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Un lugar poco explorado, con un potencial enorme: la historia de quienes salvaron el reino de las vicuñas en San Juan

En los '90, San Guillermo era el sitio con la mayor población de vicuñas de Argentina. También era un territorio donde los cazadores entraban sin control. Un grupo de conservacionistas decidió cambiar la historia y protagonizó una carrera contrarreloj que terminó con la creación del Parque Nacional.

Por Daiana Kaziura5 min de lectura
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Un lugar poco explorado, con un potencial enorme: la historia de quienes salvaron el reino de las vicuñas en San Juan
Un lugar poco explorado, con un potencial enorme: la historia de quienes salvaron el reino de las vicuñas en San Juan · Foto: Tiempo de San Juan

Había un tiempo en que recorrer San Guillermo era entrar a un paisaje que parecía no tener fin. Las montañas dibujaban un horizonte infinito, las quebradas permanecían intactas y las únicas dueñas del territorio eran las vicuñas, los guanacos, los zorros y los pumas. No había senderos turísticos, ni infraestructura, ni visitantes. Apenas algunos vehículos militares capaces de atravesar aquella inmensidad de la puna sanjuanina. Pero ese paraíso tenía una amenaza. Cada tanto, cazadores furtivos cruzaban desde La Rioja para matar vicuñas y quedarse con una de las fibras naturales más valiosas del mundo. El lugar que concentraba la mayor población de estos camélidos en Argentina corría el riesgo de perder aquello que lo hacía único. Algunos decidieron que eso no podía pasar.

Entre ellos estaba Eduardo Haene, ingeniero agrónomo, naturalista y, por entonces, integrante de la Administración de Parques Nacionales. Casi tres décadas después, todavía recuerda aquellas expediciones como si hubieran ocurrido ayer.

"Cuando fuimos por primera vez, el escenario era fabuloso. Era un territorio completamente silvestre, donde prácticamente no había indicios de presencia humana. La vista era infinita. Montañas, quebradas... y una cantidad de vicuñas que era impresionante", recuerda.

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La relación de Haene con San Juan comenzó incluso antes de pensar en San Guillermo. En 1986 integraba un grupo de voluntarios de la Fundación Vida Silvestre Argentina, encabezado por el reconocido conservacionista Juan Carlos Chébez.Un conflicto por la presencia de pumas en Valle Fértil derivó en una invitación para colaborar con un relevamiento ambiental en la provincia.

Durante tres semanas recorrió caminos de tierra, pasó noches en una casilla rodante y otras tantas en las casas de pobladores. "Fue una experiencia fabulosa", resume en diálogo con Tiempo de San Juan.

Aquella primera visita terminó marcando su carrera. Años más tarde, ya dentro de Parques Nacionales, volvió una y otra vez a San Juan para recorrer sectores poco explorados de Iglesia, Calingasta, Pie de Palo y otras zonas de Caucete, buscando sitios con potencial para incorporarse al sistema de áreas protegidas. Uno de todos esos lugares sobresalía por encima del resto: San Guillermo, el lugar donde las vicuñas eran miles.

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Los relevamientos de la Dirección Nacional de Fauna ya habían confirmado un dato extraordinario: San Guillermo albergaba la mayor población de vicuñas del país y, además, la mayor concentración conjunta de vicuñas y guanacos de Argentina.

Sin embargo, la reserva provincial existente no alcanzaba para garantizar su conservación. Había épocas con presencia de personal y otras de completo abandono. Esa falta de controles era aprovechada por los cazadores furtivos.

"Al principio, las vicuñas veían el vehículo y salían corriendo. Estaban muy asustadas. Había mucha caza por la lana", narra Eduardo. La paradoja era evidente. El lugar con mayor riqueza faunística del país también era uno de los más vulnerables.

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El hombre que fue uno de los padres del Parque Nacional cuenta que cada viaje agregaba una escena imposible de olvidar. "Después de que comenzó el proceso para crear el Parque Nacional volvimos dos veces más y ya era distinto. Las vicuñas dejaron de tenernos miedo", asegura.

Lo que ocurrió después todavía lo emociona. Relata que, "veíamos familias completas de vicuñas, animales pariendo, zorros, pumas cazando... Era un documental en vivo". Hace una pausa. Y enseguida aparece uno de esos recuerdos que nunca se borran. "Una vez vimos un puma que había cazado una vicuña. Llegamos con el vehículo y, en lugar de escapar, subió unos metros por la ladera. Escondió la cabeza, pero dejó todo el cuerpo a la vista. Fue increíble. En Argentina casi nunca se puede observar un puma así, menos de día".

Aquellos viajes también permitieron registrar escenas que hasta entonces casi no existían en fotografías. "Las imágenes que sacábamos nosotros terminaron usándose para hacer los primeros folletos del parque. No había material. Todo era nuevo", sostiene.

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Mientras los naturalistas recorrían San Guillermo, otros trabajaban para convencer a la Provincia y a la Nación de que aquel territorio merecía la máxima categoría de protección.

El sanjuanino Alejandro Flores fue uno de los grandes impulsores de esa gestión política. A su lado, Eleodoro Sánchez sostuvo el desarrollo de la reserva provincial y, poco después, el guardaparque Álvaro Montañez comenzó a instalar la presencia de Parques Nacionales y luego se sumó Alejandro Carrizo, incluso antes de que el área existiera oficialmente.

Pero nada resultó sencillo. Dentro de la propia Administración de Parques Nacionales, tras la salida de Chébez, la creación de nuevos parques dejó de ser una prioridad. "Recuerdo que organizaron uno de los viajes y no me autorizaron la comisión. Quería ir igual, así que me tomé las vacaciones para participar", sostiene Eduardo.

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Cada expedición sumaba censos, fotografías y observaciones que luego se convertían en informes técnicos. Esos documentos fueron fundamentales para demostrar el enorme valor ecológico de San Guillermo y convencer a los organismos responsables de avanzar con el proyecto.

Finalmente, la Provincia cedió la jurisdicción del área y el Congreso Nacional sancionó, el 13 de enero de 1999, la ley que creó el Parque Nacional San Guillermo.

Hoy el Parque Nacional y la Reserva Provincial San Guillermo protegen cerca de un millón de hectáreas en el extremo noroeste sanjuanino, uno de los ambientes de altura más valiosos de Argentina y refugio de miles de vicuñas y guanacos.

Haene nunca volvió después de dejar Parques Nacionales en 2001. Sin embargo, cuando habla de San Guillermo, no recuerda leyes, expedientes ni reuniones. Recuerda un paisaje donde la presencia humana era casi inexistente. Recuerda el silencio de la Cordillera, las tropas interminables de vicuñas cruzando el horizonte y un puma observando desde una ladera mientras protegía su presa. "Fue una experiencia única", reflexiona para finalizar.

Parque Nacional San Guillermo: las impactantes fotos de fauna silvestre que habita el lugar

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Fuente: Tiempo de San Juan

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