Saltar al contenido principal

Todo lo que es un simple Mundial de fútbol

Durante un mes, el mundo vio cómo Lionel Messi se convirtió en el deportista más grande de la historia. Pero también cómo algunos lloraban, otros reían y otros anunciaban muertes que no fueron.

Por El Diario de la República6 min de lectura
Compartir
Todo lo que es un simple Mundial de fútbol
Todo lo que es un simple Mundial de fútbol · Foto: El Diario de la República

Una de las discusiones presentes de las últimas semanas fue si un partido de fútbol es nada más que un partido de fútbol o si representa, en determinadas circunstancias, algo más. Trasladado al último mes, la pregunta es si el Mundial que acaba de terminar fueron nada más que 30 días de angustia, goles agónicos, alegrías, abrazos, peleas y la reafirmación de un hombre de 39 años, padre de tres hijos, futbolista, como el argentino más trascendente en la historia moderna, acaso en el mismo escalón de José de San Martín, por más exagerado que parezca.

Ese hombre ahora es una leyenda del deporte universal aun perdedor en una final en la que estuvo dolorosamente ausente. Ese hombre recibió la medalla de plata, como en Brasil 2014, con las mismas lágrimas pero ahora con la satisfacción en algún lugar hondo de su espiritu y de su recuerdo de que el deber estaba cumplido antes de empezar a jugar. Se despidió rodeado de sus compañeros que lo alzaron como un líder sin gritos, sin prepotencias.

Este Mundial mencionado con prepotencia más estadounidense que brasileña como el más grande de la historia comenzó a jugarse mucho antes que aquel lejano 11 de junio, un día antes de que San Luis recordara cinco años sin Guadalupe Lucero y mientras un virus respiratorio obligada a suspender ciurgías en el Ramón Carillo para evitar contagios. Posiblemente la mística ganadora haya comenzado cuando en la grabación de la publicidad de Quilmes Emanuel Ginóbili embocó un maní adentro de un chop de cerveza desde unos seis metros.

También te puede interesar: Boca presentó la lista para la Copa Sudamericana sin el Changuito Zeballos

O quizá la angustia se haya representado en forma infame para los puntanos cuando se anunció oficialmente, unos días antes del inicio de la competencia, que un desgarro desafectaba a Leonardo Balerdi de su sueño mundialista, que era el sueño de toda una provincia. O cuando los chicos no conseguían las figuritas para completar su álbum.

O cuando entre los dos partidos infartantes contra Cabo Verde y Egipto, un infarto se llevó a Carlos "El Indio" Solari, músico popular como el fútbol, quien antes del Mundial, con la voz tomada por la parálisis parkisoniana, grabó un audio que nunca le mandó al nuevo San Martín: "¿Qué tal si ganas un campeonato del mundo más?". No pudo ser, pero ambos saben lo que son los vencedores vencidos.

Un Mundial está representado por los partidos vistos en la EDIRO o en el José María Gatica de Villa Mercedes. Por Elena, una abuela de 90 años que festejó en La Toma y por los pibes que se apuñalaron en la Plaza Pringles. Un Mundial es un tanque de guerra lleno de excombatientes por las calles de Merlo, justo después del partido contra Inglaterra.

También te puede interesar: De la euforia al silencio: por qué el final del Mundial puede dejar una sensación de vacío

También es un ignoto jugador de Nueva Zelanda que de un día para otro se convierte en celebridad porque alguien lo nombró en las redes sociales. O un arquero que sobre el final de su carrera sorprende al mundo con apellido brasileño y camiseta de Cabo Verde. Es Florencia Peña y una muerte anunciada que no fue. Es Máxima Zorreguieta en el vestaurio de Curazao festejando un empate con Ecuador, como pudo haber festejado en el vestuario de Países Bajos o de Argentina.

Pero si es Ecuador el protagonista, un Mundial también debería ser recordado por Sebastián Beccacece abrazado a su familia en la platea tras ganarle a Alemania. O por Gustavo Alfaro y sus jugadores paraguayos, convertidos de guerreros a leyenda por eliminar a Alemania.

Si Lionel Scaloni es pura simpatía y publicidad –solo, con Mirtha, con Ayala, con Samuel-, Marcelo Bielsa, uno de sus maestros, representa el ostracismo contrario. Es negarse a mirar a la cámara en la sesión de fotos oficial. Es perder el control ante los tiempos de la transmisión y es una explicación más cercana al Indio Solari que al "Chiqui" Tapia: "Manejan los tiempos de la angustia como si fueran los de la felicidad". Es uno en la final y el otro eliminado en primera ronda, también.

También te puede interesar: La carne argentina mira el futuro con optimismo, aunque el desafío ahora es crecer con eficiencia

Un Mundial es justamente Scaloni y su saludo uno a uno a los jugadores españoles apenas terminó la final, sus lágrimas de niño adulto en la conferencia de prensa. Es el nudo en la garganta de Messi mientra mira a la hinchada argentina y la medalla le cuelga en su pecho. Es "El Dibu" Martínez en el mejor partido del torneo.

Una competencia deportiva es un futbolista de Países Bajos que debe llorar en lugar de festejar un gol contra Marruecos porque su esposa, a miles de kilómetros de distancia, acaba de perder un embarazo. Es el técnico de una potencia que viaja a mitad del torneo para despedir para siempre a su madre y vuelve. Y es otro entrenador que se entera en la conferencia de prensa de la muerte de su padre.

Noruega celebrando a lo vikingo y los mexicanos que lloran y no cantan tras el partido de siempre, su límite histórico: Octavos de final. Un puntano con la camiseta de Victoria en el partido contra Jordania y otro con la de Estudiantes en el partido contra Austria. Los habitantes de Naschel sin poder ingresar al centro de su localidad para celebrar por una incomprensible decisión.

También te puede interesar: Antonela Roccuzzo respaldó a Messi tras la final del Mundial: "Siempre vas a ser el mejor"

Un Mundial es Neymar y su penal final contra Noruega, antes de llorar. Y es Orlando Gill, el arquero de Paraguay, y su penal final ante Alemania, antes de llorar. Es Harry Keane disfónico frente las cámaras y es Sergio Goycochea en el mismo estado detrás de ellas.

El recuerdo de Antonio Ubaldo Rattin estrujando la bandera inglesa tras una injusta expulsión en el Mundial de 1966 también fue parte de este Mundial, que le rindió un homenaje en el brazalete negro que los jugadores argentinos usaron en el partido ante Suiza por la muerte del volante. Un Mundial son los chicos nacidos en la pandemia, que en la Argentina ya metieron dos finales.

Un Mundial es un mensaje que un amigo le manda a otro antes del partido de Inglaterra. "Es el partido que esperé toda mi vida". Es la respuesta en la que pide tranquilidad. Es el tercer mensaje después del partido: "No puedo más, no puedo más".

También te puede interesar: El consumo de carne vacuna cayó en un 11% en el primer semestre

Un Mundial es la exquisita pierna derecha de Giovani Lo Celso y su gol de tiro libre a Jordania. Pero también es su mano portando la sábana de hotel convertida en bandera legendaria. Pura, nítida y triunfal. Transformada en el mensaje político más fuerte de un Mundial en donde jugaron Irán, Irak, Estados Unidos, Jordania, Bosnia y Herzegovina y la República Democrática del Congo.

Un Mundial es, finalmente, un enfermo terminal que tiene la chance de ser feliz; una nena que le hace fuck you al equipo español mientras recibe la Copa; un DT frustrado que hubiera hecho otros cambios, una tarotista que erra el pronóstico; otra que acierta. Las risas que se confunden con el llanto y el corazón que late más fuerte cada cuatro años.

Temas de nota:

Más Noticias

Tras la derrota

Se mueve la cantera

Liga del Norte Puntano

Perdió 1 a 0

Fuente: El Diario de la República

  • #deportes
  • #2026
  • #todo
  • #que
  • #simple
  • #mundial
  • #futbol
  • #san luis

Te puede interesar

Newsletter Pulso Federal · Diaria

La radiografía política y económica del país, todos los días en tu casilla.

Análisis federal, indicadores y la mirada del interior sobre la agenda nacional. Para tomadores de decisión, periodistas y ciudadanos exigentes. Sin spam.

Te suscribís y podés cancelar cuando quieras.