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Tiene raíces senegalesas, admira a Neymar y a Samuel Eto'o y brilla en las inferiores de Atlético Tucumán

Abdul Ndiaye es hijo de un senegalés y juega como delantero en la categoría 2015 del "Decano". Neymar es su ídolo, disfruta gambetear rivales y ya le avisó a su mamá que en la casa deberán cambiar de camiseta: "Ahora tenés que ser hincha de Atlético porque yo juego ahí", dijo.

Por Benjamín Papaterra5 min de lectura
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Tiene raíces senegalesas, admira a Neymar y a Samuel Eto'o y brilla en las inferiores de Atlético Tucumán
Tiene raíces senegalesas, admira a Neymar y a Samuel Eto'o y brilla en las inferiores de Atlético Tucumán · Foto: La Gaceta

Resumen para apurados

Antes de aprender a gambetear rivales, definir frente al arquero y celebrar goles, Abdul Ndiaye tuvo que atravesar el mismo camino desordenado y divertido de tantos chicos que empiezan a descubrir el fútbol. A los cinco años, sus partidos estaban lejos de parecerse a los que hoy imagina disputar en el estadio Monumental José Fierro. "Sus primeros partidos eran un desastre. Agarraba la pelota con la mano y su primer gol fue en contra, pero son anécdotas para reírse", recordó Sofía, su mamá. Hoy Abdul tiene 11 años, juega como delantero en la categoría 2015 de Atlético y guarda un sueño que repite con una seguridad que parece impropia para su edad: llegar a Primera, convertir un gol frente a la hinchada y treparse al alambrado para festejarlo con todos. "Mi sueño es ser jugador profesional y llegar a Primera de Atlético", aseguró.

Su historia en el fútbol infantil comenzó de a poco, sin demasiadas exigencias y con una idea que su mamá, Sofía Jiménez, intenta sostener por encima de cualquier resultado: que su hijo disfrute. En ese proceso aparecieron entrenadores en Estación Experimental que lo ayudaron a crecer, a entender el juego y a desarrollar las condiciones que luego le abrirían las puertas del "Decano". "Tuvo profes que le dieron herramientas para que pueda seguir disfrutando lo que es el fútbol infantil, porque él lo que hace es disfrutar. Él solamente quiere jugar", explicó su madre.

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El salto hacia Atlético, sin embargo, estuvo acompañado por dudas y temores. Abdul estaba muy unido a Adrián, su entrenador anterior, y a Iván, uno de sus compañeros. Por eso, cuando comenzó a aparecer la posibilidad de cambiar de club, planteó sus propias condiciones.

La prueba en Atlético tampoco resultó sencilla desde el primer momento. Durante una práctica lo separaron del resto de los chicos y Abdul creyó que aquello significaba que no había convencido a los entrenadores. "Tenía un poco de miedo porque me separaron. Primero pensé que a mí ya no me querían", confesó.

La explicación llegaría poco después. El profesor Víctor se acercó a Sofía y confirmó que el delantero había superado la evaluación. "Me dijo: 'Mamá, me gusta cómo juega. Quiero que Abdul se quede en el club, quiero que lo inscriba'", recordó. Desde entonces comenzó una nueva etapa. Abdul reconoce que el entrenamiento fue el aspecto más complejo de la adaptación, principalmente porque debió incorporar conceptos que hasta ese momento no conocía. "Lo más difícil es el entrenamiento, porque te enseñan cosas nuevas", señaló.

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En la cancha no tiene demasiadas dudas sobre lo que quiere hacer. Juega como delantero, disfruta convertir y, sobre todo, enfrentar a los defensores. "Los goles y pasar a los rivales", respondió cuando le preguntaron qué era lo que más le gustaba del fútbol. Por eso tampoco sorprende la elección de su referente. Su ídolo es Neymar, uno de los futbolistas más desequilibrantes de su generación. "Por cómo les pasa a los rivales", explicó Abdul.

Esa admiración también se vincula con una construcción más profunda de su identidad. Abdul es argentino e hijo de un senegalés. En su casa, Sofía intenta que conozca sus raíces, se sienta orgulloso de ellas y encuentre referentes con los cuales identificarse.

"Le llaman la atención los jugadores afro, él se identifica con ellos. Yo le digo que nunca tenga vergüenza, porque ser negro es una de las cosas hermosas que nos puede pasar en esta vida", expresó.

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Para su mamá, Abdul también es "un hijo de África, además de ser argentino". Esa curiosidad por sus orígenes los llevó incluso a investigar historias de jugadores afrodescendientes que pasaron por el fútbol argentino. En una de esas búsquedas encontraron a un arquero conocido como "Chocolate" (en referencia a Héctor Baley), cuyo abuelo había sido senegalés.

"Mamá, mirá este hombre. Su abuelo era senegalés, o sea que ya hace mucho tiempo había un jugador descendiente de senegaleses jugando acá", le comentó Abdul, sorprendido por el descubrimiento.

La investigación también se convirtió en una herramienta para acompañarlo cuando los resultados no son los esperados. Perder todavía le cuesta. Puede llorar, aislarse o permanecer varias horas sin hablar hasta procesar la frustración.

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"A él perder lo frustra. Llora o no habla nada y está así durante horas hasta que sale del proceso", contó Sofía.

Frente a esas situaciones, ella decidió mostrarle otras historias. Una de ellas fue la de Samuel Eto'o y el vínculo que el exdelantero camerunés mantuvo con su padre durante su formación.

"Le dije: 'Vamos a empezar a investigar, porque siempre la investigación es lo que nos lleva a mantenernos informados para acompañar'. Ahí le mostré a Samuel Eto'o", relató.

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Ahora, prácticamente todo en su vida cotidiana parece girar alrededor de Atlético. Le gusta ir a la tribuna de calle Chile "porque todos cantan" y su identificación con el club creció tanto que ya empezó a imponer nuevas reglas familiares. "Mamá, ya no podés ser hincha de San Martín. Ahora tenés que ser hincha de Atlético porque yo juego ahí", le advirtió.

Sofía lo resume con una sonrisa. "La enfermedad de él se llama Atlético Tucumán. Él solo piensa que el día de mañana va a ser jugador de la Primera", dijo Sofía.

Todavía falta mucho para saber hasta dónde llegará. Por ahora, Abdul entrena, aprende, se enoja cuando pierde, vuelve a intentarlo y disfruta cada vez que la pelota queda cerca de sus pies. En su cabeza, sin embargo, la escena final ya está escrita: un gol en el Monumental, la carrera hacia la tribuna y ese festejo colgado del alambrado, rodeado por la gente que hoy canta desde el lugar con el que sueña encontrarse algún día.

Fuente: La Gaceta

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