Tormentas e inundaciones en el Gran Mendoza: ¿Está preparada la infraestructura para tolerar eventos severos?
Los factores que ponen en riesgo de repetir el escenario del verano pasado. Qué influye en el sistema de desagüe y qué pueden hacer los mendocinos

Los factores que ponen en riesgo de repetir el escenario del verano pasado. Qué influye en el sistema de desagüe y qué pueden hacer los mendocinos
Tormentas de verano cada vez más intensas: ¿Está preparado el sistema pluvial de Mendoza?
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El verano pasado se presentó con tormentas muy severas que dejaron escenarios poco habituales en el Gran Mendoza: calles como ríos o anegadas, que incluso arrastraron autos, y canales desbordados.
Los especialistas explicaron que esto se debe a que precipitó en un solo episodio gran cantidad de agua, mucha más de la habitual para eventos similares para la época. Más aún, ya anticipan para el próximo verano un pronóstico de lluvias con características similares. Ante esto surgen diversos interrogantes: en primera instancia, si se repetirá la acumulación de agua y luego, si el sistema de desagüe de Gran Mendoza está preparado.
Los pronósticos anticipan altas probabilidades de que el verano 2027 traiga eventos de magnitud similar e incluso mayores. Ya hace tiempo que los meteorólogos e investigadores del clima advierten sobre la mayor frecuencia de eventos intensos, un fenómeno que asocian al calentamiento global. A este escenario se suma el fenómeno de El Niño -con versiones que incluso hablan de que podría instalarse un "Super Niño"-, históricamente vinculado a mayores precipitaciones en la región.
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Infraestructura: con episodios de fuertes tomentas el verano pasado, el sistema de desagüe de Gran Mendoza operó al límite; el crecimiento urbano y la basura en canales son factores críticos.
A fines de enero de este año, la provincia experimentó una de las tormentas más severas del último tiempo: precipitaron 60 mm en pocas horas, lo que representa el 30% de los 200 mm anuales que Mendoza registra como promedio histórico. Frente a la posibilidad de que el próximo periodo estival sea aún peor, especialistas y comunas encienden las alarmas sobre los factores que amenazan la infraestructura local y ya despliegan estrategias.
Desde la Dirección de Hidráulica de Mendoza introducen una distinción técnica fundamental: aunque para la gente sea común llamarlo "inundaciones", no se trata de la magnitud que se observa en otros lugares como Buenos Aires. Por ello, consideran más adecuado denominarlos "anegamientos", ya que son eventos puntuales que se resuelven en poco tiempo debido al rápido escurrimiento y la fuerte pendiente de la provincia.
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Pablo Rodríguez, ingeniero civil y responsable de la Dirección de Hidráulica provincial, defiende el comportamiento de la infraestructura mayor ante las últimas tormentas: "No se ha desbordado ningún canal, puede que hayan ido llenos", apuntó y dijo que en ese sentido habría que "festejar que esos colectores funcionaron bien".
El funcionario detalló que el área metropolitana cuenta con una red de 220 kilómetros de colectores aluvionales diseñados para captar los grandes escurrimientos del piedemonte y evitar que afecten a la población, además de cuatro diques de atenuación de crecidas de 15 metros de alto.
Sin embargo, Rodríguez reconoce que el sistema funcionó al límite y advierte que existen condicionantes críticos de cara al próximo verano. En este sentido, hay factores clave que amenazan su capacidad de respuesta.
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La fisonomía del Gran Mendoza cambió de manera drástica, y el suelo ya no absorbe como antes, ya que hay más construcciones y cemento. "Mendoza tiene una tasa de crecimiento urbano muy importante, a los barrios (nuevos) les tenés que llevar no solamente agua, luz y cloacas, sino también un sistema de captación y conducción de los desagües pluviales", explica Rodríguez. Al expandirse los grandes conglomerados urbanos, "se impermeabiliza mucho el suelo, entonces eso genera que para una misma tormenta de hace 20 años, trayéndola ahora, la menor cantidad de suelo permeable hace que se genere más escurrimiento".
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A esto se suma la necesidad de que algunos municipios revisen su propia red local, obligados por la Ley Orgánica de Municipios a formular y materializar sus sistemas de desagüe pluvial urbano (acequias, badenes y alcantarillas). Rodríguez apunta además otro punto que replica parte de lo que se vio el verano: "En algunas zonas urbanas ha influido el diseño o mal diseño, como es el caso del Polo Judicial que presentaba un desafío o el acceso". Justamente el Polo y zonas en particular del Acceso Sur dejaron muchos autos tapados de agua.
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Parte del cuadro es que la infraestructura fue planeada para un determinado contexto y en muchos casos ya han pasado demasiados años.
El ingeniero comparó la situación con la red vial: "Es como, por ejemplo, la ruta Panamericana, que quedó chica y tuvieron que hacerle una trocha más. Con la obra hidráulica pasa algo similar. No es el mismo mapa de obras de hace 60 años que el de hoy".
Y continuó con ejemplos puntuales: "La presa Maure, el dique Papagayos, tienen 80 años. O sea, que hace 90 años o hace 100 años los que pensaron cómo iba a crecer la provincia ya tenían esta problemática encima", reflexiona el titular de Hidráulica. Para llevar tranquilidad y evaluar el estado real de estas estructuras frente a las exigencias actuales, el organismo provincial tomó medidas: "Firmamos un convenio con la UTN hace poquito para hacer un estudio estructural y conocer en qué condiciones están esos diques que son tan viejos, entonces ellos lo están estudiando y nos van a devolver un diagnóstico".
El tercer condicionante, y quizás el más complejo por depender del comportamiento ciudadano, es la acumulación de residuos sólidos urbanos en los canales y acequias. Para entender el impacto, hay números y es alarmante: según datos que aportó la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, un canal obstruido con apenas un 30% de residuos ve reducida su capacidad de drenaje a la mitad. En ese estado, bastan solo 10 minutos de tormenta para generar agua en la vía pública.
Infraestructura: con episodios de fuertes tomentas el verano pasado, el sistema de desagüe de Gran Mendoza operó al límite; el crecimiento urbano y la basura en canales son factores críticos.
"El año pasado nosotros sacamos 2.000 toneladas de basura de los colectores aluvionales. 2.000 toneladas de basura de residuos sólidos urbanos que la gente tira", enfatizó Pablo Rodríguez, calificando la situación en ciertos puntos como crítica: "El colector Papagayo, en el tramo de la avenida Champagnat hasta Boulogne Sur Mer es increíble. Nosotros limpiamos un día y el otro día está sucio de vuelta; es un trabajo interminable que hacemos con la municipalidad de la Ciudad para limpiarlo".
En sintonía, desde la Municipalidad ratificaron la magnitud del problema en ese mismo sector, señalando que las tareas realizadas cada quincena en el Canal Papagayos retiran entre 100 y 120 toneladas de basura.Explicaron que colillas, bolsas plásticas y ramas representan el 80% de los taponamientos, agravado por los residuos domiciliarios dispuestos fuera de término que terminan en los canales con la primera lluvia.
El verano pasado, la comuna se manejó con los pronósticos del Servicio Meteorológico Nacional, que anticipaban lluvias superiores en un 20% a 40% respecto al promedio histórico en Cuyo debido a El Niño. Ante esto, de cara a la próxima temporada de lluvias, la Municipalidad activó un plan preventivo junto al Departamento General de Irrigación y la Dirección de Hidráulica. Las tareas incluyen la limpieza mensual de conductos troncales y del canal Papagayos, intervenciones diarias en acequias y el despeje de cruces de calles. Además, proyectan trabajos en espacios verdes para mejorar la absorción del suelo y que actúen como "esponjas pluviales".
César Morales, subsecretario de Servicios Públicos de la Ciudad de Mendoza, planteó la necesidad de una respuesta articulada: "El sistema hídrico y aluvional de Mendoza exige un abordaje integral y coordinado entre distintos organismos públicos para garantizar la seguridad urbana y optimizar el recurso vital de la región". Para el funcionario, resulta indispensable que Hidráulica ejecute el mantenimiento sostenido de diques y defensas ante los pronósticos previstos desde la primavera de 2026 y durante el verano de 2027, mientras que Irrigación debe conservar la red para asegurar la eficiencia del riego agrícola. Sin embargo, remarcó que "este despliegue estatal requiere del compromiso ineludible de la ciudadanía".
Infraestructura: con episodios de fuertes tomentas el verano pasado, el sistema de desagüe de Gran Mendoza operó al límite; el crecimiento urbano y la basura en canales son factores críticos. El canal Cacique Guyaymallén, luego de una tormenta este verano.
Por su parte, desde la provincia confirman que ya se activaron partidas presupuestarias especiales para mantener los equipos operativos y se conformaron mesas de coordinación con Defensa Civil y los municipios a través del COEP (Centro de Operaciones de Emergencia Provincial).
Más allá de las obras y la limpieza, las autoridades insisten en que el riesgo cero no existe en una geografía como la mendocina. "Con una tormenta de 20 o 30 mm, que es una tormenta típica de verano, va a haber agua en las veredas y en las calles, eso es lo habitual", advirtió Rodríguez, señalando que es una condición propia de zonas con fuerte pendiente y tormentas intensas de corta duración.
La clave, según los expertos, reside en la educación ciudadana y la aceptación del riesgo: respetar los horarios de basura, limpiar las rejillas hogareñas y acatar estrictamente los niveles de alerta. "Si hay una alerta amarilla, vos te tenés que informar con los medios oficiales. Si hay una alerta naranja, no solamente te tenés que informar, sino que te tenés que quedar adentro de tu casa. Y si hay una alerta roja, te tenés que informar, te tenés que quedar en tu casa y te tenés que resguardar", concluyó Rodríguez.
Fuente: Los Andes
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