"Tenés el mejor video de tu vida. Truchas pelea cualquiera, mi amigo peleó un zorro": la historia de un día de pesca en Patagonia
La escena ocurrió en el embalse Alicurá, camino a Bariloche. Juan Carlos Caló estaba pescando cuando un zorro que merodeaba entre las piedras esperó el momento justo, se lanzó sobre la trucha y se la quiso llevar. Hubo tironeo, saltos y una inesperada disputa por el almuerzo. Tod…

Por Lorena Vincenty
En la Patagonia, una jornada de pesca puede terminar de maneras bastante impredecibles. Juan Carlos Caló de @fly.andino, lo sabe ahora más que nunca: estaba en el embalse Alicurá, sobre el río Limay, cuando clavó una trucha y se preparó para sacarla del agua. Lo que no esperaba era que, apenas llegó a la orilla, un zorro que venía observando la escena desde unos 20 o 30 metros decidiera que aquella captura también podía ser suya.
"Fue bastante casualidad, terrible casualidad lo que pasó", cuenta Juan Carlos. El animal ya había sido visto merodeando por la zona, entre las piedras, y los pescadores le habían sacado algunas fotos desde lejos. "Cada uno estaba en lo suyo", recuerda Juan. Pero el zorro parecía estar mucho más atento a lo que ocurría con las cañas de los que los pescadores pensaban.
La situación cambió cuando Juan Carlos clavó una trucha. La empezó a sacar y, cuando llegó a la orilla, intentó agacharse para quitarle el anzuelo. Fue entonces cuando el zorro salió disparado. "Cuando voy a buscar el anzuelo, veo el zorro que se me viene. Doy dos pasos para atrás, quiero correrlo con la caña y no: ya se le prendió", relata.
La pelea duró unos segundos, pero alcanzó para convertir una tranquila jornada de pesca en una escena insólita. La trucha todavía estaba enganchada y el zorro tiraba con fuerza para llevársela. "Hace fuerza, pega dos, tres saltos, cuatro, hasta que se la lleva", cuenta Juan Carlos entre risas. La velocidad del animal también lo sorprendió. "Tiene una velocidad terrible".
Por suerte, uno de sus compañeros tenía el celular a mano y había comenzado a filmar. Juan Manuel Vázquez, del otro lado de la cámara dice «Tenés el mejor video de tu vida amigo. Truchas pelea cualquiera, mi amigo peleó un zorro ¡Jijiiiii! Y te la ganó». Así quedó registrada la secuencia del encuentro: el pescador intentando recuperar su captura, el zorro tirando desde el otro lado y la trucha convertida durante unos segundos en el premio de una disputa inesperada. "Una cosa es que te la robe del bolso, pero lo que hizo fue súper valiente", dice Juan Carlos.
La pesca de aquella jornada, admite, fue más bien "mediana". Pero hay una captura que, definitivamente, tuvo que descontar: la que le ganó el zorro. "Una cosa es robar, otra es pelear el sustento", se ríe.
El episodio ocurrió en el embalse Alicurá, uno de los ambientes de pesca del norte de la Patagonia, sobre el río Limay y compartido entre Neuquén y Río Negro. Para la temporada 2025/2026, el reglamento establece allí un límite diario de cinco truchas arco iris y dos percas, mientras que las truchas marrones, de arroyo y el salmón encerrado deben devolverse. También exige el uso de anzuelo sin rebaba durante toda la temporada.
Aquel, es un paisaje muy frecuentado por pescadores. A eso se suma la presencia de fauna que aprende a moverse cerca de los lugares donde encuentra alimento. Juan Carlos cree que el zorro probablemente conoce bien el movimiento de la zona y que puede aprovechar los restos de pescado que quedan después de las jornadas de pesca.
Pero la escena también deja otra enseñanza. Un zorro puede parecer confiado, acercarse, quedarse quieto a pocos metros e incluso aceptar comida, pero sigue siendo un animal silvestre. "Hay que tenerle un poco de miedo. Nosotros somos confiados, siempre queremos estar al lado, la fotito", dice Juan Carlos y suma que si no se sabe si tiene rabia, o alguna enfermedad. Y después de lo que vivió, agrega una advertencia: No entiende de amistades, él está por instinto.
Por eso, detrás de la divertida pelea por una trucha hay una recomendación sencilla para quienes recorren la Patagonia: observar a los animales, mantener distancia y no alimentarlos. Porque una cosa es encontrarse con un zorro entre las piedras y otra muy distinta es pensar que, porque se acercó una vez, se convirtió en compañero de pesca.
En Alicurá, al menos durante aquella jornada, el zorro tenía claro su objetivo. Esperó, observó y cuando vio la oportunidad, fue por la trucha. Y esta vez no tuvo que tirar la caña para conseguirla.
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En la Patagonia, una jornada de pesca puede terminar de maneras bastante impredecibles. Juan Carlos Caló de @fly.andino, lo sabe ahora más que nunca: estaba en el embalse Alicurá, sobre el río Limay, cuando clavó una trucha y se preparó para sacarla del agua. Lo que no esperaba era que, apenas llegó a la orilla, un zorro que venía observando la escena desde unos 20 o 30 metros decidiera que aquella captura también podía ser suya.
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Fuente: Río Negro
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