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"Topos": la increíble historia de los espías rusos que vivieron durante años en Argentina sin que nadie supiera quiénes eran

Hugo Alconada Mon presenta este jueves en Tucumán su último libro, "Topos", una investigación que revela cómo dos agentes rusos construyeron durante años una vida en Argentina bajo identidades falsas, incluso con hijos que desconocían su verdadera historia. "La realidad supera la…

Por Juan Manuel Rovira6 min de lectura
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“Topos”: la increíble historia de los espías rusos que vivieron durante años en Argentina sin que nadie supiera quiénes eran
“Topos”: la increíble historia de los espías rusos que vivieron durante años en Argentina sin que nadie supiera quiénes eran · Foto: La Gaceta

Resumen para apurados

La historia parece salida de una novela de espionaje, pero ocurrió en nuestro país. Durante años, dos agentes de inteligencia rusos vivieron en Argentina bajo identidades falsas. Se casaron, tuvieron hijos, obtuvieron documentos y pasaportes argentinos y construyeron una vida cotidiana que les permitió pasar completamente inadvertidos. Incluso sus propios hijos desconocían la verdadera identidad de sus padres.

Ese es el punto de partida de "Topos", el último libro del periodista y escritor Hugo Alconada Mon, quien este jueves presentará su investigación en Tucumán. El encuentro será a las 20, en Libro de Oro (Cariola 1.794, Yerba Buena).

"Lo más lindo de esto y el motivo que me llevó a investigar y luego a escribir el libro es que es uno de esos casos donde la realidad supera la ficción", explicó Alconada Mon durante una entrevista con LG Play. Para el periodista, se trata de una de esas historias que, a medida que se reconstruyen, parecen cada vez más increíbles.

Los dos espías rusos vivieron en Argentina entre 2009 y 2022. Durante ese período utilizaron identidades falsas, construyeron una vida familiar y se desplazaron por distintos puntos del país, entre ellos Buenos Aires, Entre Ríos, Misiones, Córdoba, Mendoza y el sur argentino.

La operación tenía un objetivo concreto: construir una "fachada" o "leyenda" que les permitiera convertirse, a todos los efectos prácticos, en argentinos. "Llegaron a votar en la Argentina, como argentinos", contó Alconada Mon.

Pero la construcción de esa identidad no era solamente una estrategia para el futuro. Mientras desarrollaban su vida en el país, también realizaban tareas de espionaje.

Uno de los aspectos más llamativos de la investigación es la manera en que obtenían información. La mujer, según reconstruyó Alconada Mon, llegó a investigar sobre Vaca Muerta a través de contactos que establecía en el ámbito escolar de sus hijos.

El mecanismo era sencillo y, justamente por eso, difícil de detectar. Primero identificaban determinados colegios a los que concurrían los hijos de personas de interés. Luego, mediante las reuniones de padres, actividades escolares y vínculos sociales, establecían contactos con determinadas familias.

"Se acercaban a determinados papás y a determinadas mamás", explicó el periodista.

La misma metodología habría sido utilizada posteriormente en Europa. Una vez instalados en Eslovenia, los espías aprovecharon sus pasaportes argentinos para circular por distintos países de la Unión Europea. Él decía ser informático y ella se presentaba como galerista de arte.

Argentina, explicó Alconada Mon, resultaba especialmente atractiva para construir esa identidad. El pasaporte argentino permite ingresar a numerosos países sin necesidad de visa y, además, el país ofrece condiciones favorables para construir una vida que resulte creíble para alguien que intenta ocultar su verdadero origen.

"Para construir una fachada también te permite vivir en un país que es uno de los 20 o 25 países de mayor poder adquisitivo alrededor del mundo", señaló. A eso se sumaba la posibilidad de moverse por Sudamérica y luego ingresar a Europa sin despertar las mismas sospechas que podría generar una persona proveniente de determinadas regiones consideradas sensibles por los servicios de inteligencia.

Lejos de la imagen cinematográfica del espía sofisticado, Alconada Mon remarcó que estos agentes buscaban exactamente lo contrario: no llamar la atención. "No tienen tatuaje, no usan smoking, se visten con ropa tranquila, sin grandes marcas, pagan los impuestos, votan", describió.

Hasta el auto que utilizaban respondía a esa lógica. Se trataba de un Volkswagen Gol negro, uno de los vehículos más vendidos en la Argentina durante años y, justamente por eso, prácticamente invisible entre millones de autos.

"Vos y yo estamos en la vereda charlando. Pasan por atrás nuestro y ni te enterás", graficó el periodista.

El nivel de ocultamiento llegó a tal punto que la mujer, que decía haber nacido en Grecia, no dejó escapar siquiera una palabra en ruso delante de otras personas. Su marido, en tanto, afirmaba haber nacido en Austria.

Uno de los aspectos más impactantes de la historia aparece cuando el espionaje se cruza con la vida familiar. Los hijos nacieron en Argentina y tenían documentación argentina. Sin embargo, no conocían la verdadera historia de sus padres.

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"Casi todos sus propios chicos no sabían la verdadera historia", contó Alconada Mon.

La pareja incluso contrajo matrimonio en Argentina pese a que ya se había casado previamente en Rusia. Para quienes interactuaron con ellos durante años -desde otros padres del colegio hasta profesionales que intervinieron en sus trámites- la revelación de sus verdaderas identidades resultó desconcertante.

El periodista relató que tuvo que comunicarle a personas que habían trabajado durante años con ellos que aquella identidad que conocían era falsa.

"Imaginate el juez que le dio la nacionalidad. Yo le tengo que decir: usted le dio la identidad a un hombre que en realidad era ruso y usted lo hizo apoyado en creyendo que era austríaco", dijo a LA GACETA.

Una vez conseguida la nacionalidad y el pasaporte argentinos, la pareja se instaló en Eslovenia. Desde allí podía desplazarse por Europa con mayor facilidad.

Él viajaba a Alemania bajo la excusa de asistir a congresos y reuniones vinculadas con la informática. Ella, presentada como galerista, se desplazaba por ciudades como Zagreb, Edimburgo y París.

Finalmente, ambos fueron detenidos en Europa del Este. Pasaron alrededor de un año y medio presos y continuaron negando ser ciudadanos rusos hasta que Moscú y Washington negociaron un intercambio de prisioneros.

El operativo terminó convirtiéndose, según Alconada Mon, en el mayor intercambio de espías y prisioneros entre Rusia y Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría. En una pista de aterrizaje en Ankara, Turquía, los prisioneros fueron intercambiados y enviados en distintos aviones hacia Estados Unidos y Rusia.

Allí ocurrió otra de las escenas que, para el periodista, sintetizan el carácter extraordinario de la historia: al llegar a Rusia, la pareja fue recibida personalmente por Vladimir Putin, quien habló con ellos en ruso.

La escena adquirió una dimensión todavía más surrealista porque los hijos de la pareja, criados como argentinos, acompañaban a sus padres. Los chicos habían sido educados creyendo que eran argentinos y hasta habían alentado a la Selección durante el Mundial de Rusia 2018.

La familia llegó incluso a viajar a Rusia durante aquella Copa del Mundo simulando ser turistas argentinos. Mientras los padres aprovechaban el viaje para mantener contactos con autoridades rusas, sus hijos alentaban realmente por Argentina.

Y hubo una paradoja que Alconada Mon recuerda como una de las escenas más increíbles de toda la investigación: Argentina perdió 3-0 frente a Croacia y los chicos terminaron llorando en la cancha. "Es el rulo del rulo", resumió el periodista.

Alconada Mon, que también incursionó en la literatura, decidió abordar esta historia desde una perspectiva estrictamente periodística. La diferencia, explicó, estuvo en que no necesitó completar con ficción los espacios que faltaban. "Todo lo que voy a escribir es 100% real", afirmó.

En algunos pasajes deja abiertas preguntas sobre hechos que no pudo confirmar completamente. Pero, según contó, posteriormente una entrevista de los propios espías con la televisión rusa permitió confirmar algunos de esos interrogantes.

Para el periodista, esa es justamente una de las características que hacen de "Topos" una historia excepcional: no hace falta exagerarla para que parezca una novela. "La realidad supera la ficción", insistió.

El libro reconstruye así una historia de espionaje internacional que tuvo durante años a la Argentina como escenario. Una historia en la que los agentes no necesitaron grandes persecuciones ni disfraces espectaculares; les alcanzó con construir una vida aparentemente común, tener hijos, ir a reuniones escolares, pagar impuestos, votar y conducir un Volkswagen Gol negro.

Fuente: La Gaceta

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