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Un mapa de rostros

Un viaje al corazón de São Paulo a través de la mirada y el pincel de Isabelle Ribot. Entre encuestas vecinales, lofts de los años 5...

Por Redaccion Avances9 min de lectura
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Un mapa de rostros
Un mapa de rostros · Foto: La Arena

Un viaje al corazón de São Paulo a través de la mirada y el pincel de Isabelle Ribot. Entre encuestas vecinales, lofts de los años 50 y lienzos monumentales, este perfil explora la vida de la pintora francesa y su vínculo con el artista pampeano Raúl Fernández Olivi.

Alberto J. Acosta *

La avenida, que cuenta con cinco carriles de circulación, tiene tantos árboles -y tan altos- que parece un parque. El sol de la mañana y el clima tropical de São Paulo crean un efecto visual brumoso, como si se estuviera dentro de un invernadero.

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Estamos en 2015; una mujer de cabello corto y ojos claros, punzantes, sonríe mientras entrega a los transeúntes unos cuestionarios: su proyecto artístico consiste en conocer un poco a sus nuevos vecinos del Centro de São Paulo. Desde los años '80, la avenida São Luís y esta parte del Centro la fascinan. Siempre le ha gustado este barrio, tan denostado en las últimas décadas por tantos paulistanos. En 2014 instala allí su taller y decide vivir en el lugar.

Pero también quiere conocer la opinión de quienes, antes que ella, viven o trabajan allí (o ambas cosas).

Así que elabora un cuestionario, lo imprime y lo distribuye personalmente entre sus vecinos. Las veintiocho preguntas buscan recopilar historias, deseos y críticas sobre la avenida.

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El cuestionario está destinado únicamente a quienes tienen alguna relación con la avenida. ¿Vive o trabaja aquí? Si trabaja aquí, ¿dónde vive? Si vive aquí, ¿dónde trabaja? ¿Cómo se desplaza? ¿Qué le gusta de esta avenida? ¿Le gusta pasear por ella? ¿Qué es lo que más le gusta? ¿Qué le gustaría que cambiara?

De los seiscientos cuestionarios que distribuyó Isabelle Ribot, 106 le fueron devueltos en persona o a través de un conserje. En ocasiones, ella misma se acercó a tiendas, bares y restaurantes para recogerlos.

Todos estaban debidamente completados, de puño y letra.

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El 20 % de los vecinos encuestados, por lo tanto, se prestó al juego y se tomó el tiempo de responder.

Estos 106 vecinos cuentan muchas cosas, a menudo muy conmovedoras, que contradicen lo que imaginan quienes no conocen o tienen una idea errónea del centro de São Paulo.

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Durante parte del siglo XX, la avenida había sido la más elegante de São Paulo, pero luego pasó por un proceso de abandono y deterioro -como ocurrió en tantas otras grandes ciudades de América Latina- antes de comenzar a revivir.

Un viejo lustrador de zapatos, sentado en la esquina, frente a su baúl lleno de ceras, tintas y cepillos, observó la escena, y cuando Isabelle se acercó, le expresó su deseo de responder al cuestionario. "Pero yo le daré mis respuestas y usted las anotará, estoy muy ocupado", dijo. Quizás este hombre no sabe leer ni escribir bien, se dice ella. Ella le hace las preguntas, él responde, ella escribe.

Este retrato de la Avenida São Luís es una joya, y la traducción pictórica del análisis de los cuestionarios se convertirá en una obra de 2,20 metros de ancho por 20 metros de largo, pintada con acrílico, tinta china y óleo.

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Hoy, uno de los cuadros más imponentes colgados en una pared del taller es un fragmento (2 m x 2 m) de este lienzo de 20 metros.

Fruto de este trabajo de campo, de esta investigación, este lienzo representa una versión poética del mapa de São Paulo. Está cubierto de inscripciones que, si se miran de cerca, indican los lugares de origen de las personas que, procedentes de otros barrios de la ciudad, vienen todos los días a trabajar a la Avenida São Luís. Todas las flechas conducen al centro de São Paulo, corazón de la ciudad más grande de América Latina y de una de las ciudades más grandes del hemisferio sur.

Contemplándolo, casi se logra escuchar de fondo a Caetano Veloso:

O estado de São Paulo é bonito,

Penso em vocé e eu

Cheio dessa esperanza que Deus deu.

Hablando de Caetano, no muy lejos de ahí se encuentra el cruce de Ipiranga y la avenida São João, el que él inmortalizó en su himno a São Paulo, "Sanpa". En esa esquina, la municipalidad erigió una estatua de bronce que representa a un lustrador de zapatos, como el vecino tan ocupado de Isabelle.

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Isabelle Ribot vive en un departamento de finales de los años 50, convertido en loft, de la avenida São Luís.

Hace 100 años, los grandes terratenientes, barones del café del interior del estado de São Paulo, querían una casa "en la ciudad" y, ya en 1920, habían elegido esta calle para construir allí sus palacetes. La calle se convirtió en una avenida bordeada de casas de estilo europeo. Esta aristocracia naciente disponía en sus mansiones de auténticos salones de baile, donde se organizaban fastuosas fiestas a las que solo se invitaba a personas adineradas.

Luego, en los años 1950/60, los edificios construidos por arquitectos brasileños (Artacho Jurado), franceses (Jacques Pilon) o alemanes (Franz Heep) modificaron el paisaje de la avenida: las casas fueron demolidas y dieron paso a edificios.

La economía había cambiado, y la ciudad también. A una velocidad vertiginosa.

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Isabelle nació en Francia; su padre es normando desde hace varias generaciones y su madre tiene parte de su familia de origen siciliano. Se mudó a Brasil por primera vez en 1986, cuando acababa de cumplir 25 años.

Vive en São Paulo, sin interrupción, desde 2001. Sus cuatro hijos crecieron allí en gran parte. La mudanza de toda la familia no se había llevado a cabo como estaba previsto: su "todavía esposo", brasileño, quería entonces regresar a su país de origen (Brasil), pero finalmente prefirió quedarse en Francia, mientras que Isabelle y sus hijos (y el perro) acababan de instalarse en São Paulo.

Isabelle, nada más llegar, montó su taller, comenzó a participar en exposiciones y abrió unas horas a la semana su taller para impartir clases de arte.

Su sueño de la adolescencia, el de convertirse en escenógrafa, nunca (¿o aún no?) se hizo realidad, pero a fuerza de dibujar y pintar, las artes visuales terminaron por convertirla en una pintora profesional. Sus hijos, ahora ya grandes, se han ido de casa, pero durante mucho tiempo se preguntaron si vivían en una casa con un taller o en un taller con un poco de espacio para vivir.

Las paredes del loft-taller están prácticamente cubiertas de obras en acrílico, que van desde miniaturas hasta cuadros de gran formato. Un detalle curioso: también hay grandes rollos de lienzo que la artista ha pintado y que luego corta según las piezas elegidas por los compradores o coleccionistas. Sobre sus diferentes mesas hay casi tantas tijeras como pinceles.

Aunque la idea de fragmentar una obra que puede medir hasta 30 metros de largo puede dar vértigo por temor a un error fatal, el resultado es una multiplicación de sensaciones visuales: el ojo experto de su creadora, combinado con el deseo de los compradores, sabe dónde realizar ese corte quirúrgico.

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Isabelle adora a su ciudad, aunque la ciudad no siempre le haya correspondido. A veces todavía se pregunta por qué su proyecto de exponer el lienzo de 2,20 m de alto por 20 metros de largo en un lugar público del centro paulista solo provocó indiferencia. Afortunadamente la Galería Luís Maluf (que no está en el centro) se había sumado al proyecto y el lienzo finalmente pudo exponerse aunque fragmentado.

Hoy en día, lo que le entristece -como a tantas otras personas- son los proyectos inmobiliarios que destruyen barrios tan típicos de la ciudad. Una vez más, como diría Caetano: "la fuerza del dinero que yergue y destruye cosas bellas".

Pero su ligazón con su ciudad adoptiva no le ha impedido, gracias a su arte, recorrer buena parte del mundo. Especialmente desde que, tras una exposición en Rumania, se integró al colectivo Ars Latina, que tenía entre sus mentores al pampeano Raúl Fernández Olivi.

Testigo de ese vínculo es el texto de su autoría que se incluye en esta nota.

* Colaborador

Raúl

Conocí a Raúl Fernández en 2005, en Arad, Rumania, donde participé de una Bienal. Yo representaba a Brasil con un panel, una pintura de diez metros de extensión, "Parafernália".

Raúl, escultor, representaba a Argentina.

Allí fue que nos conocimos. Así, simplemente. No me imaginaba que nuestros caminos se cruzarían tantas otras veces. No imaginaba que el era un escultor tan importante. La verdad, no me imaginaba nada.

Simplemente lo encontré.

Por varios motivos, aquella Bienal fue muy importante para mi. Uno de esos motivos fue la invitación para formar parte del Grupo Ars Latina. Raúl asumiría en ese grupo, además de su presencia como artista, un papel importante como curador de Argentina y como uno de los principales organizadores de las numerosas exposiciones que tuvieron lugar a partir de aquel año.

Ars Latina reunía artistas de muchos países de América Latina y también de Europa. Era un grupo grande, lleno de encuentros, exposiciones, viajes, amistades e historias que se fueron cruzando a lo largo de los años. El Grupo actuó mucho en México, pero también en Italia, en sociedad con Terra Dell'Arte.

Participé de casi todas esas exposiciones. Y Raúl estaba por allá, nos veíamos en ese movimiento todo, entre obras, artistas y países. A primera vista, en sus esculturas había como una cosa rústica; mas, luego aparecía una delicadeza y una complejidad muy peculiares.

Supe hace poco que hace doce años, Raúl murió. Fue extraño descubrir eso tanto tiempo después. Es que cuando vivimos lejos unos de los otros, inventamos una especie de continuidad. Imaginamos que cada uno sigue en algún lugar, que nuevas pinturas aparecen en los atelieres, tanto como nuevas esculturas son esculpidas. Y, de repente, descubrimos que para alguien, la vida paró, la producción artística también…

Me gusta la Argentina. Hace trece años viajé mucho por la Cordillera, de Mendoza hacia el norte. Desde entonces, varias veces pensé en volver allá, y esta vez, "descender", conocer la Pampa. Parar en Santa Rosa, visitar a Alberto (otro amigo) y a Raúl. Ir a la Patagonia.

Pero a veces pensamos demasiado, en lugar de hacer. Demoré demasiado.

Ahora querría ir a Santa Rosa para ver las obras de Raúl.

La muerte es extraña. Me gustaría que ella no sea más que un mundo paralelo en el cual sería posible encontrar otras veces a las personas que nos gustan y que -aún sin quererlo- fueron importantes para nosotros.

Isabelle Ribot - São Paulo, 11 de agosto de 2026

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Fuente: La Arena

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