Un estudio encontró un fuerte vínculo genético entre la depresión y los trastornos intestinales
Un estudio internacional detectó un fuerte solapamiento genético entre la depresión y distintas enfermedades gastrointestinales, lo que aporta nuevas pistas sobre la relación entre la salud intestinal y la salud mental.

Una investigación científica encontró una importante relación genética entre la depresión y distintas enfermedades gastrointestinales, un hallazgo que aporta nuevas pistas sobre la conexión entre la salud mental y el funcionamiento del aparato digestivo.
El estudio fue realizado por investigadores del Instituto de Investigación Médica QIMR Berghofer de Australia y publicado en la revista Nature Genetics. Para llevarlo adelante, los especialistas analizaron la relación genética entre la depresión y cuatro grupos de enfermedades físicas: cardiovasculares, metabólicas, gastrointestinales e inmunitarias.
Los cuatro grupos presentaron algún grado de conexión genética con la depresión, pero fueron las enfermedades gastrointestinales las que mostraron la asociación más fuerte. Entre las afecciones que concentraron una mayor superposición se encuentran el síndrome de intestino irritable, la enfermedad por reflujo gastroesofágico, la colelitiasis y la úlcera péptica.
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Los investigadores detectaron que los factores genéticos relacionados con estas enfermedades físicas coincidían en una proporción importante con los vinculados a la depresión. El resultado no significa que una enfermedad intestinal provoque depresión, sino que ambas condiciones podrían compartir determinados mecanismos biológicos.
Una de las claves para interpretar este vínculo está en el denominado eje intestino-cerebro, el sistema de comunicación permanente entre el aparato digestivo y el cerebro. Esta conexión se produce a través de señales nerviosas, hormonales e inmunológicas y puede influir en diferentes funciones del organismo, entre ellas el estado de ánimo.
El intestino también concentra una enorme cantidad de microorganismos que cumplen funciones relacionadas con la digestión, la absorción de nutrientes y el funcionamiento del sistema inmunitario. Por ese motivo, en los últimos años la comunidad científica incrementó el interés por estudiar cómo las alteraciones intestinales pueden relacionarse con diferentes aspectos de la salud mental.
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Damian Woodward, autor principal de la investigación y estudiante de doctorado en QIMR Berghofer, explicó que los resultados plantean la necesidad de ampliar la mirada sobre la depresión y no limitar su estudio exclusivamente al cerebro. Según señaló, la relación genética encontrada con las enfermedades gastrointestinales respalda la importancia del eje intestino-cerebro para comprender por qué ambas condiciones pueden presentarse al mismo tiempo.
La investigación también busca aportar respuestas a un problema frecuente: las personas con depresión suelen presentar otras enfermedades físicas. De acuerdo con los investigadores, comprender los mecanismos biológicos que comparten estos trastornos podría ayudar a explicar parte de esa coexistencia.
Eske Derks, director del Laboratorio de Neurogenómica Traslacional de QIMR Berghofer, sostuvo que avanzar en el conocimiento de estas vías biológicas podría abrir nuevas posibilidades para el tratamiento. Entre ellas, los investigadores mencionaron la posibilidad de identificar medicamentos que ya existen y que podrían ser utilizados para actuar sobre algunos de estos mecanismos.
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El estudio representa así una nueva evidencia sobre la compleja relación entre el intestino y el cerebro, aunque sus resultados no permiten establecer una relación directa de causa y efecto. Los autores plantean que todavía son necesarias nuevas investigaciones para determinar exactamente cómo interactúan los factores genéticos y biológicos involucrados.
La depresión es un trastorno del estado de ánimo que puede manifestarse mediante tristeza persistente, pérdida de interés o placer, alteraciones del sueño y del apetito, fatiga, dificultades para concentrarse y sentimientos de culpa o inutilidad, entre otros síntomas. En los casos más graves puede incluir pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio.
Para los científicos, conocer mejor la relación entre la salud intestinal y la salud mental podría contribuir en el futuro a desarrollar abordajes más integrales para personas que presentan ambas condiciones.
Fuente: Tiempo de San Juan
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