista, el riesgo hídrico se compone de dos factores: la amenaza, que son las lluvias, y la vulnerabilidad de quienes las reciben. Y esa vulnerabilidad creció a medida que se ocuparon las zonas por donde el agua discurre o se expandía formando bañados que amortiguaban las crecidas. Como ejemplo, recordó que el Parque 9 de Julio era una zona pantanosa donde se desbordaba el río Salí antes de que lo regulara el dique El Cadillal, y desde donde el agua se liberaba lentamente.
A eso se suma la impermeabilización del suelo con techos y calles pavimentadas: más agua que escurre y menos espacio por donde correr.
La vulnerabilidad, además, no es pareja. "Tenemos viviendas que están inclusive en el cauce mayor del río Salí", advirtió. También mencionó ocupaciones ilegales sobre el Camino de Sirga, franjas que deberían quedar libres a los costados del canal Cintura Norte y de algunos tramos del Canal Sur, construcciones que, a su criterio, nunca debieron autorizarse.
El ingeniero agregó una particularidad geológica: muchas poblaciones tucumanas están asentadas sobre lechos de deyección, la acumulación de sedimentos que durante siglos bajaron de las montañas, y sobre paleocauces, antiguos recorridos naturales del agua. "Estos cauces tienen una tendencia a volver por sus viejos lugares y hoy están ocupados", explicó. Como bajan con mucha pendiente, el agua gana velocidad y capacidad de destrucción, y la cercanía de las laderas donde se forman las crecidas deja poco tiempo de respuesta.
En el caso de La Madrid, sostuvo que intervenciones sobre zonas de bañados, como el del río San Francisco, que no fueron adecuadamente controladas o evaluadas, generaron un aporte adicional de agua que hace que las inundaciones sean más repetitivas y duren más.
Sobre las tareas de limpieza y restauración de cauces que ejecuta la provincia, Díaz aclaró que no deben pensarse como una respuesta excepcional. "Esta prevención-mantenimiento debe hacerse todos los años", afirmó. Por eso propuso un presupuesto anual específico que permita trabajar, en ciclos de dos o tres años, todos los cauces y canales del territorio.
La mayor deuda, según el especialista, es de gobernanza. "No hay un organismo que tenga a su cargo la planificación a gran escala", señaló, en referencia a una institución capaz de anticipar escenarios como un Niño intenso o, en el extremo opuesto, una sequía. Recordó que las obras no eliminan las inundaciones, sino que buscan mitigar el daño: reducir la altura que alcanza el agua en las zonas urbanas y el tiempo que permanece. A eso se suma la dispersión entre organismos que dependen de distintas áreas del Estado. "Técnicos bien formados en un organismo y en otro a veces no trabajan conjuntamente porque tienen dependencias distintas y hay una burocracia que no deja que trabajen juntos", cuestionó.
En esa línea, marcó una división de roles. Los organismos técnicos del Estado, dijo, son los responsables de hacer cumplir las normas y deben contar con recursos humanos y tecnológicos suficientes. La universidad, en cambio, debe concentrarse en la investigación y en la formación de profesionales, mientras que las decisiones corresponden a los funcionarios.
Más allá de las obras, el ingeniero propuso medidas que apuntan a ordenar cómo y dónde se construye. Entre ellas, restringir las construcciones en determinadas zonas mediante planes urbanísticos y normas que limiten la superficie impermeable de cada terreno. También destacó la exigencia vigente para las nuevas urbanizaciones: que el caudal máximo de agua después de construir no supere al que había antes, ya que los problemas que se generan en un terreno se trasladan aguas abajo.
Incluso planteó llevar esa lógica a cada vivienda, con sistemas que retengan parte del agua de lluvia y reduzcan lo que llega de golpe a la cuneta. El objetivo, explicó, es que las inundaciones puedan manejarse con las obras existentes o con obras "no tan faraónicas". Y reclamó más mapas de riesgo para cada urbanización y ciudad, que permitan fijar condiciones para construir según el peligro de cada zona.
Las inundaciones mantienen en alerta a distintas localidades del Litoral argentino, donde la crecida de los ríos Uruguay y Paraná ya afecta a más de 400 personas.
La situación se presenta en un escenario de preocupación por las lluvias previstas para los próximos días y por la evolución del fenómeno climático del "Súper Niño", que podría extender sus efectos durante los próximos meses.
En Monte Caseros, Corrientes, el río Uruguay alcanzó los 7,10 metros y continúa en ascenso. La crecida provocó cortes de calles en los sectores más afectados. El avance del agua también alteró las actividades cotidianas. Se suspendieron las excursiones turísticas y la navegación, mientras que el servicio de lanchas que conecta Monte Caseros con Bella Unión, en Uruguay, quedó interrumpido. Además, se registraron cortes en el suministro eléctrico. En Alvear, también en Corrientes, el río superó el nivel de alerta y Prefectura dispuso el cierre del puerto local, lo que afectó la conexión fluvial con Itaquí, Brasil.
Otro de los puntos críticos es Paso de los Libres, donde el río llegó a los 8,81 metros, por encima del nivel de evacuación establecido en 8,50 metros. Allí, 25 personas fueron trasladadas al Regimiento de Infantería de Monte 5, donde funciona un centro de evacuación.
En Entre Ríos, la situación es especialmente delicada en Concordia, donde la crecida del río Uruguay inundó sectores de la costanera y obligó a intensificar las tareas de asistencia. Al menos seis familias debieron ser evacuadas, aunque las autoridades no descartan que la cifra aumente si continúan las precipitaciones. Frente a este escenario, el gobernador, Rogelio Frigerio, informó que la provincia declaró la emergencia hídrica y reforzó las defensas contra las inundaciones.
En Misiones, una crecida extraordinaria del río Iguazú, cuyo caudal superó los 12.000 m³ por segundo (impulsado por fuertes lluvias en la región), obligó al cierre de todos los circuitos turísticos y el puerto del Parque Nacional Iguazú. Brasil también decidió el cierre de la zona.
Fuente: La Gaceta
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