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Tensión en Europa: la sombra de una guerra que no llega, pero ya lo cambia todo

Las naciones incrementan sus presupuestos militares, pero según los expertos no se vislumbra un conflicto convencional

Por Indalecio Francisco Sanchez5 min de lectura
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Tensión en Europa: la sombra de una guerra que no llega, pero ya lo cambia todo
Tensión en Europa: la sombra de una guerra que no llega, pero ya lo cambia todo · Foto: La Gaceta

Resumen para apurados

Europa no duerme tranquila. A más de dos años y medio del estallido formal de la invasión rusa sobre territorio ucraniano, el viejo continente asiste a cambio que se mide en presupuestos de defensa récord, discursos castrenses y la persistente zozobra de estallido armado que involucre a más naciones. ¿Está Europa al borde de un choque frontal y directo con la Rusia de Vladimir Putin? Para desentrañar si se trata de una antesala real o de meros miedos internos, dos licenciadas en Relaciones Internacionales aportan su mirada sobre un tablero donde las tensiones no solo se juegan en trincheras, sino en cables de fibra óptica, urnas electorales y pasos fronterizos.

La percepción de alarma en la opinión pública europea no es casual. Los constantes roces en las fronteras de los países bálticos y Polonia, el sobrevuelo de aeronaves militares y los ataques a la infraestructura energética ucraniana mantienen el pulso al límite. En ese sentido, Paula Villaluenga advierte que en los últimos días y semanas se vienen leyendo noticias un tanto alarmantes sobre la situación por la que atraviesa el continente, definiéndolo como uno de los momentos de mayor incertidumbre que se vive desde las últimas décadas. Según la especialista, el núcleo del problema radica en que "el escenario de la guerra entre Rusia y Ucrania está lejísimo de una resolución definitiva". "Esa falta de horizonte claro alimenta un riesgo constante, ya que cada incidente cercano a las fronteras de la OTAN, cada ataque contra infraestructura crítica o cada incremento de la asistencia militar a Ucrania aumenta la posibilidad de un error de cálculo que amplíe el conflicto", advierte.

Ese temor a la escalada ha reactivado un concepto de la teoría internacional: el dilema de seguridad. Villaluenga explica que se observa con claridad a "una Europa que está acelerando su rearme con un aumento del gasto militar, con expansión de la industria de defensa y una búsqueda de mayor autonomía estratégica". "Son señales inequívocas de que los gobiernos europeos ya no consideran la guerra como una amenaza lejana, activando una dinámica peligrosa en la que «mi vecino se arma, yo me armo, el otro se arma y yo me armo, y ahí empieza esta escalada que no tiene fin", excplica.

Sin embargo, frente a las lecturas más catastrofistas que anuncian tanques rusos avanzando sobre Varsovia o Berlín, la internacionalista Macarena Sabio propone una pausa metodológica y plantea que es imprescindible separar dos planos analíticos muy distintos. "Por un lado, hay un peligro real, que es que Rusia sostiene una guerra de invasión en Ucrania, tiene capacidad para atacar infraestructura, usa drones, ciberoperaciones y campañas de desinformación, lo que deja a los países europeos cada vez más expuestos en sus fronteras, sus redes eléctricas y su logística militar", señala. "Pero una cosa es reconocer ese riesgo y otra es afirmar que haya una guerra en puerta entre Rusia y Europa", matiza Sabio, subrayando que hasta el momento no hay evidencia pública de que Rusia esté por lanzar una invasión convencional contra un país miembro de la OTAN.

La cláusula de defensa colectiva del bloque atlántico, que estipula que la agresión a uno es un ataque contra todos, sigue operando como un freno de enorme peso en el cálculo estratégico del Kremlin.

Por eso mismo, para Sabio el escenario más plausible si las tensiones siguen en ascenso no es la invasión tradicional, sino el terreno de las acciones híbridas o episodios más limitados: "un sabotaje, un ciberataque, drones sobre una frontera o daños contra infraestructura crítica. Estas maniobras no equivalen formalmente a invadir, pero sí sirven para poner a prueba la capacidad de respuesta política y también militar que pueda tener la OTAN".

A esta ecuación se le suma una vulnerabilidad que desvela a los líderes europeos: la soledad estratégica frente a Washington. Como señala Sabio, tras décadas en las que Estados Unidos actuó como el garante indiscutido de la seguridad regional, hoy la postura de Donald Trump resulta "mucho más transaccional y también imprevisible respecto de la OTAN". Al presionar en materia de costos y dejar latente la posibilidad de replegar tropas, se siembran dudas profundas sobre cuánto respaldo real existiría ante una crisis mayor. Aunque los despliegues norteamericanos continúen, como las recientes rotaciones en Lituania, la confianza se ha resquebrajado.

Por eso Europa acelera su rearme, aunque Sabio alerta sobre el doble filo de esta postura: la preparación busca funcionar como disuasión, pero también corre el riesgo de "consolidar una espiral en la que cada movimiento defensivo del otro se interprete como una próxima agresión". Según la analista, más allá de los discursos con los que los líderes intentan mostrarse listos y preparar a la población, Rusia no es tan probable que llegue a concretar un ataque en suelo europeo.

El cuadro se complejiza aún más porque la amenaza externa golpea sobre un continente que enfrenta otros problemas internos. Villaluenga pone el foco en que la crisis europea no es puramente militar ni fronteriza, sino que está íntimamente ligada a sus propias fracturas sociales. La cuestión migratoria se ha transformado en el eje medular de polarización política: la percepción de inseguridad ciudadana, el malestar económico y el desgaste de las élites tradicionales han servido de combustible para el ascenso vertiginoso de formaciones de derecha y partidos nacionalistas con un discurso abiertamente antimigratorio.

De este modo, concluye Villaluenga, el proyecto europeo enfrenta una doble presión: "hacia afuera con esta guerra prolongada en Ucrania, el deterioro de la relación con Rusia y la cuestión energética. Y hacia adentro con el tema de la migración y el creciente avance de las derechas".

El panorama trazado por ambas especialistas desmitifica la inminencia de una Tercera Guerra Mundial convencional en las estepas europeas, pero confirma  que la era de la paz cómoda ha terminado.

Fuente: La Gaceta

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