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Tiene 70 años, fue pintor de obra toda su vida y volvió a la escuela porque "quería terminar lo que había dejado pendiente"

Daniel comenzó a cursar este año en un CENS de Santa Rosa. Ya casi completó el primer año, tiene muy buenas notas y asistencia perfecta. Su hija, licenciada en Ciencias de la Educación, fue quien lo impulsó a retomar los estudios que había abandonado cuando era adolescente porque…

Por Enrique Pfaab6 min de lectura
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Tiene 70 años, fue pintor de obra toda su vida y volvió a la escuela porque "quería terminar lo que había dejado pendiente"
Tiene 70 años, fue pintor de obra toda su vida y volvió a la escuela porque "quería terminar lo que había dejado pendiente" · Foto: Los Andes

Daniel comenzó a cursar este año en un CENS de Santa Rosa. Ya casi completó el primer año, tiene muy buenas notas y asistencia perfecta. Su hija, licenciada en Ciencias de la Educación, fue quien lo impulsó a retomar los estudios que había abandonado cuando era adolescente porque debió ponerse a trabajar.

Daniel Tauriani (derecha) consultándole algo sobre Formación Ética al profesor Antonio Lledo. (Gentileza)

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Daniel en la cocina del CENS, con Margarita y Viviana. (Gentileza)

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Daniel en clase de Ciencias Sociales con el profesor Jesús Ontiveros.

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A las 6.15 de la tarde, cuando todavía falta un rato para que empiece la clase, Daniel ya está en la puerta de la escuela. Lleva su carpeta, la cartuchera y las fotocopias. Espera. Tiene 70 años y está por terminar el primer año del secundario.

No se trata de una manera de decir. Daniel Tauriani comenzó a estudiar este año en el CENS 3431 Profesora María Rosa Levada, en Santa Rosa, y desde aquel primer día no faltó nunca. Tiene asistencia perfecta y, salvo Inglés, la materia que todavía le queda para cerrar el año, fue sacando notas que en varios casos llegaron al 10.

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"Está muy motivado. Le gusta mucho", cuenta su hija Marianela, que tiene 34 años y es licenciada en Ciencias de la Educación. Ella fue, en buena medida, quien lo empujó a volver a la escuela.

Daniel llegó a Las Catitas en 1989, cuando tenía 33 años. Durante casi toda su vida trabajó en oficios, principalmente como pintor de casas. Sus padres murieron cuando él todavía era adolescente y tuvo que empezar a trabajar. Había comenzado el secundario, llegó hasta primero o segundo año y abandonó para incorporarse al mundo laboral.

Pasaron las décadas. Trabajó para empresas y también por su cuenta. Cuando se terminaban los trabajos en relación de dependencia, seguía pintando casas como independiente. A los 66 años se jubiló, aunque eso no significó que se quedara quieto.

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Su hija lo define como una persona "hiperactiva", de esas que necesitan tener siempre alguna actividad entre manos. Con la jubilación apareció algo que durante buena parte de su vida había sido difícil de encontrar: tiempo.

Fue entonces cuando ella le habló de una posibilidad que conocía por su trabajo: la educación secundaria para jóvenes y adultos.

Le explicó que no era necesario ajustarse al calendario de una escuela común. Que podía avanzar de acuerdo con su ritmo y sus posibilidades. Que la modalidad era no gradual y permitía comenzar en distintas épocas del año y continuar la trayectoria de acuerdo con las circunstancias de cada estudiante.

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El año pasado Daniel no se decidió. Este año sí.

Comenzó aproximadamente en mayo. Ingresó para cursar lo que equivale a primero y segundo año y, en pocos meses, ya completó prácticamente esa primera etapa.

La escena cotidiana es la que más sorprende a su hija. Daniel entra a las 6.30. Según le contó la preceptora, a las 6.15 ya está esperando con todos sus útiles.

"Está paradito con su carpeta, su cartuchera, con todas sus fotocopias, esperando que empiece la clase", cuenta.

En el aula comparte la experiencia con estudiantes mucho más jóvenes. En algunos momentos está solo con el profesor, porque comenzó el primer año cuando no había otros alumnos en ese nivel. También se cruza con compañeros de segundo o tercero.

Para Daniel, sin embargo, la diferencia de edad no parece ser un problema. Al contrario. Está orgulloso de sus resultados.

Su hija encontró incluso una forma de devolverle una vieja broma familiar. Cuando ella era chica y obtenía buenas notas, su padre solía mirar su libreta y decirle: "Qué aburrida que es tu libreta".

Ahora ella se lo dice a él.

"Qué aburridas que son tus notas", le repite cuando llega otro buen resultado. Y él se ríe.

Daniel en la cocina del CENS, con Margarita y Viviana. (Gentileza)

La historia de Daniel también permite mirar qué lleva a los adultos a regresar a la escuela después de haberla abandonado muchos años antes.

Su hija trabaja en educación y conoce de cerca esas trayectorias. Explica que los motivos son variados. Hay adultos que necesitan completar el secundario para mejorar sus posibilidades laborales. En algunos casos, incluso, se trata de trabajadores del Estado que necesitan contar con ese título para acceder a mejores condiciones laborales.

Pero también están quienes regresan por una razón más personal.

En el caso de su padre, la respuesta que suele dar cuando los profesores le preguntan por qué decidió volver es sencilla: lo hace como una superación personal.

No busca un ascenso, ni un nuevo empleo, ni una certificación que necesite para jubilarse. Quiere terminar aquello que alguna vez dejó inconcluso.

"En su momento, por diferentes circunstancias que tuvo en la vida, no pudo terminar el secundario", explica su hija.

Y ahora decidió hacerlo.

La experiencia, además, muestra otra diferencia entre los estudiantes jóvenes y los adultos. Desde su trabajo docente, Marianela observa que quienes regresan siendo mayores suelen llegar al aula con una disposición diferente.

"Los adultos están ahí sentados porque realmente quieren adquirir capacidades, desarrollar capacidades, incorporar conocimientos", explica.

No significa que estén libres de las dificultades que aparecen en cualquier aula. También existen problemas de atención, especialmente entre los estudiantes más jóvenes. El celular, las redes sociales y los juegos forman parte de las distracciones cotidianas.

Pero en los adultos suele aparecer otro vínculo con el estudio: el de quien eligió estar allí después de haber pasado muchos años lejos de una escuela.

Daniel en clase de Ciencias Sociales con el profesor Jesús Ontiveros.

Hay algo que Daniel todavía tiene pendiente: Inglés. Es la materia que más le cuesta y por eso es, también, la única que hace que su recorrido por este primer año no esté completamente cerrado.

Por ahora, eso significa que los miércoles sigue yendo a la escuela. Es el día en que tiene esa materia. Y sigue llegando temprano.

La escena puede parecer extraña si se piensa en la escuela como un lugar reservado para quienes tienen 13, 14, 15 o 16 años. Pero los CENS existen precisamente para quienes quedaron afuera de ese recorrido y, por diferentes motivos, deciden retomarlo.

Daniel forma parte de esa población que vuelve cuando ya pasaron muchas cosas de la vida: el trabajo, la familia, los años, una jubilación.Llegó a los 70 con una carpeta bajo el brazo. No volvió porque necesitara hacerlo. Volvió porque quiso.

Y en una semana en la que las escuelas se llenan de estudiantes que celebran su día, su historia sirve para recordar que ser estudiante no es solamente una cuestión de edad. A veces es, simplemente, decidir volver a sentarse en un banco y empezar de nuevo.

Fuente: Los Andes

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