Un pequeño bagre del río San Juan puede tener más de 200 parásitos en el corazón
Un estudio de la UNSJ detectó una infección del 89% en ejemplares del río San Juan y reveló qué características favorecen la acumulación.

Un equipo de investigadores de la UNSJ encontró hasta 205 parásitos en el corazón de un mismo bagre del torrente y descubrió que el tamaño del pez es clave para explicar cuántos alberga. Los Investigadores de la Universidad Nacional de San Juan estudiaron ejemplares de bagre del torrente (Hatcheria macraei) y detectaron que el 89% estaba infectado con larvas de un parásito del género Ascocotyle.
El trabajo fue realizado por investigadores del Área de Biología de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFN) de la UNSJ y constituye el primer registro de un trematodo del género Ascocotyle infectando al bagre del torrente.
Los resultados fueron publicados en la revista científica internacional Ecology of Freshwater Fish. Los autores son los docentes e investigadores de la FCEFN Fabricio Gómez, Agustina Valenzuela, José Villavicencio y Martín M. Montes.
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El bagre del torrente es un habitante de las aguas frías y bien oxigenadas de los ambientes fluviales andinos. Suele encontrarse asociado a fondos arenosos y rocosos y, en San Juan, está presente en distintos sectores de la provincia.
Para realizar el estudio, los investigadores analizaron 365 ejemplares capturados entre 2022 y 2025, en distintas estaciones del año, en el río San Juan, dentro del departamento Calingasta y en el ambiente del Monte Central.
El río San Juan está fuertemente condicionado por la aridez de la región. Su caudal depende principalmente del deshielo y del aporte de agua proveniente de los Andes, condiciones que hacen de este ambiente un escenario particular para estudiar las relaciones entre peces, parásitos y otros organismos.
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De los 365 peces examinados, 325 estaban infectados. Es decir, la prevalencia alcanzó el 89%. Pero hubo otro dato que llamó especialmente la atención: las larvas del parásito, conocidas como metacercarias, aparecieron exclusivamente en una estructura del corazón del pez llamada bulbo arterioso.
La investigación permitió encontrar una de las claves: el tamaño del pez es el principal predictor de la cantidad de parásitos que puede acumular. En términos generales, cuanto mayor es la longitud del bagre, mayor tiende a ser la cantidad de Ascocotyle sp. que alberga. Los ejemplares más pequeños, en cambio, presentaron cargas parasitarias bajas o incluso no tenían parásitos.
Además, los investigadores detectaron una interacción significativa entre la longitud y el sexo: las hembras de mayor tamaño tendieron a acumular más parásitos que los machos de dimensiones similares. Esa diferencia se hizo todavía más marcada entre los ejemplares más grandes.
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Los autores consideran que este comportamiento podría estar relacionado con características fisiológicas y comportamentales vinculadas con la reproducción. Sin embargo, aclaran que se trata de una posible explicación y que serán necesarios nuevos estudios para comprobarla. Entre las variables que podrían analizarse en el futuro aparecen el estado reproductivo, la condición corporal y distintos aspectos de la respuesta inmune de los peces.
Por otra parte, la época del año también fue analizada, aunque tuvo una influencia más acotada sobre la cantidad de parásitos. Después de tener en cuenta el tamaño y el sexo de los peces, los investigadores observaron que durante el otoño la abundancia de parásitos fue aproximadamente un 24% menor que durante el invierno. En las demás estaciones no encontraron diferencias significativas.
El hallazgo no se limita a conocer mejor a un pequeño habitante de los ríos sanjuaninos. Algunas especies de parásitos del género Ascocotyle tienen importancia sanitaria a nivel mundial, ya que pueden infectar a las personas mediante el consumo de pescado crudo o mal cocido.
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Por eso, conocer cómo aparece este parásito, dónde se aloja y qué factores favorecen su presencia también aporta información para comprender mejor sus ciclos de vida y las relaciones que mantiene con otros organismos.
Los parásitos, además, son parte de los ecosistemas. En el caso de Ascocotyle, su ciclo de vida involucra distintos hospedadores, por lo que su presencia está relacionada con las interacciones que ocurren dentro de las redes alimentarias de los ambientes acuáticos.
El estudio de la UNSJ aporta información novedosa sobre las relaciones entre hospedadores y parásitos en ecosistemas fluviales áridos de los Andes, un campo en el que todavía existen importantes vacíos de información. Saber qué organismos parasitan a los peces de los ríos sanjuaninos y cómo cambia esa relación permite conocer mejor la biodiversidad local y entender cómo funcionan estos ambientes.
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A partir de los resultados, también quedan nuevas preguntas abiertas. Entre ellas, los investigadores buscarán profundizar en el ciclo de vida del parásito, conocer qué factores ambientales intervienen en su transmisión y determinar de qué manera las características fisiológicas y reproductivas del bagre pueden influir en la infección.
*Con información de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNSJ
Fuente: Tiempo de San Juan
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