Tres Capones: la Iglesia Ortodoxa, las cúpulas plateadas y la campana del Zar
Este pequeño pueblo de Misiones guarda historias dignas de película y con fuerte arraigo religioso, traído por inmigrantes. La Iglesia Ortodoxa con sus particulares ritos, su cementerio y la campana donada por el Zar Nicolás II de Rusia. También la Iglesia Ucraniana es motivo de visita. La localidad es la cuna del primer té argentino, todavía en pie allí.

• Ezequiel Miño y Horacio Grondona, enviados especiales
Hay pueblos que se conocen por sus paisajes, otros por sus fiestas, sus sabores o por algún rincón de la naturaleza. Y hay otros que guardan su principal atractivo en las historias que todavía viven en sus calles. Tres Capones es uno de ellos.
Pequeño, tranquilo, prolijo y pintoresco, este municipio de poco más de 1.600 habitantes conserva entre sus construcciones una presencia que difícilmente pase inadvertida: la Iglesia Ortodoxa del Manto Protector de la Virgen María, un templo que sobresale por sus grandes cúpulas plateadas y que guarda más de un siglo de historia.
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El subdiácono Pablo Colángelo es una de las personas que mejor conoce ese legado. Desde el interior del templo reconstruye parte de una historia que comenzó con los inmigrantes polacos, ucranianos y rusos que llegaron a la zona y que encontraron en la fe un espacio de encuentro y pertenencia.
De formas acebolladas y características de las iglesias ortodoxas de tradición eslava, el techo del templo se convierte en una suerte de carta de presentación de la parroquia.
Pero hay un detalle todavía más interesante detrás de ellas: fueron construidas por habitantes de Tres Capones. La comunidad tuvo que "amañarse" y aprender, siguiendo las indicaciones del padre Valentín, quien por entonces acompañaba a los fieles.
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Muy cerca de la iglesia permanece parte de la construcción donde funcionó la primera escuela de Tres Capones, desde 1908. "La custodiamos y también le damos uso", relata el padre, quien enseña catecismo allí.
Entrar al templo permite descubrir que las particularidades no terminan en el exterior. Una de las primeras diferencias que puede percibir un visitante está en la disposición del espacio. A diferencia de muchas iglesias donde los bancos se ubican frente al altar, en este templo los bancos están principalmente a los costados.
La razón está vinculada con la manera en que los fieles participan en la celebración. "En nuestra iglesia se reza de pie. Es nuestra forma de ofrecer un pequeño sacrificio", explica Colángelo. Las celebraciones pueden extenderse por más de dos horas, se realizan en español, se canta y no utilizan instrumentos.
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Otro elemento que sorprende es el iconostasio, la estructura que separa visualmente el espacio de los fieles del altar. "Detrás de esa pared tenemos la parte más importante de nuestro templo, que es el altar", explica el sacerdote. Su acceso está reservado a quienes tienen una función específica durante el rito.


Hasta la orientación del edificio guarda un significado. Quien observe la iglesia desde afuera puede notar que su disposición no coincide con la línea de la calle: el templo está orientado hacia el este.
En esa dirección nace el sol y también Jerusalén, el pueblo de Cristo. Por eso, durante el oficio, el sacerdote tampoco permanece de frente a los fieles. "Lo hace de cara a Dios", resalta el padre.
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La campana del campanario es uno de los objetos que más curiosidad despierta en quienes visitan la iglesia.
Se trata de una campana donada por Nicolás II, el último zar de Rusia, una pieza que los habitantes de Tres Capones custodian hasta la actualidad.
Con el paso de los años también aparecieron historias y mitos alrededor de ella. Una de las versiones más difundidas sostenía que la campana contenía oro.
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Sin embargo, el padre Pablo corta de cuajo esa creencia "No tiene oro", dice entre risas. Su valor no pasa por lo material sino por la historia y el significado que tiene para la comunidad.
La directora de Turismo y Cultura del municipio, Antonela Pezuk, destaca entre las propuestas conocer el lugar donde comenzó la primera plantación de té misionero, visitar antiguas plantaciones y acercarse al cementerio local, donde las particulares tumbas y cruces también forman parte del patrimonio del pueblo. El recorrido puede completarse simplemente caminando por Tres Capones, disfrutando de su tranquilidad, sus calles cuidadas y el ambiente de un pequeño pueblo que conserva historias de sus primeros pobladores.
Detrás de esas cúpulas plateadas o el cementerio llamativo en medio del centro del pueblo, hay una historia de familias que llegaron desde lejos, de generaciones que conservaron sus costumbres, de personas que aprendieron a construir aquello que habían visto en fotografías y de una comunidad que, más de un siglo después, continúa abriendo las puertas a los visitantes.
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Fuente: Primera Edición
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